ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«A mí no me corresponde esa tarea», «no lo hago porque no está entre mis funciones de trabajo», «a mí no me pagan por eso», son expresiones que escucho en ocasiones, y las palabras se adentran en mi interior para provocarme tristeza, circulan por las mareas del cuerpo, y diversas preguntas rebotan en mi mente, a un lado y a otro, al frente y atrás.

¿Acaso es necesaria una exigencia oral o escrita para hacer lo correcto? ¿Debemos encerrar nuestras labores en un cuadrado imaginario o ser lo más útil posible en todo momento?

¿Cuáles son nuestras responsabilidades como profesionales, obreros, estudiantes…, pero sobre todo como revolucionarios, como personas amantes de su nación e impulsores del progreso?

¿Qué logramos con decir «eso no me toca», y estar con los brazos cruzados, cuando tenemos la fuerza y la capacidad para seguir aportando a favor del colectivo y de Cuba, una nación con una importancia y un simbolismo mucho más grande que su extensión física?

La complejidad de los tiempos actuales exige mucha responsabilidad, inteligencia y voluntad de todos, como un equipo enorme de más de 11 millones de personas, capaces de conseguir cualquier meta.

Los deseos de avanzar son demasiado numerosos como para preferir la pasividad, el caminar con los ojos cerrados, el preferir el silencio antes que señalar un problema o el quedarse sentado ante cualquier necesidad o posibilidad de hacer algo favorable.

Esas no son alternativas para quienes en verdad queremos un país más próspero y podemos lograrlo, lo cual depende, en mayor parte, de nosotros mismos, de nuestra capacidad para construir, eliminar dificultades y seguir conquistando sueños.

La conciencia y la voluntad para ser protagonistas en todo momento, verdaderos seguidores del legado de Fidel y otros grandes de la historia, son fundamentales, con apego al concento de Revolución, expresado el 1ro. de mayo del año 2000 por el amigo, vestido con uniforme verdeolivo, y firmado por millones en este caimán de triunfos y anhelos.

Quienes guían los grupos, no importa el tamaño, tienen mucha responsabilidad. No basta con hablar bonito y llenar papeles de buenas ideas. Ellos deben constituir ejemplos de entrega, dedicación y voluntad a favor de todos, sin importar los horarios y aprovechando al máximo las potencialidades de cada trabajador, para lo cual es indispensable conocerlos bien, motivarlos, reconocer sus éxitos, mantener la exigencia y señalar los errores con fuerza, pero en especial indicar cuáles son las mejores maneras de realizar cada actividad.

Sería muy bueno que cada jefe sea un líder, alguien en quien los demás confíen, al cual respeten y quieran como un amigo, capaz de buscar y encontrar las soluciones más acertadas, preocuparse por ellos, abrazarlos o criticarlos según corresponda y jamás decir «es imposible» ante una tarea.

Ojalá cada cubano, cada ser humano, hiciera todo lo mejor posible, sin necesidad de «mano dura de otros», no por controles (aunque siempre serán favorables) ni por visitas de superiores.

Así tal vez eliminemos las «carreras de velocidad» para lograr en pocos días lo que era posible hacer antes con mucha más calidad y cultura del detalle, como refieren Federico Hernández Hernández, miembro del Comité Central del Partido y primer secretario en Granma, y Manuel Santiago Sobrino, presidente de la Asamblea del Poder Popular en ese oriental territorio, quienes, junto a otros directivos y el pueblo, tratan de alcanzar más éxitos y un desarrollo sostenible e integral, según las potencialidades de la provincia.

Comprendamos que la meta más luminosa es la superación infinita en todos los aspectos, más allá del cumplimiento de planes productivos o de realizar lo planificado para cada jornada laboral.

Uno debe ser lo mejor posible como trabajador y ser humano, sin comparaciones con otros, porque lo más importante es hacer y aportar lo más posible, según los máximos de energía y capacidades. Así cada uno será una especie de motor pequeño, parte de ese grande, que es Cuba, para continuar impulsando el progreso, con fidelidad a las esencias y de manera consecuente con el futuro deseado para nosotros, nuestros hijos y nietos.

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Bárbara López Rodríguez dijo:

6

19 de mayo de 2017

14:01:50


Yasel usted como joven que se ha formado en esta sociedad sabe que la responsabilidad, no nace se forma,ya sea en la escuela, en el hogar y hasta en el propio centro laboral donde se controle, se sea ejemplo de actuación exista sentido de pertenencia por lo que se hace, ese es el motor que impulsa el trabajo de nuestra sociedad

Kmilo dijo:

7

19 de mayo de 2017

16:40:21


Yasel, yo creo en la responsabilidad individual y el trabajo mancomunado, pero, cada una tiene funciones y tareas que debe cumplir y desgraciadamente, muchas veces se te recuestan o te ponen a hacer algo que no está dentro de tu trabajo específico. Nada hermano, el éxito está en que cada miembro del grupo o colectivo tenga una meta que obligatoriamente tribute a una meta común. No hay otra. Ahí está implicada la responsabilidad de cada cual y lo que te lleva a eso: la participación en el proceso. La meta grupal tiene que ser un beneficio para cada uno de los miembros. No funciona de otra. Abrazo.

Orestes Oviedo dijo:

8

19 de mayo de 2017

17:00:18


La responsabilidad individual para hacer lo correcto e, pero también debe existir la exigencia de los Jefe para que se haga lo correcto. Es imposible tener responsabilidad individual cuando el jefe no la exige y la hace realidad con su ejemplo. El Comandante Ernesto Che Guevara en articulo Discusión colectiva; decisión y responsabilidades únicas, revista Trabajo, segunda quincena de julio de 1961 expreso: El director de una empresa o fábrica será inmejorable cuando conjugue en sí el interés por el desarrollo de la clase obrera y del país en general y el triunfo particular en su centro de trabajo (…) sepa elevarse a tanta altura administrativa que le permita abarcar en su conjunto la producción y bajar al trato personal y directo con las masas; sepa mandar objetivamente por sus conocimientos pero también hacerse seguir por su ejemplo. saludos cordiales

Carlos dijo:

9

20 de mayo de 2017

10:58:53


La responsabilidad individual tiene que comenzar por los jefes, quienes también deben exigir, como se dice en el trabajo

Blanca Nieves mora dijo:

10

20 de mayo de 2017

13:37:03


«A mí no me corresponde esa tarea», «no lo hago porque no está entre mis funciones de trabajo», «a mí no me pagan por eso», son expresiones que escucho en ocasiones, y las palabras se adentran en mi interior para provocarme tristeza, circulan por las mareas del cuerpo, y diversas preguntas rebotan en mi mente, a un lado y a otro, al frente y atrás. ¿Acaso es necesaria una exigencia oral o escrita para hacer lo correcto? ¿Debemos encerrar nuestras labores en un cuadrado imaginario o ser lo más útil posible en todo momento? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades como profesionales, obreros, estudiantes…, pero sobre todo como revolucionarios, como personas amantes de su nación e impulsores del progreso? ¿Qué logramos con decir «eso no me toca», y estar con los brazos cruzados, cuando tenemos la fuerza y la capacidad para seguir aportando a favor del colectivo y de Cuba, una nación con una importancia y un simbolismo mucho más grande que su extensión física? La complejidad de los tiempos actuales exige mucha responsabilidad, inteligencia y voluntad de todos, como un equipo enorme de más de 11 millones de personas, capaces de conseguir cualquier meta. Los deseos de avanzar son demasiado numerosos como para preferir la pasividad, el caminar con los ojos cerrados, el preferir el silencio antes que señalar un problema o el quedarse sentado ante cualquier necesidad o posibilidad de hacer algo favorable. Esas no son alternativas para quienes en verdad queremos un país más próspero y podemos lograrlo, lo cual depende, en mayor parte, de nosotros mismos, de nuestra capacidad para construir, eliminar dificultades y seguir conquistando sueños. La conciencia y la voluntad para ser protagonistas en todo momento, verdaderos seguidores del legado de Fidel y otros grandes de la historia, son fundamentales, con apego al concento de Revolución, expresado el 1ro. de mayo del año 2000 por el amigo, vestido con uniforme verdeolivo, y firmado por millones en este caimán de triunfos y anhelos. Quienes guían los grupos, no importa el tamaño, tienen mucha responsabilidad. No basta con hablar bonito y llenar papeles de buenas ideas. Ellos deben constituir ejemplos de entrega, dedicación y voluntad a favor de todos, sin importar los horarios y aprovechando al máximo las potencialidades de cada trabajador, para lo cual es indispensable conocerlos bien, motivarlos, reconocer sus éxitos, mantener la exigencia y señalar los errores con fuerza, pero en especial indicar cuáles son las mejores maneras de realizar cada actividad. Sería muy bueno que cada jefe sea un líder, alguien en quien los demás confíen, al cual respeten y quieran como un amigo, capaz de buscar y encontrar las soluciones más acertadas, preocuparse por ellos, abrazarlos o criticarlos según corresponda y jamás decir «es imposible» ante una tarea. Ojalá cada cubano, cada ser humano, hiciera todo lo mejor posible, sin necesidad de «mano dura de otros», no por controles (aunque siempre serán favorables) ni por visitas de superiores. Así tal vez eliminemos las «carreras de velocidad» para lograr en pocos días lo que era posible hacer antes con mucha más calidad y cultura del detalle, como refieren Federico Hernández Hernández, miembro del Comité Central del Partido y primer secretario en Granma, y Manuel Santiago Sobrino, presidente de la Asamblea del Poder Popular en ese oriental territorio, quienes, junto a otros directivos y el pueblo, tratan de alcanzar más éxitos y un desarrollo sostenible e integral, según las potencialidades de la provincia. Comprendamos que la meta más luminosa es la superación infinita en todos los aspectos, más allá del cumplimiento de planes productivos o de realizar lo planificado para cada jornada laboral. Uno debe ser lo mejor posible como trabajador y ser humano, sin comparaciones con otros, porque lo más importante es hacer y aportar lo más posible, según los máximos de energía y capacidades. Así cada uno será una especie de motor pequeño, parte de ese grande, que es Cuba, para continuar impulsando el progreso, con fidelidad a las esencias y de manera consecuente con el futuro deseado para nosotros, nuestros hijos y nietos.