ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
A pesar de los intentos por aislar a Cuba la solidaridad internacional no abandona a la Isla. Foto: Ricardo López Hevia

En el argot de las prisiones estadounidenses, la «última milla» es el tramo que separa al condenado del patíbulo, simboliza el paso definitivo entre la vida y la muerte, el momento final de espera antes de la ejecución.

Al observar la secuencia de medidas que la actual administración republicana ha desplegado contra Cuba en los últimos meses, uno bien pudiera afirmar, que el poder en Washington ha decidido trasladar esa lógica carcelaria al tablero de la geopolítica.

Desde el pasado 16 de julio, cuando el Secretario de Estado convocó en Washington una reunión ministerial bajo el pomposo título de «Resurgimiento del Terrorismo Político», la narrativa oficial estadounidense, ha escalado en virulencia, algo que parecía imposible de lograr.

Allí se calificó a la Isla como «la capital mundial del terrorismo de izquierda radical». Cuatro días después, el 20 de julio de 2026, el Departamento de Estado publicó un informe, Cuba: The Capital of 21st Century Subversion, en el que se acusa a La Habana de fomentar el extremismo y de tejer una red de espionaje para «socavar los intereses de EE. UU.».

Cada miércoles o jueves, como un macabro calendario de adviento, aparece una nueva batería de «sanciones», cada una aprieta una tuerca distinta: el cerco petrolero, las penalizaciones secundarias a empresas extranjeras, la lista de países patrocinadores del terrorismo –un estigma falaz que pesa más que una condena–, la declaración oficial de Cuba como «amenaza para la seguridad nacional».

Pero vayamos más allá de los comunicados, porque detrás de cada resolución, de cada lista y de cada informe, hay nueve millones de vidas que no son fichas en un tablero, el cerco, que ya llevaba seis décadas, pretérito perfecto de una guerra no declarada, se vuelve absoluto.

Algunos analistas, con la memoria aún fresca, temen que falte solo un paso: la operación de falsa bandera, el pretexto perfecto y, no se trata de una teoría conspirativa; es la lección aprendida en otros escenarios.

Que el secretario de Estado, Marco Rubio, hable de «terrorismo político», mientras impide que el resto del mundo comercie con la Isla bajo amenaza de represalias, es un ejercicio de cinismo que apenas necesita comentario.

La «última milla» que quieren hacer recorrer a Cuba, es un camino de desgaste, de agobio económico, de aislamiento y de criminalización sistemática. Pero hay algo que el poder suele olvidar: en esa milla, los condenados no caminan solos.

En este recorrido, nos acompaña la solidaridad internacional de los movimientos sociales, de la gente honesta de este mundo, de unos pocos gobiernos que se niegan a doblar la cerviz, mientras la propia resistencia cotidiana de los cubanos convierte ese tramo en un espacio de afirmación vital.

Nadie puede alegar ignorancia cuando los hechos están fechados, firmados y publicados. El informe del 20 de julio es público, las sanciones son verificables, es una cuestión de supervivencia de la humanidad, aunque ahora prefieran hacer como el avestruz.

La última milla no es solo el recorrido de los condenados; es también la distancia que nos separa de nuestra propia conciencia, en esa milla, todavía estamos a tiempo de detenernos o no habrá más mundo posible que el de la ley del más fuerte.

Porque si algo nos enseñan los relatos de los presos en el corredor de la muerte es que, incluso en el último paso, la esperanza es el único grillete que no pueden arrancarnos. Cuba, a pesar de todo, sigue bailando su vals –no el de la rendición, sino el de la resistencia– o mejor, bailamos al compás de la rumba mambisa.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.