ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Hay historias difíciles de asumir como algo real; vivencias que antes conocíamos solo como parte de la trama de una telenovela, ahora burlan la ficción y golpean la puerta de la rea­lidad.

Entonces, comprendemos que son problemáticas recurrentes y laten a nuestro alrededor; pero no las advertimos hasta que nos tocan de cerca, como la de aquella que aguanta en silencio los maltratos físicos y psicológicos de su esposo porque, al parecer, no tiene otra salida.

Resulta que ella consagró los mejores años de su vida a colmar de atenciones a su pareja, tanto que renunció a su realización profesional, la cual pudo haber sido fértil, si no hubiese dejado empolvar el título universitario.

Ahora tantas atenciones son retribuidas con humillaciones e infidelidades, de las cuales ya van a nacer sus frutos, casi frente a sus narices; pero a ella solo le queda aguantar el trago amargo, porque su dependencia económica, la deja de manos atadas.

Resignación es prácticamente lo único que le queda, sobre todo porque al rebasar las cuatro décadas, el reto del comienzo se torna casi una utopía.
Tal vez si no hubiese renunciado al ejercicio profesional, al que tenía todo el derecho, la historia tendría matices menos oscuros, pero desgraciadamente la realidad es otra.

No la culpo por entregarse por completo al amor, sin embargo considero que se deben aprovechar al máximo las posibilidades profesionales garantizadas a las mujeres cubanas, con su plena incorporación a los cambios sociales y económicos en el país.
Por citar ejemplos, hoy las féminas en esta Isla representan el 48 % de los empleados del sector estatal civil, el 66,8 % de los técnicos y profesionales, y el

48 % de los científicos; así como su representación en el Parlamento supera el 48 %, uno de los índices más elevados en el mundo.
Claro, todavía falta mucho por lograr, sobre todo porque aun cuando la mujer se realiza profesionalmente y existe una voluntad estatal para promover su empoderamiento, conti­núan llevando sobre sus hombros el peso de las tareas del hogar.

No son pocos los casos en los que las mujeres, tras una larga jornada laboral concluida horas después de la de su esposo, tienen que llegar a casa y volverse “la mujer orquesta”, mientras él espera viendo la televisión, por el plato con su comida.

Sin embargo, son las mujeres las principales encargadas de desterrar los patrones machistas en el ámbito familiar, porque ese mito de que se es menos hombre por cocinar, limpiar, lavar o fregar, es un pretexto que le ha servido a muchos para eludir tareas.

Conozco a quienes cocinan casi  mejor que sus esposas y siguen siendo masculinos en toda la dimensión de la palabra.

La repartición de roles en el hogar puede ser una opción materializable, pero para eso la pareja debe negociar las ta­reas desde el mismo inicio de la vida en común, a partir del cariño y el respeto mutuos; sin recurrir a imposiciones o reclamos, para que la armonía reine.

Si el comienzo de la historia no es bueno, difícilmente lo será su desarrollo.

Entonces, lo no corregido oportunamente se tornará en desconsideraciones y maltratos, más aún si el hombre se siente dueño y señor de la economía hogareña, como en el caso de la vivencia de la que hablábamos al principio, antes reflejada, y que queda como anillo al dedo de muchas mu­jeres.

Varias admiten el maltrato porque anteponen a su felicidad, el bienestar de sus hijos, a los cuales no pueden garantizarles un futuro mejor fuera de esas cuatro paredes proporcionadas por aquel que solo funge como padre biológico.

Tal amor maternal es digno de reconocer, sobre todo porque ese sacrificio por sus vástagos,  lo hacen sin esperar nada a cambio; no obstante, creo que también es contraproducente criar a un hijo en un ambiente familiar adverso.

Es obvio que en ocasiones muchas quieren desprenderse de esas ataduras, y les resulta casi imposible advertir la luz al final del túnel; pero la resignación y el cansancio no deben ser las salidas. No es justo llenar de atenciones a quien no sea digno de ellas.

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Orlandob dijo:

1

25 de diciembre de 2015

07:17:15


Un tema masticado muchas veces en la sociedad cubana. Todo parece indicar que creció protegido por la sombra del machismo. Recuerdo como trato el tema el líder histórico de la revolución cubana: -Si me preguntaran de que lado se debía inclinar la balanza, diría sin pensar en el problema, a favor de la mujer-. Lo apoye y continuo pensando que es lo justo, y si esa mujer ha logrado alcanzar un titulo en la educación superior, debes luchar por tu derecho a ser libre y con dignidad. La revolución cubana esta de tu lado. Conversa con tus hijos si los tienes, ellos comprenderán el sacrificio de vivir sin un padre no digno de la igualdad en la pareja. Cuando el tiempo pase recibirás la recompensa de la decisión oportuna. Así sera el futuro de tus hijos.

Tamara dijo:

2

25 de diciembre de 2015

11:15:59


Machismo si inclinamos la balanza a favor del hombre, feminismo si creemos que las féminas llevan las de ganar. Yo abogo por más igualdad con las diferencias de cada género. Aquí la gran solución es tener toda la información necesaria en nuestras manos para saber los derechos que en este caso como mujer poseo, y al revés. Sólo la confianza en uno mismo nos hace ver esa luz al final del túnel.

Joan dijo:

3

25 de diciembre de 2015

11:45:59


No entiendo. A veces la repetición de las consignas las ahueca. Las matemáticas fallan... ¿es que tienen que llegar al 100%? ¿No es acceso equitativo a las oportunidades a quien realmente lo merezca?. Es lo racional. Eso puede ser el 50% si son dos, 33% si son tres, 25% si son cuatro, si es que existe homogeneidad en los atributos o capacidades, que no siempre es así en todos los casos. No hablo de sexo ni de raza, que han sido estandartes enarbolados previamente, a veces, haciendo un esquema de los números, un objetivo que se me antoja vacío ante la ausencia de un merecimiento más válido. Creo que no se puede perder de vista que el empoderamiento implica la responsabilidad de hacer bien, o mejor, las cosas, no puede ser simplemente un número. El machismo es un esquema cultural, impuesto, permitido o transmitido, siguiendo "la tradición", por quienes mismo se quejan que lo sufren, que de lo contrario, a estas alturas, ya habría desaparecido. Es ciertamente contraproducente criar a un hijo en un ambiente familiar adverso, complicado por el hecho de que ahora hay dos y tres generaciones viviendo bajo el mismo techo, con subordinaciones solapadas que interfieren al desarrollo exitoso de la paternidad. Estoy de acuerdo en que se debe pactar desde el inicio de la relación, y ser fieles al pacto. Si el pacto se viola, que sea para mejor, para mayor felicidad de las partes. Es acción y reacción, para que haya hombres que sean caballeros tiene que haber mujeres que sean damas. Y eso es lo que aprenden los hijos. No son solo cifras, es la vida, que todo lo que se haga tiene que ser para mejorar las vivencias y la calidad de vida, incluso, respetando el ambiente que garantizará el sustento y la existencia de las generaciones futuras. Con amor y respeto, compartiendo la vida, y disfrutándola, empoderando a quien realmente lo merece, y no con egoísmo ni mentalidad de libreta (¡me toca!), es como podremos ser mejores y más plenos. No es justo llenar de atenciones a quien no sea digno de ellas.

Luis dijo:

4

27 de diciembre de 2015

08:19:36


Volvemos a los inicios de la humanidad ese problema es tan viejo y tan facil de resolver que seguira hasta el fin de la humanidad, nadie y digo nadie esta sujeto a recibir maltrato de otro semejante solamente por el hecho de ser su pareja, tan solo con terminar la relacion e independisarse es suficiente, la vida lo ha demostrado el amor es la fuerza que une a dos personas pero el maltrato las destruye,

Suarez dijo:

5

27 de diciembre de 2015

15:23:35


Se después de 53+ años de 'Hombre Nuevo' todavía hay que hablar y resolver este problema...¿Que se ha hecho durante todo este tiempo? Eso se llama en mi barrio "la bobería andando..."