El mundo ha escuchado un ultimátum a la humanidad en pleno siglo xxi desde Estados Unidos dirigido al pueblo iraní: ríndanse o los mato a todos.
Para ese minuto ya las bombas sofisticadas del Pentágono y los aviones sionistas habían privado de la vida a muchísimas personas, y el coro cómplice mediático no podía ocultar las víctimas.
Hay entre los fallecidos niños que, con su muerte temprana, nunca llegaron a saber qué es una «amenaza nuclear», un «cambio de régimen», la «falsa democracia», la «negociación tramposa» o «la paz por la fuerza».
En las primeras horas del zarpazo se hablaba de 80 mártires iraníes, mientras casi ningún país de la región con presencia de bases militares estadounidenses escapaba del impacto de la guerra, y se disparaban las pérdidas humanas, materiales, económicas y los precios del combustible.
El fascismo sigue expandiendo la guerra, la mentira y la muerte por todo el mundo. La tercera conflagración mundial tiene su estado mayor en un Washington de democracia fracturada, resentimientos, polarización política, escándalos, temores, amenazas, extremismos, falta de ética y de escrúpulos.
Asesinar al líder religioso y espiritual iraní era un objetivo estratégico de las primeras oleadas de bombardeos, y así lo reafirma la concentración de los ataques desde el inicio de la agresión de EE. UU. e Israel y las matrices informativas de los medios al servicio de la agresión.
Matar símbolos, culturas, la libertad religiosa, su patrimonio o a millones de fieles es parte del guion, o más bien, de los obstáculos a echar a un lado para que avance el plan de dominio global, sin importar la ONU, su Consejo de Seguridad, las superpotencias, la Unión Europea, los Brics o el propio Congreso estadounidense.
Las voces antifascistas de ayer y de hoy se hacen presentes en una hora de grave amenaza para la humanidad, y viene a la mente el mensaje del eterno periodista y escritor checoslovaco Julius Fucik, víctima de sus garras, cuando nos dejó un mensaje imprescindible antes de ser ejecutado: «Hombres, os he amado. ¡Estad Alertas!».















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