Un efecto deplorable provocó hace algún tiempo un trabajo en estas páginas a causa de un mensaje que a lo largo y ancho de la cabina de un ómnibus lucía su tristísimo alarde. “El criminal”, escrito en mayúsculas, y bien grande, como para que nadie lo dejara de leer era, más que un mote de su autor, un insulto a los pasajeros, aun cuando para muchos se haya hecho normal la adjudicación de ciertos alias que provocan una verdadera vergüenza.

Hoy la historia es otra. Dos veces tuve que leer el cartel, industrialmente elaborado y con buen gusto, que un P12 ostentaba por estos días en el mismo sitio de aquel otro ómnibus. Dos veces, porque la rareza del contexto y la sarta de buenas interrogantes que aún me hago me dejaron perpleja. POR FAVOR, LEA POESÍA, apuntaba, y el sobresalto se convierte hoy en este comentario.
Con una mezcla de alegría, esperanza y satisfacción “desmonté” el mensaje y le saqué todo el jugo posible a sus supuestos objetivos. Dentro de su brevedad (apenas cuatro palabras), el “por favor”, que nada impone, pero que entraña una petición del modo más humilde posible, daba entrada a un imperativo con tratamiento de usted, que invitaba a uno de los actos más sublimes a los que se puede convocar.
¿Quién lo habrá puesto ahí? ¿A quién se le habrá ocurrido hacer un llamado de atención de este tipo para colocarlo en este sitio? ¿Con cuáles de sus bálsamos se habrá salpicado el autor para ofrecer como un regalo tal solicitud? Sí, porque no creo que al azar alguien haga esa recomendación, ni que pueda decirla quien no haya sucumbido a esos mundos que solo son posibles cuando la poesía le ha hecho dentro de sí su bendito estrago.
Ese “lea poesía” sonaba tan solícito, tan respetuoso de los pasajeros, tan increíble en una época en la que para tantos la poesía es cursilería, o cosa de débiles o romanticones… Pero era real, estaba allí, miré dos veces, ¡era cierto!
Sé que habrá quienes crean que no es para tanto, y que se pregunten qué tanto puede generar un mensaje como este, aun cuando se encuentre así, al alcance de la vista de los pasajeros de una guagua… Pero, por suerte, una buena parte de la gente estará de mi lado, y se sumarán a mi asombro por la ganga a granel, por la convocatoria al contagio con esa dama intangible que está en todas partes y adopta disímiles formas, porque no está hecha solo de palabras.
Entre los que crean que es una fanfarria estarán quienes aún no saben de sus dominios, de cuánto puede sanar, henchir, exaltar o enmendar un toque de poesía. Entre ellos se contarán sin dudas los que se tardan en descubrir el bálsamo que ella es, las fuerzas que puede congregar, la altura que nos permite alcanzar cuando su sombra se nos hace necesaria.
Del otro lado, los habrá que sepan del porqué de mi pasmo, al dar fe de que el mensaje de marras no es un decreto más, sino una encomienda que no está de moda en estos tiempos, y que hasta podría causar burla. Estos, los que consumen poesía como nutrimento del carácter, sabrán que ella es consuelo en el desánimo más que —aunque también— convoy en la dicha.
Sabrán de cómo se puede entrar con los pies propios en ese tejido del idioma que escribió un poeta. Cómo tu más honda experiencia encarna sus formas cuando el decir del otro toca con el suyo tu mismo ser, y lees en palabras ajenas lo que sucede, ahora mismo, allá adentro.
Más que esa complicidad posible entre el poema y su lector, esa que crea indisolubles hábitos, la poesía es capaz de recónditos bríos y se da a las causas nobles con natural soltura. No hay trozo de la historia de un pueblo que no tenga su poeta. Cantor de la verdad y la esperanza, se le hace urgente ser Quijote y empuña sus armas para poner en versos la voz de sus hijos.
Ignorada por unos e imprescindible para otros, el mundo “azul” en que vivimos, plagado de miserias y fealdades, urge de esas lecturas de poesía que sacan de quienes las buscan lo mejor de sí, y pulen el alma de acritudes que carcomen hondo. Ojalá en la ciudad llovieran carteles como este, cuyo efecto estremecedor provocó estas líneas y —estoy segura— surtirá su embrujo en algunos de sus pasajeros cada vez que ese P12 inicie su itinerario.


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Tinta dijo:
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4 de junio de 2016
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Dione dijo:
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5 de junio de 2016
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qbaneando.cubava.cu dijo:
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7 de junio de 2016
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45
7 de junio de 2016
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guillermo dijo:
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Alejandro Respondió:
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José Barba dijo:
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29 de enero de 2022
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