Despierta. Sacude el cuerpo para desperezarse. Toma un sorbo de café y…¡andando!
Enfila hacia la panadería, ruta donde coincide con varios vecinos.
—¡Buenos días! Nadie responde. Era muy agitada la carrera, iban como mirando al infinito, tratando de adivinar un ómnibus para el trabajo.
Aun así, mantuvo el entusiasmo y la mejor disposición para continuar la jornada.
—¡Buenos días! ¿Quién es el último? Miradas entrecruzadas, parece que ninguno lo ve. Nadie contesta, trata de guiarse por el movimiento de la cola del pan, sin saber bien dónde ubicarse.
—¡Buenos días! Le dice animoso al dependiente que ¿atiende? en el mostrador. Sin levantar la vista, el hombre abre la libreta, anota el pan, la cierra, despacha, cobra. Pegado a la nuca del comprador ya resopla el siguiente “usuario”, hay que andar ligero.
—¡Buenos días! Dijo detenido en el umbral de la puerta en su centro de trabajo. Saluda en vano. Tampoco halla oídos disponibles entre los presentes y prefiere seguir adelante.
—¡Buenos días! Repite al traspasar la primera oficina, la segunda y la tercera. No lo notan, resultaba como si le pusieran voz al cero a la izquierda o los receptores estuvieran en un limbo.
Sin rendirse, toca a la puerta del administrador, asoma la cara con timidez, pero la discusión de problemas laborales entre varios allí le aconseja no hacerse notar.
—¡Buenos días! Prueba suerte frente a la secretaria de su departamento. Estaba muy ocupada pintándose las uñas antes de comenzar a teclear documentos. Ella tampoco le puso atención, de nada le valió ensayar una lisonja con la muchacha.
Después de todo, llegó a creerse un fantasma en soliloquio, cuando vino a su mente la conocida sentencia martiana: “La educación comienza en la cuna y termina en la tumba”.


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alfonso nacianceno dijo:
21
22 de agosto de 2014
17:49:59
alfonso nacianceno dijo:
22
22 de agosto de 2014
17:54:21
Suleydis dijo:
23
29 de agosto de 2014
11:06:21
Sule dijo:
24
29 de agosto de 2014
11:41:29
Miguel dijo:
25
3 de septiembre de 2014
14:23:38
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