ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La señora en el camión repetía “la juventud está perdida”. El hombre a su lado la apoyaba. Y otros pasajeros se sumaron con ejemplos de “lo malo” de quienes hemos vivido menos almanaques.

Mi amiga me tomó por el brazo, y me llevó hacia la parte de atrás. “Eso es lo que me mo­lesta: Nos juzgan a todos por unos pocos”, me dijo alterada.
Más tarde, tres hombres criticaban, en un parque de Ba­ya­mo, a dos muchachos por sus peinados extravagantes y los aretes que, según ellos, les restaban masculinidad.

Muchos suelen ser blanco de críticas, por la forma de vestirse y comportarse en lugares públicos, porque “ya no trabajan tanto como antes”, por “maleducados” o porque se mueven y hablan a ritmo de reguetón.

¿El fenómeno es tan simple? ¿Acaso “el mal” se transmite por ósmosis, es por algo diferente en el aire? ¿Los de menos edad viven en una burbuja, aislados de contextos? ¿En verdad son tan distintos? ¿Cuáles constituyen las razones?

La revisión de frases y documentos escritos hace siglos revela que el asunto no es nuevo. Por ejemplo, el filósofo Sócrates (470–399 a. C.) expresó “nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada; no hace caso a las autoridades (…) No se pone de pie cuando una persona anciana entra y le responde a sus padres. Para Hesíodo (720 a. C.) también era “insoportable, desenfrenada y simplemente horrible”.

En un vaso de arcilla, descubierto en las ruinas de Babilonia y con más de 4 000 años de existencia, se puede leer “los jóvenes son malhechores y ociosos”.

El transcurso de tantos años barrió con edificaciones y hasta con imperios que campeaban a golpe de conquistas. Sin embargo, las expresiones gravitan invariables en su esencia.

Cada generación recibe críticas y, como desquite inconsciente, arremete luego contra la próxima.

Nuestro contexto es demasiado complejo como para solo señalar con el dedo. El debilitamiento de valores en parte de la sociedad no se restringe a los de menos edad.

¿Cuánto logramos con decir “eres malo”, dar la espalda y marcharnos? ¿Acaso la educación no es responsabilidad de todos: familia, escuela, vecinos, compañeros de trabajo y hasta de la señora en el camión?

Quienes nos visten de irresponsables suelen adherirse a un idealismo sin consistencia práctica. “En mis tiempos eso no era así”, repiten con decepción. Y, después, mencionan algo del desarrollo. Luego retocan la corbata inexistente.

Siento orgullo por muchachos con valores admirables en oficinas, campos y talleres, e incluso, sin trabajo. Algunos ocupan cargos de dirección.

La pluralidad en los modos de conducirse ha existido siempre, al igual que la vanguardia responsable. Los piercings y pinchos antes fueron espendrús y pantalones al estilo Bea­tles. Por eso Andrés Vázquez Mestre, profesor con más de 30 años de experiencia, me dice “si yo tuviera 16 años quizá andaría con aretes, el pelo para’o y hasta con tatuajes”.

La solución no es simple ni depende de manuales académicos y disquisiciones teóricas. Las comparaciones tampoco son favorables.

Confío en mi generación, con otros desafíos que los de las anteriores, pero seguidora de la esencia de este país y su historia.

Verdad que, a veces, protesta demasiado y cree sabérselas todas. Por eso la importancia de la experiencia de los más adultos, conscientes de que la carrera es de relevo y confianza. El resultado final será de todos.

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Mwanami Crystal dijo:

11

2 de marzo de 2016

06:01:05


Es una realidad cada uno de los comentarios que cuidadosamente he leido, cada uno desde su punto de vista con la razón en las manos. Sería hipocrita yo si dijera que nunca he utilizado esa frase de ... la juventud está perdida... pero en momentos en que veo malos comportamientos sociales y resquebrajamiento de los valores y ética en alguno de nuestros jovenes, luego volteo mi cabeza y me siento orgullosa de esa otra parte, que suman muchos mas, que tienen fuerza, carácter, valoresw y coraje para seguir adelante segun el tiempo que les ha tocado, entonces respiro y sonrío confiada en el futuro. queridos mios no estan perdidos, solo desorientados, son el reflejo de lo que no hemos sido capaces de hacer en muchos casos, si los valores estan cassi perdidos es porque ha faltado trabajo en casa y que decir en la escuela. tengo un sobrinop joven de 24 años, que tiene un arete en la oreja, un tatuaje que solo se pudo hacer cuando con el sudor de su trabajo pudo costear, que le gusta hacerse la queratina en la moña de su cabeza y que se saca las cejas, no me averguenzo de ello, porque es el mejor ser humano que he podido educar , con unos valores envidiables, trabajador y responsable, todo eso sin dejar de ser joven y de estos tiempos, asi que queda por nosotros tratar de que la juventud no esté perdida.