ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Hay dolores que persisten en la mente como una bala imposible de extraer. Foto: Unicef

Ahmad tiene 10 meses. Pareciera como si, en una foto que circula en medios y redes, sonriese con esa inocencia con la que los bebés «saludan» al mundo. Aunque la pureza de sus ojos no parece haber sido dañada, sus pupilas no brillan, y un arañazo se dibuja en la sien izquierda. Le rodea su cabecita una venda, y su manecita apenas puede soportar el peso de la férula.

Su hermano Khaled, de 3 años, solo tuvo heridas leves, también en el rostro. Sin embargo, hasta el más natural de los ruidos hace que se sobresalte y llore. A veces las secuelas más profundas no son físicas. Hay dolores que persisten en la mente como una bala imposible de extraer.  

Fátima, la madre de ambos, recuerda que, tras la explosión que el 8 de abril impactó un edificio cercano a donde se encontraban, en Beirut, sintió aterrada cómo se sacudía la habitación. Las paredes se derrumbaban y en una envolvente columna se amalgamaban humo, polvo y escombros.

El mundo a su alrededor se estremecía. Hacia su mundo corrió ella, los abrazó y corrió, sosteniéndolos, puerta afuera.

La madre libanesa relató a la Unicef que caminó entre escombros y devastación. «Cuerpos en el suelo, calles llenas de autos y gente gritando» pintaban el panorama que dejaron los más de 100 ataques aéreos de Israel en varias zonas de Beirut, el valle de la Bekaa y el sur del Líbano, en menos de 10 minutos.

«Solo podía pensar en Ahmad: ¿llegó al hospital? ¿Está bien? Tenía miedo de perderlo», recordó sobre el interminable trayecto hacia el Hospital Gubernamental Rafic Hariri.

«El hospital recibió a decenas de niños heridos el día del ataque. La mayoría fueron atendidos en urgencias y dados de alta tras su estabilización. Ahmad permaneció hospitalizado para someterse a más pruebas y al seguimiento de una lesión en la cabeza», dijo la Unicef.

Ahmad y Khaled hoy sonríen y tienen los brazos de su madre para guarecerse de los horrores en su tierra. Pero no ha sido esa la suerte de los más de 600 niños que ya han sido asesinados o han resultado heridos en el Líbano desde el pasado 2 de marzo.

Así lo reconoce la Unicef en una reciente declaración en la que, además, informa que está recibiendo noticias de pequeños «que han tenido que ser sacados de entre los escombros; otros siguen desaparecidos y han sido separados de sus familias. Tras haber perdido a seres queridos y haber tenido que abandonar sus hogares y cualquier sensación de seguridad, muchos niños y niñas han quedado traumatizados».

De igual forma, el organismo internacional dio a conocer que, «de más de un millón de personas que han tenido que desplazarse en todo el país se calcula que 390 000 son niños y niñas, y muchos de ellos lo hacen por segunda, tercera o incluso cuarta vez».

Al respecto, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó que, la actividad militar en Líbano supone un grave riesgo para el cese de hostilidades y para los avances hacia una paz duradera y completa en la región. «No podemos dejar atrás a los niños y niñas de Líbano», aseveró.

Así, mientras 21 horas no fueron suficientes para que los agresores –EE. UU. e Israel– se pusiesen de acuerdo con el agredido –Irán–, las acciones contra el Líbano persisten. Las muertes, de personas de todas las edades, también.    

Fátima dice –casi sin respiración– «Ya no siento que mis hijos estén seguros en ningún lugar». Los abraza, sentada en la cama del hospital. Pareciera ese –sus brazos– el único sitio donde están a salvo. Pero, ¿por cuánto tiempo?  «Tengo miedo de que el hospital sea un objetivo», reconoció. Y, sabemos que desde hace mucho, todo sitio donde exista vida puede ser un objetivo militar.

Ahmad tiene solo diez meses y ya ha sido víctimas de los ataques de Israel a el Líbano. Foto: Unicef
Parecieran los brazos de su madre el único sitio donde están a salvo. Pero, ¿por cuánto tiempo? Foto: Unicef
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