Soy madre hace exactamente 14 meses. Y periodista también con título. Pero entre tantas cosas, llevo estas dos profesiones al unísono, sin quejas, disfrutando ambas.
Si bien no sería el perfecto lead en ninguna información, mi bicharraquita espolea a diario mis pensamientos y logro cualquier combinación en el ajetreo de una madre periodista; que pudiera ser también el de una doctora, maestra, ingeniera, abogada, chofer o policía.
Que si a levantarse tempranito, muy sigilosa, para no despertar a los demás, preparar leche, llevar a Isabella al círculo, esperar una guagua o rezar por una «botella». Caminar aprisa hasta el trabajo, redactar titulares, tratar cables, publicar fotos y leer comentarios, porque en esto del periodismo es muy importante saber lo que piensa el público.
¿Cómo le irá a mi bicharraquita? Tengo una hora para el almuerzo, llamo a la seño y pregunto por ella, aunque ya me dijo que no era necesario que lo hiciera. «Lo siento, lo iré perdiendo», respondo. Eso también escucho de otras madres, al principio cuesta un poco más separarse de los bichos.
Vuelvo entonces a la redacción. Actualizo la página web, reviso las redes sociales, atenta a las informaciones de último minuto y de vez en vez, con el rabillo del ojo, veo que alguien da «me gusta» a una foto que una amiga puso de Isabella en su perfil de Facebook.
Cuando llegué en la mañana parecía quedarme mucho tiempo para salir a buscarla al círculo, pero ya son las 4:30 p.m. y voy como una flecha. ¡Mamaaaaá!, la oigo exclamar, y ese es uno de los momentos en que el pecho se hincha de alegría como si nada más tuviera ese poder sobre mí. De la mano vamos una cuadra, o tres pasos más, aún le cuesta caminar.
Ya en casa pone todo patas arriba: en una olla que saca de la cocina echa a Piolín, tira los palitos de tender por el balcón o lleva en sus pequeños pies cualesquiera de mis zapatos.
En algún momento, pienso, me pareció ver a un conocido, amigo o colega, que con la prisa y sin querer, no saludé. Fue esta otra jornada apurada donde cambié los coquitos de Teté, en la esquina, por unos minutos más temprano con la bicha; y ahora, intento lograr estas líneas mientras le doy la comida.
Escribir lo podría hacer más tarde, cuando se duerma, pero después está también fregar pomos, bañarme, comer, limpiar sus tenis para mañana y devolver la llamada perdida en el celular.
No rehúyo de mis responsabilidades, intento armonizar lo mejor posible el ser madre con lo de trabajadora, con la cotidianidad responsable de que se rompan la inercia y los miedos que sentí, cuando estaba a punto de volver al trabajo y dejar a mi bicharraca, tan chiquita e inocente, lejos de su mami.
Mañana volveré a otra de mis cabalgatas por este maravilloso pero empedrado camino, con ese jinete que prefiero espoleando mis pensamientos, envuelta en letras y tinta, adorando también ser periodista.


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PP dijo:
21
28 de septiembre de 2016
08:47:36
yaneya dijo:
22
29 de septiembre de 2016
11:56:57
Jorge dijo:
23
4 de octubre de 2016
23:55:04
olivia dijo:
24
5 de octubre de 2016
16:36:17
yaimet zaldivar lopez dijo:
25
6 de octubre de 2016
13:00:26
Naiara dijo:
26
7 de octubre de 2016
14:05:43
MARBELIS RAMÍREZ CÉSPEDES dijo:
27
8 de octubre de 2016
12:21:15
saily dijo:
28
14 de octubre de 2016
13:01:39
cl2che dijo:
29
16 de octubre de 2016
20:20:06
Lya dijo:
30
17 de octubre de 2016
11:36:30
yo dijo:
31
17 de octubre de 2016
12:51:14
Yangel dijo:
32
19 de octubre de 2016
15:23:06
Yangel dijo:
33
19 de octubre de 2016
15:30:58
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