Confieso que la mayoría de los piropos o elogios que he recibido son por considerarme buena gente, pocos por lindo, y mis compañeras de aula en la Universidad me auguraron: “la historia difícilmente cambiaría”.
Quizá los ejercicios en la tarde me formen mejores músculos, y quién sabe lo que pase, pero tampoco tengo mucha voluntad para realizar planchas y cuclillas.
Sin embargo, los digo con frecuencia a la novia, vecinas, amigas y colegas. Los resultados casi siempre son positivos, noto su alegría, dicen “gracias” y, seguro, se sienten tan bellas como son.
Tal vez por eso, lamento que algunos mencionen expresiones desagradables, causantes de muecas y molestias.
Exaltar la belleza de una mujer, hacerlo cara a cara, casi en un susurro, o decírselo con los ojos, nunca será pecado y, en verdad, a veces es difícil contenerse, pues hay cubanas tan monumentales que merecen ser declaradas patrimonio de la nación.
¿Quién no suspira cuando ve a una chica elegante, a un verdadero “mango”, que motiva frases “nerudianas” entre los poetas aficionados de nuestras calles y centros laborales?
¿Quién no se siente capaz de escribir versos cuando ve a “Ojos Verdes”, de tercer año, a “La Rosita”, de la oficina de al lado o a esa mujer mayor tan cautivadora que camina por la acera?
Antes, las metáforas elogiosas solían relacionarse con el perfume de las flores, la dulzura de la miel… y con piedras preciosas de donde viene en verdad el término piropo, que es un rubí de color rojo fuego.
Los poetas españoles Pedro Calderón de la Barca y Francisco Gómez de Quevedo y Villegas lo usaron como sinónimo de palabras “bonitas” y con ese significado pasó al diccionario.
Hoy realizamos analogías con componentes tecnológicos, automotores y de otros tipos, como: “¿Te llamas Google?, porque tienes todo lo que busco”.
Un buen piropo motiva, entusiasma, levanta el ánimo, jóvenes y adultos los agradecen, porque les demuestra que llaman la atención y atraen miradas.
Hay frases pícaras, ingeniosas, originales, que sintetizan sentimientos y celebran la amistad. Existe el falso concepto de que solo las mujeres merecen piropos, y muchas temen alabar a hombres que les impresionan, porque consideran que es inapropiado. No comprenden que reconocer lo positivo de otros jamás será incorrecto.
Los halagos no tienen que tener palabras rebuscadas para ser agradables, pues son un reflejo de la personalidad de cada cual, aunque haya por ahí quien los aprenda de memoria.
Debemos elogiar siempre que lo consideremos apropiado, pero con mesura, respeto y educación. Quizá con una simple frase alegremos el día de alguien y le hagamos sentir especial. ¿Quién sabe? Tal vez, hasta sea la llave para conquistar el corazón de la persona ideal. (ACN)




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Giselpm dijo:
21
1 de septiembre de 2016
16:57:58
francisco Respondió:
8 de septiembre de 2016
10:34:02
yaylin dijo:
22
1 de septiembre de 2016
20:32:04
maximo.lopez dijo:
23
6 de septiembre de 2016
08:42:35
Dayana dijo:
24
6 de septiembre de 2016
16:45:01
dayana dijo:
25
7 de septiembre de 2016
13:14:36
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