Alfaro y Martí, Guayasamín y Fidel son, sin duda, los más altos exponentes de las históricas relaciones que han hermanado a Ecuador y Cuba. Esas raíces dieron como fruto un vínculo entre ambos pueblos que no ha permitido que los intentos más fuertes de aislarlos lograsen su objetivo.
Así lo dejaron claro cuando, el pasado 4 de marzo, el Gobierno de ese país declaró persona non grata al colectivo de la Embajada de la Isla en Quito.
Como «innumerables» calificó el embajador cubano, Basilio Gutiérrez, las «muestras de cariño, solidaridad y acompañamiento que recibimos de importantes personalidades, organizaciones políticas y sociales de los más diversos sectores de la sociedad ecuatoriana, quienes condenaron de manera vigorosa e inequívoca la actitud servil y vergonzosa de su Gobierno».
De esa manera lo expresó este jueves, en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores en La Habana, donde se le dio la bienvenida al personal diplomático y demás trabajadores que regresaron a la Mayor de las Antillas, con la presencia del miembro del Buró Político y canciller, Bruno Rodríguez Parrilla, y el jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido, Emilio Lozada García.
Al respeto, Gutiérrez enfatizó que «la decisión del Gobierno ecuatoriano se produce en el contexto de una agresividad creciente de EE. UU. contra Cuba, que recientemente declaró a nuestro país como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional, como pretexto para intensificar la asfixia económica y el bloqueo petrolero.
«El imperio, que nos odia y desprecia, pretende, bajo la presión de la fuerza y el chantaje, sumar a otros gobiernos de América Latina y el Caribe a las acciones agresivas y de desestabilización contra nuestro noble pueblo, en un vano intento para quebrar la voluntad a toda prueba de esta tierra sagrada de gigantes», sostuvo.
Reiteró que su colectivo de trabajo «cumplió estrictamente con el respeto a las leyes y al ordenamiento del Estado ecuatoriano, sin inmiscuirse en sus asuntos internos, en correspondencia con la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961».
Por lo tanto, dijo a la prensa, «es inexplicable y arbitraria la decisión que se tomó». El diplomático agregó que «el colectivo estuvo a gran altura, actuó con disciplina y organización» para, en solo 48 horas, evacuar a todo el personal –que incluía a dos bebés de meses– y garantizar las cuestiones oficiales.
«Eso no hubiese sido posible –insistió– si no tuviésemos esa cohesión de trabajo, también la organización y al mismo tiempo el apoyo y la solidaridad de los amigos ecuatorianos y cubanos también residentes».
«Estamos muy agradecidos por esos sentimientos –afirmó– y, al mismo tiempo, entendemos que el futuro de América Latina y el Caribe tiene que ser necesariamente de integración, de unidad».
De su lado, la viceministra de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, manifestó: «Nos enorgullece y nos honra recibir a los funcionarios diplomáticos, demás trabajadores de la Embajada de Cuba en Ecuador, quienes representaron dignamente –y hasta el último momento– los valores de la diplomacia revolucionaria cubana y defendieron con firmeza los intereses de la Patria».
Afirmó que la acción inamistosa del Legislativo andino es muestra de su «servilismo y subordinación total a los intereses y directrices de EE. UU. en contra de nuestro país».
«La actuación entreguista del Gobierno de Ecuador para nada refleja el sentimiento ni la voluntad del hermano pueblo de ese país», subrayó. Y señaló además, que no se trata de un hecho aislado, sino que «forma parte de la estrategia del Gobierno de EE. UU. hacia Nuestra América, que pretende quebrantar la unidad latinoamericana y destruir los esfuerzos integracionistas y los sólidos consensos alcanzados durante años, que permitieron avanzar en una agenda de interés común y declarar a la América Latina y el Caribe como una Zona de Paz», a la vez que «intenta manchar el ejemplo de Cuba y su Revolución en nuestra región y en el mundo».















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