ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Imagen tomada de Razones de Cuba

Mike Waltz salía del funcionariado de la Casa Blanca en mayo de 2025, luego de unos cuantos regaños, más o menos a puertas cerradas, por ciertos errores que no son bien vistos cuando se es consejero de Seguridad Nacional.

Su nombre no estaba entre los favoritos del presidente tras el llamado «Signalgate», un escándalo por filtraciones de información sensible –vamos a decirle así– a la prensa.

Waltz había creado un grupo en la red de mensajería Signal, reconocida por sus estándares de seguridad, y había añadido a la conversación a altos nombres de la política de su país, como el propio vicepresidente, JD Vance, o el secretario de Guerra, Pete Hegseth. Por «error», también fue incluido un periodista, Jeffrey Goldberg, director de la revista Atlantic, quien publicó alguna que otra línea de diálogo.

Pero el mainstream de la prensa estadounidense, liderada en este caso por The Washington Post, sacó a relucir en esos días que el escándalo era apenas la oportunidad de oro para sacar de la Casa Blanca a un morador no tan querido que, siendo funcionario, intentaba actuar como director; que mantenía, sin tener techo para ello, conversaciones con Netanyahu; y que insistía en una línea dura y belicista contra Irán.

Por entonces, el Presidente se tomaba muy en serio lo de ganar su Premio Nobel de la Paz –negado en octubre–, y una bomba mal puesta, más en tiempo que en espacio, o la posibilidad de ella, no era exactamente una buena noticia para su carrera por el título «nobeliario».

Tras reconocer su falla, Waltz fue corrido con gentileza y arropado, como lauro de consuelo, al frente de la delegación de EE. UU. en la ONU; en términos físicos y políticos, bastante más lejos de la oreja del magnate devenido mandatario. Probablemente no haya sido –para aquel– un movimiento feliz.

Jugando con las piezas mal portadas de su jauría, el potus lo despedía dándole una palmadilla en Truth Social: «Mike Waltz se ha esforzado por anteponer los intereses de nuestra nación. Sé que hará lo mismo en su nuevo cargo».

Con tales ánimos concentrados, llegaba en septiembre a Nueva York y específicamente a la Asamblea General de Naciones Unidas este julio de 2026, para hablar de Cuba.

El discurso de Waltz no fue el de un simple funcionario del Departamento de Estado, sino el de quien se sabe degradado a Triple a y aspira, con todas sus energías, mañas y excesos burlescos de «buena conducta», a que le vuelvan a dar un turno al bate en la Gran Carpa.

Para ello, dicen los que saben de beisbol, no se precisa solo jugar bien, sino hacerlo como les gusta a los «americanos». Eso intentó el señor Michael George Glen Waltz, natural de Florida, 52 años, oficial retirado, en la magna sala. Sin embargo, le pasó un poco lo que a los peloteros nerviosos: el exceso de entusiasmo hizo que la bola fuera demasiado lejos, pero de foul, para después poncharse. Hubiera sido útil, en su caso, cierto grado de sutileza y profundidad.

Mientras tanto, sigue dando swines al aire en una lid que desprecia y aspirando a otra en la que es despreciado; cometiendo errores hasta para mandar mensajes y, según le dijeron por ahí, chapoleteando en la intrascendencia y ahogándose probablemente, minuto tras minuto, en el basurero de la historia.

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