ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En octubre de este año Los Simpson se trasladarán a Cuba, como parte de la vigésimo séptima temporada de una de las series de animación para adultos más antiguas de la televisión norteamericana.

Según adelantó su principal productor ejecutivo, Al Jean, el cabeza de familia, Homero, llevará a su padre Abe a la Isla a ver si los médicos cubanos curan los males del veterano de la Segunda Guerra Mundial. Junto a ellos estarán, obviamente, la esposa de Homero, la inefable Marge, y los vástagos de la pareja: el travieso Bart, la egocéntrica Lisa y la agresiva Maggie, una bebé eternizada que apenas habla pero es capaz de portar armas de fuego.

Los Simpson, aún en el plano virtual de los muñequitos, no se podían quedar atrás. Si Obama viajó a La Habana, por qué no iban a hacerlo ellos. Si Los Rolling Stones, el grupo musical favorito de Homero, dieron un concierto para los cubanos, cómo perder la oportunidad de estar en la cresta de la ola.

Cuba, para Jean y el equipo de producción, es una moda.

Con esto último no adelanto juicio de valor alguno, más bien describo actitudes e intereses. Hay quienes no quieren quedarse fuera y planean filmaciones, conciertos, exposiciones, porque intuyen que una estancia en Cuba es redituable para los circuitos de las industrias culturales donde realizan su mercancía. Hay quienes, simplemente, vienen a curiosear. Otros, con distinta vocación, se acercan sinceramente a tender puentes o tratar de comprender una realidad que les había estado vedada —ojo, que todavía, hasta que el bloqueo no se levante, el norteamericano común no podrá viajar libremente a Cuba, en calidad de turista—.

Sin embargo, no se puede tener mala memoria. Homero Simpson ya estuvo en La Habana en el capítulo titulado en español Misión deducible y originalmente The Trouble With Tri­llions, transmitido en 1998 en la novena temporada de la serie.

Resulta que Homero es requerido por el fisco por falsear la declaración de impuestos. Para evitar la cárcel, accede a espiar a otro defraudador, el señor Burns, anciano propietario de la central nuclear de Springfield, que posee un billete de un trillón de dólares robado al gobierno. En medio de una trama rocambolesca, Homero, Burns y su asistente Smithers se fugan en un avión y llegan a Cuba, donde se supone que haya una crisis irreversible del sistema político y el Presidente ve en el billete una tabla de salvación, por lo que despoja a Burns del dinero.

Fue aquel no solo un chiste de pésimo gusto, sino una afrenta a la dignidad de los cubanos y a la ética que ha hecho respetable, tanto entre nosotros como en la mayor parte del mundo, incluso entre adversarios, a la dirección histórica de la Re­vo­lución.

Los cubanos derrochamos humor. Al mal tiempo solemos poner buena cara. Somos alérgicos a la solemnidad impostada y de buen grado nos reímos de las cosas más tremendas. Pero el humor no puede implicar la calumnia, ni el descrédito ni la mentira.

Si Homero y su familia de seres amarillos quiere pasear por La Habana y, como insinuó Al Jean, bañarse en Varadero, que lo hagan sin ofensas. Somos como somos y no como algunos quieren que seamos.

Alguien dirá: pero si son muñequitos, personajes de comedia que no pueden ser tomados en serio, no hay que coger lucha con eso. Fíjate que se metieron con Reagan y Bush, con Clinton y Obama.
Yo sí cojo lucha y no olvido.

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Guillermo dijo:

26

25 de mayo de 2016

16:26:16


Pedro, 100 % de acuerdo, y como somos cubanos en ese por ciento, nos sabemos capaces de contar un chiste en medio de una funeraria, aunque nos duela la muerte del fallecido, de manera que no es el cuento ni el animado lo importante. También sabemos que detrás de artículos insulsos, burdos chistes, comedias baratas y de nobles ingenuos, se esconden, en no pocas ocasiones, las dobles intenciones, muchas veces malsanas, de los enemigos de Cuba y hasta de traidores de adentro. Por eso hay que seguir recordando al Che: del imperialismo no hay que confiar “ni un tantito así”.

Pedro Hernández Soto dijo:

27

26 de mayo de 2016

07:42:09


Tocayo: Es algo más que digno denunciar el verdadero trasfondo de la presencia en Cuba en muy poco tiempo -tal cual una invasión, un golpe contundente, una demostración de modernidad- de las más afamadas muestras del capitalismo. Desde la visita del presidente del Imperio (no el de la novela, el de verdad), con todo el símbolo de su auto apodado la Bestia Negra, pasando por la buena música y llegando hasta productos mediáticos muestras de lo mas banal, frívolo y simplón que puede existir pero atrayente para muchos jóvenes y otras capas de la población en todas partes del mundo.

ava dijo:

28

3 de octubre de 2016

13:52:43


No me engancho con eso ... pero como buen cubano estoy de acuerdo con el periodista: "También sí cojo lucha y no olvido"..... Además A lo echo pecho pero que no crean que los cubanos somos s agua con azúcar okey... somos azúcar cuando nosotros mismos.. "LOS CUBANOS".. QUEREMOS ser AZUCARRRRRRRR..