ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cuando el neofascismo penetra el Congreso, el Departamento de Estado o el mismísimo Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, a través de mafias y mafiosos con distintos intereses de dominación y ambiciones económicas, no solo los estadounidenses están en riesgo, sino toda la humanidad.

El crimen se siente e impacta a miles de kilómetros y afecta a millones de personas de todas las edades y sexos, lo mismo en Venezuela, Palestina, Líbano, Irán, Canadá, Yemen, Rusia, México que Cuba, el Caribe, el Pacífico o en las propias calles y campos de concentración de migrantes en EE. UU.

Lo mismo sionistas israelíes que terroristas de origen cubano en la Florida o mafias de otras partes del mundo ejercen todo tipo de presión para decidir desde el imperio el respaldo a sus planes macabros para hacerse del poder, dar golpes de Estado o agredir, asistidos por la antidiplomacia de la «paz por la fuerza», la mentira como arma de convencimiento, la amenaza militar, la coerción y el estrangulamiento económico.

Mientras para la impunidad del genocidio del pueblo palestino, Washington condena y niega a la Corte Penal Internacional, se burla de la ONU, del derecho internacional y minimiza otros organismos multilaterales, un puñado de congresistas anticubanos que deben su carrera política a los dinosaurios ultrarreaccionarios, descendientes de la tiranía batistiana y otras mafias terroristas, con distintas denominaciones, aplauden, generan y amplifican cuanta acción esté dirigida a intimidar, dividir o castigar al pueblo cubano.

Mientras mastican la mentira de la impensable amenaza de Cuba a la seguridad de EE. UU., personajes detestables como Carlos Giménez alardea de la importancia de la llegada a una base militar de la Florida de 20 sofisticados aviones f35, máquinas ideales para matar cubanos que «ni van a saber que está en su área porque no lo pueden ver».

Otra congresista republicana, Nicole Malliotakis, cercana a los mafiosos de Miami y a sus representantes en el Gobierno estadounidense, escribió una columna difamatoria por órdenes del Departamento de Estado para tratar de mantener en pie la farsa del peligro de la «superpotencia mundial del comunismo», que tratan de utilizar como pretexto para que despeguen los f35 de Giménez y tratar de neutralizar la solidaridad internacional hacia el pueblo cubano.

Otra instigadora a la invasión militar contra Cuba y promotora por todas las vías de la hora final del socialismo, es la antaño muy cercana a Luis Posada Carriles y otros terroristas de ayer y de hoy, María Elvira Salazar, quien por su complicidad y ambivalencia respecto a las deportaciones masivas de migrantes ganó un lugar en el cartel de los traidores que proliferó por avenidas de Miami, junto a Marco Rubio, Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez

No son los únicos jinetes apocalípticos, pero están entre los más inescrupulosos y diabólicos, al tiempo que cercanos e influyentes tanto sobre los capos principales en la Florida como de sus representantes más ilustres en el gobierno o en las sombras, tirando los hilos de planes hegemónicos, injerencistas, desestabilizadores y anexionistas, entre escándalos y crímenes avanzan por el mundo y por nuestras tierras de América, con esa fuerza más, como influencia maligna del neofascismo.

Noticias recientes, cual caja de Pandora, revelan los artilugios de la ciberguerra, de asesinos reclutados como mercenarios para los nuevos golpes electorales desde las redes, la corrupción y el fraude, convocados y utilizados por el Departamento de Estado en sus planes de reconquista de América Latina y de las riquezas del mundo, donde todo vale, y así lo han hecho valer en Argentina, Chile, Honduras, Perú o Colombia, según los propios medios de prensa a su servicio.

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