
Muy utilizada ha sido la palanca a lo largo de la historia de la humanidad desde que nuestros ancestros —madero en mano y con un punto de apoyo— desplazaron el primer pedrusco. Más la encumbró el famoso Arquímedes en su célebre frase.
“Denme un punto de apoyo y moveré al mundo”, así la ponderó el físico, matemático, ingeniero, inventor y astrónomo griego, pero también es cierto que sin la ayuda de ese empujoncito inicial, el globo terráqueo ha girado sin cesar.
La diferencia en el uso del implemento entre aquella época y la nuestra estriba en que hoy algunos quieren tener al universo moviéndose en derredor suyo, con la complicidad de una palanca muy diferente a la pensada por Arquímedes.
En la seudorrepública la “botella” (alguien que cobraba un salario sin siquiera ir al trabajo) era el resultado de ejercer fuerza apoyado en un amigote. En la actualidad son otros los comportamientos que ilustran el amiguismo, el nepotismo, el sociolismo, el oportunismo y el arribismo.
Hoy, en ocasiones, la facultad del jefe para decidir sobre el futuro laboral de otros —si no se ejerce con justeza— puede venir velada, disfrazada, barnizada de una supuesta legalidad, envuelta en una burocracia que desvirtúa la esencia de actuar con apego al decoro y la imparcialidad, perjudicando a personas que solo quieren hacer bien su trabajo.
En otras oportunidades, ese poder para determinar se aplica de manera ramplona, blandiendo el filo de una abusiva autoridad para favorecer a unos en detrimento de otros que se niegan a las imposiciones o a juicios nada convincentes. Si en el entorno de cualquiera de estas manifestaciones convive el silencio cómplice y los menospreciados no dan la pelea, serán obviados.
¿Por qué en una oficina para realizar cualquier trámite puede pasar por delante de todos el último en llegar, regalito en mano? Porque del lado de allá del buró existe el socio agradecido enfundado en su lucrativa frase: “¡Muchacho, para qué te molestaste en traerme algo!”, mientras encesta la dádiva en su bolsillo y se burla de los presentes.
¿Perjudicados? El abuelo de andar cansino que a duras penas avanza hasta uno de esos locales; la ama de casa a quien le confiaron la gestión porque el resto de la familia está trabajando; el hombre que se levantó de madrugada para marcar en la cola; el obrero que ese día no acudió a su puesto porque la gestión era perentoria; o la profesora que solicitó permiso en su escuela para ausentarse durante la mañana, animada por tal de resolver de una vez y para siempre su problema.
El tiempo empleado en solventar un asunto de manera respetuosa, sin aprovecharse de “cañonas”, sociolismo o palanca, no le importa al que desatiende al público; mientras su favorecido —apuntalado por la mano que le tendió el amiguísimo— repara mucho menos en el daño causado a los demás.
No vale la pena explicar uno por uno los “ismos” mencionados, nuestro pueblo conoce sus significados y consecuencias. Serían menos los resquicios abiertos a esas burlas si reclamáramos nuestros derechos, porque todas se columpian sobre la cuerda del irrespeto al prójimo.


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Su dijo:
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14 de junio de 2014
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cb dijo:
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15 de junio de 2014
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alfonso nacianceno dijo:
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15 de junio de 2014
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alfonso nacianceno dijo:
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15 de junio de 2014
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Fafi dijo:
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tomyone dijo:
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16 de junio de 2014
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yady dijo:
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Antolin mendieta dijo:
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Antolin mendieta dijo:
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patricio perucho dijo:
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Ponce De León dijo:
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JM dijo:
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welner dijo:
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alfonso nacianceno dijo:
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Ramon dijo:
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19 de junio de 2014
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Ramon dijo:
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19 de junio de 2014
14:28:43
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