ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Lula aseguró que «la comunicación digital va a tener un espacio muy grande en nuestro próximo gobierno». Foto: AFP

Las calles de Brasil se llenaron de banderas rojas mientras millones de personas seguían en sus teléfonos el desenlace de unas elecciones históricas. Luiz Inácio Lula da Silva consiguió este domingo 25 de octubre una victoria que parecía improbable tres semanas antes. Con aproximadamente el 51,8 % de los votos, derrotó a Flávio Bolsonaro, quien le había aventajado en más de 2,2 millones de sufragios en la primera vuelta. La remontada tuvo muchos protagonistas, pero uno merece especial atención: la comunicación.

«Histórico. No tienes idea de lo grande que es esta victoria. Vivir con la gente en las calles, en los medios, contra Meta, contra Google», expresó Renato Rovai, director de la revista brasileña Fórum. Su mensaje resume la dimensión de una batalla que trascendió los mítines y las urnas. La

disputa también se desarrolló en WhatsApp, Instagram y otras plataformas, en las que los algoritmos –sistemas que deciden qué publicaciones aparecen primero y cuáles reciben mayor visibilidad– influyen sobre la circulación de la información política.

La campaña de Lula llegó a la segunda vuelta con problemas reconocidos por sus propios dirigentes. Después de la votación del 4 de octubre, el Partido de los Trabajadores revisó su estrategia para explicar mejor las consecuencias sociales y económicas de las propuestas electorales. La prensa brasileña documentó también un giro hacia internet. Pero el fenómeno más interesante ocurrió fuera de las estructuras oficiales. Associated Press informó el 22 de octubre que las publicaciones en las plataformas sociales relacionadas con Lula habían acumulado unos 200 millones de interacciones desde el 5 de octubre, frente a 54 millones de su adversario. Surgieron iniciativas como Bora Lula, dedicadas a coordinar actividades territoriales y producir contenidos locales.

El diputado André Janones impulsó, además, un canal de WhatsApp denominado «Exército do Lula», que llegó a superar los 10,8 millones de seguidores. El presidente brasileño reconoció especialmente en la noche del domingo estas iniciativas y aseguró que «la comunicación digital va a tener un espacio muy grande en nuestro próximo gobierno».

Aquello convirtió los teléfonos móviles en espacios de organización colectiva. Los simpatizantes compartían videos, multiplicaban mensajes y daban visibilidad a las concentraciones callejeras. La movilización digital no sustituyó al contacto directo, sino que lo acompañó. Esa articulación resulta especialmente relevante, porque durante años los sectores vinculados al bolsonarismo habían desarrollado importantes redes de activismo digital.

La disputa involucró también a las grandes empresas tecnológicas.

Circularon numerosas denuncias de restricciones a contenidos y publicidad de Lula en Instagram, mientras organizaciones civiles cuestionaban la transparencia de Meta. La controversia reveló el gravísimo problema de que las plataformas privadas poseen un enorme poder sobre la visibilidad del debate público.

La victoria de Lula no puede explicarse únicamente por la comunicación. También fueron decisivas la movilización popular, la participación electoral y las expectativas sociales. Pero Brasil deja una lección: la política y la comunicación van de la mano, y subestimar esa relación es desconocer una dimensión fundamental de la disputa por el poder en un mundo signado por la virtualidad. Las redes digitales son hoy un territorio dominado por los intereses de las grandes corporaciones tecnológicas, pero esa hegemonía puede chocar un buen día con la capacidad de organización ciudadana y perder la batalla por la atención, la influencia y el sentido común de una sociedad. Comunicar no es solo difundir la política, sino participar y organizarnos.

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