ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Informan, pronostican, comentan, lo alertan una y otra vez. Desde que el pasado 28 de febrero EE. UU. e Israel atacaron de manera conjunta a Irán, basta con un vistazo a los medios de prensa y la noticia te asalta, te ataca, se te lanza encima así te encuentres en el otro extremo del mundo.

Sumada a los horrores de la muerte, la destrucción y las cenizas, otra guerra –que es extensión de aquella en el Medio Oriente– también te estremece, como si estuviesen bombardeando tu techo.

Y lo hacen. Entre tantas cifras de miseria humana, las estadísticas de titulares más vistos se posan también en otros que tienen, incluso, más alcance que cualquier misil.

Los precios del petróleo y el gas han subido a una velocidad vertiginosa, pues con la tensa situación en el Estrecho de Ormuz –vía marítima estratégica por donde transita el 20 % del crudo mundial–, la desestabilización del mercado energético y las vías de distribución aparecen sobre la mesa de análisis en todo el planeta. Las amenazas de un lado y otro no cesan, la ofensiva continúa, la respuesta llega donde «duele».

Esperan que, en breve, el precio del barril de petróleo alcance los 200 dólares, auguran algunos especialistas. ¿Cuánto cuesta un misil balístico? ¿Cuántos se han usado? ¿Qué precio tienen los sistemas antimisiles? La prensa no cesa de publicar al respecto.

Entretanto, la conexión entre la agresión bélica y el deterioro de la situación de seguridad a nivel regional ha creado una incertidumbre propia de este tipo de acciones, pues las infraestructuras financieras y turísticas se han convertido en objetivos militares.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo ha estimado que esta guerra genera pérdidas diarias de 600 millones de dólares en la industria turística, afectando aeropuertos, aerolíneas, hoteles y cruceros en toda la región.

Por otra parte, según reportes, han sido numerosas las instituciones financieras que han cerrado sus sucursales y han comenzado la evacuación de su personal en las naciones que han sido blancos de ataques –o podrían serlo–, como respuesta de Irán al bombardeo contra una de sus instalaciones bancarias.

Volviendo a los números, otra de las aristas respecto a la sustentabilidad de las guerras es el desembolso millonario en material bélico. De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el conflicto armado contra la nación persa les cuesta a los contribuyentes estadounidenses más de 890 millones al día. Aun cuando el inicio de este tipo de conflicto suele ser la parte más costosa, su prolongación –dado que en este momento no se avizora solución cercana– llevaría sin duda a un desgaste económico cuya repercusión principal será en los ciudadanos. Por ejemplo: el precio de la gasolina en EE. UU. lleva más de diez días de subida.   

Además, mientras los gobiernos se gastan sumas elevadísimas en armamento, ni drones ni misiles ni bombas distinguen entre objetivos militares, escuelas, hospitales, viviendas. Daños colaterales, dirán.

¿Qué vendrá después? Hambruna, violencia, pobreza, desplazamientos, colapso de sistemas de Salud... Mírese el mundo en Gaza –por solo mencionar un sitio devastado y una población agonizante. 

No se trata de vaticinios y pronósticos. En un mundo donde muertos, heridos, armamento, infraestructura son tratados como números… la cuenta no da.

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