ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Ella tiene 71 años y mucha fe. Necesitó el optimismo desde bien temprano, cuando la vida le quitó a los 11 años a su madre y le dejó por herencia cinco hermanos menores para criar, entre ellos una de escasos meses. Crió más de los que parió, por varias generaciones. Es muy ducha en las cuentas y da todo lo que tiene sin esperar nada a cambio. Cree que nació para hacer felices a los demás. Se le fue la niñez, y casi toda su vida, en tener que pensar en otros, renunciando a muchos sueños y sin conocer lo que dicen es la adolescencia. Pasó de cuajo de niña a adulta. Se llama Gladys y deberían decirle Fuerza. Yo creo que mejor, Amor.

Él le lleva un año y desde chico le tocó el trabajo fuerte en el campo. Tenía que ayudar, a fin de cuentas era el más espigado de los varones de una larga lista de hermanos maternos. Cabrera de apellido biológico, pero Guerra por registro. Los tiempos difíciles lo obligaron a crearse su propia armazón. No conoce la vida sin trabajar, aun de jubilado.

Se le puede encontrar siempre haciendo algo. Sembrando fe un día tras otro. Y nunca le falta tiempo para lanzar una jarana espontánea. Esconde la nobleza de un niño detrás de un carácter fuerte. Nadie le conoce por Jacinto, sino por Misael. Aunque definitivamente deberían llamarle Incan­sable.

Ambos esperan junto a sus cuatro hijos biológicos, con la vista clavada en lo lejos, que llegue el día de este año en que puedan volver a abrazar a Yovy, su hijo de crianza. Ojalá.

Ana Aurora es su nombre, pero ¿quién la llama así a estas alturas? Pucha es para todos en la familia, la primera madre.

Conoció igual la orfandad cuando ningún niño la espera y cuando más se necesita una madre. Tuvo que trabajar en casa de una señorita de alta sociedad donde los maltratos le quitaban con desparpajo las ganas de reír. Pero la dureza de sus tiempos ni los vientos más huracanados pudieron apagarle jamás el amor que desborda en la mirada ni la dulzura de unas manos gastadas por el trabajo. También crió a muchos más de los que trajo al mundo. Tiene 79 diciembres y deberían decirle Devoción.

Él podría llamarse de varias maneras, después de todo a los 91 uno ha sembrado su propio camino y cosechado mucho de la vida. Educa con el ejemplo. Jamás irascible. Un hombre que tampoco se las vio fáciles en esta vida y buscó consuelo haciendo cuanto trabajo honrado le permitiera ayudar. Fundador del Partido, combatiente de la lucha clandestina y de la Limpia del Escambray espirituano. Movilizado por Girón, por el bien mayor, casi se pierde el nacimiento de su primogénito aquel —histórico para Cuba— 15 de abril de 1961. Pastor trabaja y monta a caballo aún con más de nueve décadas en su andar. Le sobra cariño para ofrecer y también esperanza. Nunca se queja de nada. Además, educadísimo.

La nobleza es otro gran don suyo. Podría tener varios nombres, es cierto, pero el que mejor le sienta es Coraje.

A Pucha y Pastor la vida les quitó un hijo y aun así, como diría el poeta, no se cansan de decir “te quiero”.

En común, Coraje, Devoción, Incansable y Amor tienen la cualidad congénita de inspirar un cariño mayúsculo y el orgullo más grande que se puede percibir de alguien, al hablar de sus abuelos. Porque son mis abuelos de esos para quienes quisieras, y pedirías a gritos, que el tiempo fuera eterno.

Hace un puñado de días, coincidieron varios achaques de algunos y una estuvo hospitalizada. Entonces me sentí vulnerable, desprotegida. Se me agolparon en el pecho las ganas de llorar y se encontraron muchos recuerdos en mi cabeza. Y de repente la tristeza se trastocó en sonrisas, luego en felicidad desbordada, porque me puse a pensar en qué dicha la mía de tenerlos vivos a los cuatro. De poder apaciguar la nostalgia y burlar la distancia física al golpe de un telefonazo nacional.

Sentí también dolor por los que han perdido algún abuelo o ya no les queda ninguno. Me sobrecogí al pensar que mi hija, a sus dos añitos, no los tiene vivos a todos, y a una solo ha podido conocerla por fotos y teléfono, pues un océano, literalmente, las separa.

Experimenté nostalgia por quienes tienen un abuelo lejos en la geografía y, al mismo tiempo, muy cerca en su corazón.

Pero sobre todo saboreé vergüenza ajena por quienes los tienen a su lado y, a la vez, tan distantes, porque el maltrato o la indiferencia han alzado muros frente a ellos. Recordé así por qué Gandhi decía que “es más fácil atravesar el mar que se extiende entre los continentes que salvar el abismo que se abre entre individuos y entre pueblos”.

Y en ese ir y venir del yo al tú, al ella y al nosotros, acaricié una esencia: la certeza de que en cuidar a nuestros abuelos va la grandeza de una familia y de una nación. Dicen que ellos quieren más a sus nietos que a sus hijos. No lo sé, pero tengo la certidumbre de que debemos quererlos, cuando menos, doble. Y sembrar todo el amor que quepa en cada línea de la vida, esperando que esta nos recompense algún día con el privilegio de convertirnos en abuelos.

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Anar dijo:

6

11 de marzo de 2016

12:14:03


HERMOSO

Amanda dijo:

7

11 de marzo de 2016

12:51:01


Precioso escrito, me emocioné mucho al leerlo. Esto es lo que nos toca trasmitirle a nuestros hijos.

La Remediana dijo:

8

11 de marzo de 2016

13:46:24


Sheyla, aunque mi publicación fue posterior a tu comentario, creo que no debes dar gracias, sigue escribiendo así, para saber que las personas sensibles y con ciertos valores no estamos solas. Mucho más cuando somos jóvenes, que parece que esos valores no están muy de moda, así que adelante.

Sheyla DG di Silvestrelli dijo:

9

11 de marzo de 2016

14:08:51


La Remediana, Amanda y Anar, a ustedes también el agradecimiento. Es imposible no hacerlo después de su deferencia. De corazón, gracias.

Manolo dijo:

10

11 de marzo de 2016

14:34:11


Muy bien por Sheila pero... que paso esta semana con Jesús Jank?