ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las fuerzas israelíes desplazan del campo de refugiados en el norte de Cisjordania, a madres y niños. Foto: Wahaj Bani Moufleh

Palestina es una sola. Sus habitantes viven en un país herido, con una ciudad de Gaza convertida en escombros, debajo de los cuales todavía yacen cadáveres, víctimas del genocidio israelí, y una región de Cisjordania, asediada por el mismo agresor empecinado en su anexión.

El genocidio sionista contra los habitantes de Gaza, además de constituir el mayor crimen que aún se comete, ante la mirada de la comunidad internacional y la inacción de las instituciones que deben actuar en su solución, ha ocupado el escenario mediático internacional en los dos últimos años.

Los bombardeos contra Gaza ya han dejado la muerte de unos 75 000 palestinos, de los cuales más de 21 000 son niños y 10 000 mujeres.

Allí el régimen sionista de Israel se ha propuesto el macabro plan de acabar con los niños, para que no crezcan y puedan hacerse combatientes de la resistencia, y con las mujeres, para que no traigan al mundo nuevos hijos que puedan tener igual propósito.

Para que el crimen sea completo, además de las muertes por los misiles y las bombas, cientos han fallecido por el hambre y la falta de atención médica, debido al cierre de las fronteras, lo que no ha permitido el acceso a miles de rastras con alimentos o por la destrucción de hospitales y otros centros de Salud, ni la entrada de la Cruz Roja para brindar atención urgente a niños que cada día suman más víctimas y más desamparo.

Pero la Palestina herida y mutilada tiene en Cisjordania otro componente, quizá, menos mediático, pero de igual forma agredido y pisoteado por las fuerzas del odio y el mal provenientes de Israel.

Contra la población palestina de Cisjordania se impone una segregación, con la expulsión sus miembros, y se les despoja de sus viviendas, mientras se construyen miles de asentamientos judíos.

Recientemente, el régimen israelí aprobó una iniciativa que incluye la designación como «terrenos del Estado» a extensos territorios de Cisjordania y amplía sus competencias en esta parte de Palestina.

Cerca de 20 países condenaron las recientes medidas de Israel para formalizar su ocupación de Cisjordania.

«Estas decisiones forman parte de una trayectoria clara que tiene por objeto cambiar la realidad sobre el terreno y promover una anexión "de facto" inaceptable», reza la declaración conjunta de los cancilleres de esos países.

Allí han sido destruidas miles de hectáreas sembradas de olivo, cultivo principal para el sustento de sus habitantes, y no pocas veces los ocupantes israelíes asesinan a pobladores palestinos, verdaderos dueños de esas viviendas y esos cultivos.

En este clima vive el mundo de nuestros días, y dentro de él, Palestina mutilada y sin augurios de que se le permita vivir en paz, desarrollarse, mantenerse en sus tierras, y cultivar sus olivos, o, siquiera, poder recoger a sus muertos que yacen bajo los escombros de una Gaza devastada.

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