ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Durante años, padres, investigadores y antiguos empleados acusaron a Meta de diseñar Facebook e Instagram para que niños y adolescentes permanecieran conectados el mayor tiempo posible. Hace menos de una semana esa discusión dejó una huella jurídica concreta: la empresa de Marc Zuckerberg llegó a un acuerdo con fiscales generales estadounidenses para desembolsar cerca de 18 000 millones de dólares y aceptó modificar sus plataformas.

Pero conviene mirar la letra pequeña, porque el acuerdo deja a Meta una salida por la tangente. La compañía pagará al menos 12 000 millones de dólares; los otros 5 300 millones dependerán de que competidores como TikTok y YouTube adopten restricciones semejantes. Así, Meta no solo reduce el costo inmediato del acuerdo, sino que intenta que las concesiones que aceptó se conviertan en reglas para sus principales competidores.

El caso no se centraba únicamente en lo que publican los usuarios, sino en algo más profundo: cómo las plataformas deciden qué contenido poner ante sus ojos y en qué orden. Ese trabajo lo realiza el algoritmo de recomendación, el sistema que selecciona y jerarquiza publicaciones para cada persona según sus datos y comportamiento. Los fiscales buscaron responsabilizar a Meta por ese diseño y no por los mensajes de sus usuarios, en una acusación que tiene precedentes.

Los Facebook Files, publicados por The Wall Street Journal en 2021 a partir de documentos filtrados por la exempleada Frances Haugen, revelaron investigaciones internas preocupantes sobre adolescentes. En el juicio, además, un antiguo ingeniero declaró que había enviado a Zuckerberg datos según los cuales la probabilidad de que un adolescente encontrara contenido violento o gráfico era entre cien y cuatrocientas veces superior a lo reconocido públicamente por la empresa.

El acuerdo intenta intervenir precisamente sobre esa arquitectura de la atención. Para los adolescentes habrá límites de uso, restricciones nocturnas, suspensión de notificaciones durante el horario escolar y avisos cada 15 minutos para interrumpir el desplazamiento continuo. También desaparecerá por defecto el conteo visible de «me gusta», se restringirán filtros de procedimientos cosméticos y Meta deberá someter sus sistemas de verificación de edad a auditorías. El objetivo es introducir fricción donde antes todo estaba diseñado para continuar mirando.

Sin embargo, aquí aparece la segunda gran escapatoria de la empresa. Meta no admitió culpabilidad. Un acuerdo judicial no equivale a una sentencia que declare probado que sus algoritmos causaron una crisis de salud mental juvenil. La compañía evitó precisamente que el proceso llegara hasta ese punto. Y, aunque ofrecerá a los adolescentes un feed cronológico –una sucesión de publicaciones ordenadas por tiempo y no seleccionadas según su perfil–, las recomendaciones algorítmicas seguirán siendo la opción predeterminada.

Hay más agujeros. Varias medidas funcionarán como configuraciones predeterminadas, es decir, restricciones que estarán activadas automáticamente en las cuentas de los adolescentes, pero que en determinados casos podrán modificarse. No son, por tanto, prohibiciones absolutas. Meta conserva así buena parte del núcleo económico de su negocio: capturar atención, recoger información sobre comportamientos y convertirla en publicidad segmentada. Y un detalle que no podemos pasar por alto. En 2025, alrededor del 98 % de los ingresos de la compañía procedía de la publicidad. Ese mismo año la empresa recaudó casi 300 000 millones de dólares, por lo que pagar una multa de 18 000 millones no le va a quitar el sueño a Zuckerberg.

Por eso, los miles de millones impresionan, pero no cuentan toda la historia. Meta desembolsa una suma enorme y acepta límites inéditos, mientras evita una admisión de responsabilidad, conserva el corazón algorítmico de su modelo y gana influencia para definir las reglas que podrían aplicarse a sus competidores. El caso demuestra que las plataformas pueden ser obligadas a rendir cuentas, pero también revela el enorme poder que aún conservan para negociar cómo, hasta dónde y bajo qué condiciones hacerlo.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.