ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cerca de 138 millones de víctimas. Foto: Unicef

Casi dos terceras partes de la población infantil en el África subsahariana, unos 87 millones de niños, viven a cuenta de trabajar, aunque el mundo prometió que erradicaría el flagelo a esta altura del siglo XXI.

A juicio de los expertos, la situación más compleja se concentra en esa extensa región del llamado continente negro, pero a escala global los progresos resultan igualmente insuficientes.

Evaluaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) indican que hay cerca de 138 millones de menores sometidos a tales prácticas, de los cuales 54 millones realizan faenas peligrosas en diversas partes del orbe, incluidos países con potentes economías.

Los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 –suscritos en 2015– plasmaron el compromiso de la comunidad internacional de erradicar el trabajo infantil para 2025.

Desde el año 2000, el fenómeno se ha reducido a casi a la mitad; sin embargo, el avance es lento y dispar, avaló el informe Trabajo infantil: estimaciones mundiales en 2024, tendencias y camino a seguir, cuyas advertencias fueron retomadas este año por la OIT y Unicef.

Incluso, los recientes logros resultan frágiles frente a las amenazas del cambio climático, los conflictos, la fragilidad institucional, la inestabilidad económica y otros desafíos, alertó el examen.

Bajo el lema «Tarjeta roja al trabajo infantil: juego limpio para niños, trabajo decente para adultos», continuó en 2026 una campaña mundial que exhorta a la búsqueda de soluciones duraderas.

La inserción prematura de los muchachos en el inverso laboral suele producirse cuando las familias se enfrentan a dificultades económicas o incertidumbre, ya sea por pobreza, enfermedad repentina de un cuidador o pérdida del empleo del principal sostén de la familia, avalan los estudios.

Muchas veces, la decisión está ligada al abandono escolar. Además, la asistencia a clases por sí sola no garantiza un aprendizaje significativo ni la eliminación de rezagos en competencias básicas de lectura y aritmética.

Según las pesquisas de las Naciones Unidas, la agricultura continúa siendo la rama que más mano de obra infantil emplea, con un 61 % del total, seguida del sector servicios (27 %) y la industria (13 %), que contempla la minería y la fabricación de productos.

Al mismo tiempo, subsisten la trata infantil, el trabajo forzoso, el reclutamiento de menores en conflictos armados, la explotación sexual comercial y la participación en actividades ilícitas.

Los niños migrantes y refugiados –muchos de los cuales han sido desplazados por conflictos, desastres o pobreza– también corren el riesgo de ser obligados a trabajar e incluso de ser víctimas de trata, especialmente si migran solos o toman rutas irregulares con sus familias, recordó la Unicef.

«Sabemos que es posible avanzar hacia la erradicación del trabajo infantil aplicando salvaguardias jurídicas, ampliando la protección social, invirtiendo en educación gratuita y de calidad, y mejorando el acceso de los adultos a un trabajo decente», señaló la directora ejecutiva del organismo, Catherine Russell.

La mayoría de las regiones podrían eliminar parcial o totalmente ese flagelo en las próximas décadas, pero resulta poco probable que África subsahariana transite por similar camino si se mantienen las tendencias actuales, que perpetúan el subdesarrollo y el saqueo de los recursos naturales.

Como nunca antes urge mantener y aumentar la financiación en materia social. Las reducciones en el apoyo a la educación, la protección social y los medios de subsistencia pueden llevar a familias ya de por sí vulnerables al borde del abismo.

Los imperativos fundamentales en materia de políticas para poner fin al trabajo infantil «son ampliamente conocidos y están respaldados por décadas de investigación y experiencia», recordaron la OIT y Unicef.

«Detrás de las cifras y estadísticas –sintetizó el pronunciamiento– hay niñas y niños reales: 138 millones de vidas afectadas por dificultades, trabajo extenuante y pérdida de oportunidades».

Adoptado en febrero de 2026, el Marco de Acción Global de Marrakech contra el Trabajo Infantil «nos ofrece una hoja de ruta basada en el trabajo decente para los padres y las madres, una educación universal de calidad, la protección social y el fortalecimiento de las leyes y las instituciones», apuntó el director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo.

El símbolo de la tarjeta roja es un recordatorio de la urgencia y del deber de tomar partido en función de la justicia y el derecho a la vida.

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