ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Irán firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear en 1968 y lo ratificó en 1970. Foto: HispanTV

Cuando se va a analizar la actual situación en Irán y los componentes foráneos que obstruyen la vida pacífica del país, debemos retrotraernos a la historia más reciente, para encontrar las razones de quienes quieren destruir una de las culturas más antiguas del planeta y, mediante la guerra, apoderarse de los recursos naturales de la nación persa.

Esa parte de la historia política contemporánea, que fue bautizada como Guerra Fría, tiene muchos ejemplos que debían denominarse años de la Guerra Caliente.

La actual confrontación militar contra la República Islámica de Irán es contradictoria por el hecho de que, quien, junto a otros países de Europa, facilitó tecnología para el desarrollo nuclear iraní en la década de los años 50, es el que hoy la bombardea y destruye: Estados Unidos, con el pretexto de «eliminar su programa nuclear».

El común denominador –en uno y otro caso– es la ambición imperial de apoderarse del petróleo iraní, y usar el territorio y los pasos marítimos de esa nación como instrumento en la estrategia contra potencias económicas y militares, léase China y Rusia.

El tiempo, testigo imborrable de los hechos, ha dejado constancia del vil golpe de Estado, organizado por la cia con la colaboración de los servicios secretos británicos e israelíes en 1953, para deponer al entonces primer ministro, Mojammad Mossadeq, elegido democráticamente y presto a realizar transformaciones de corte popular en la nación persa.

La «razón» estadounidense se basaba en la medida adoptada por Mossadeq, de nacionalizar el petróleo iraní. No podían admitirlo quienes ya se distribuían el acceso a los grandes yacimientos de la nación.

Se instaló en el poder entonces, el Sha Mohammad Reza Pahlevi, quien pretendió que el país persa tuviera en Occidente el modelo, mientras su enriquecimiento personal lo convirtió en uno de los hombres de mayor fortuna en el mundo.

A cambio de su apego a Estados Unidos y a Europa, se le brindó apoyo para desarrollar un programa nuclear, y hasta un Acuerdo de Cooperación se rubricó con el entonces gobierno «amigo» de Washington.

El programa nuclear iraní se estableció en 1957, en el marco del programa Átomos para la Paz.

En 1959 se había establecido el Centro de Investigación Nuclear de

Teherán (CINT), manejado por la Organización de Energía Atómica de Irán (oeai). El CINT fue equipado con un reactor de investigación nuclear de cinco megavatios, donado por EE. UU., y que entró en operación en 1967, siendo alimentado con uranio altamente enriquecido.

Irán firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear en 1968 y lo ratificó en 1970.

El plan del Sha Reza Pahlevi era instalar 23 estaciones de energía nuclear por todo el país, en conjunto con Estados Unidos, para el año 2000.

Un dato sobresaliente es que la venta de equipos de energía nuclear a Irán aportaría a corporaciones estadounidenses ganancias de más de 6 000 millones de dólares.

Después del triunfo de la Revolución Islámica, en 1979, Irán informó al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de sus planes para reiniciar su programa nuclear utilizando combustible nuclear de fabricación doméstica, y en 1983 el oiea incluso planeó ayudar a Irán bajo su Programa de Asistencia Técnica, con el fin de producir uranio enriquecido.

Sin embargo, el OIEA fue obligado a terminar el programa por presión de Estados Unidos.

Desde entonces, los gobiernos de Washington han aplicado decenas de sanciones económicas y comerciales a la nación persa, e incluso, han realizado ataques militares contra las instalaciones nucleares del país hasta hoy, cuando una criminal agresión militar, así como un cerco naval, tratan de hacer capitular a una nación que combate, resiste y se niega a la rendición.

Fuentes: Hispantv, BBC Mundo, TRT Español.

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