ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
«En el fondo, lo que está en juego aquí es mucho más. No solo Cuba, o esta generación. Es América Latina completa». Foto: Mario Ernesto Almeida

Dice Alejandro «el Mono» González, premio nacional chileno de Artes Plásticas 2025, que el hecho de que su último cartel esté regado por las paredes de Santiago de Chile –y graficando hoy la portada de este diario– no es exactamente una provocación.

En el diseño se atisba un rostro. El cabello al viento forma tres listas azules y dos blancas. Lo precede un perfil rojizo del que emerge una estrella. Es la cara y es la bandera, ambas en una, contra el viento… y abajo la sentencia «alarídica» de que «Cuba no está sola».

No es una provocación, insiste, «es la prueba de nuestra presencia, de que estamos vivos y de que hay conceptos e ideas que vamos a defender. Y en el fondo, estamos luchando por proteger a Cuba de la agresión que vive, pero también por la soberanía de nuestros países, que es la soberanía de nuestras ideas, de nuestras formas de ser, de nuestras identidades.

«Los muros tienen esa lectura. Está la historia ahí. Tienen ese carácter. Yo lucho porque no se pierda. Para mí la lectura y el reflejo de la sociedad están en los muros de las calles, en sus huellas. No me imagino una ciudad blanca, limpia y pura, porque es como si no existiera, como si no fuera habitada. Al mismo tiempo, las calles, sus muros, son un espacio en disputa».

El taller y la galería del Mono están escondidos en los entresijos del Persa Bío Bío, un mercado popular inmenso de la zona centro sur de Santiago de Chile. Son manzanas y aceras que los fines de semana «abren los ojos» para abarrotarse de lo inimaginable: antigüedades, restaurantes, cafés, muebles, cerrajeros, vendutas de cámaras, libros, cd, casetes, peces, artesanías y tres páginas de etcéteras.

Desde hace poco más de una década, este es el espacio del Mono, su micromundo. Trabaja en su taller en medio de la tranquilidad casi desértica que lo colma todo de lunes a viernes. Sábado y domingo, cede el taller para que trabajen otros artistas y abre su galería, en uno de estos mismos pasillos, donde interactúa con cientos de personas que pasan.

Para explicar por qué su espacio de creación es un mercado público, se va a la literatura de cordel y a la lira popular que desde siempre colgaron de un lado y de otro en los grandes comercios latinoamericanos, con ilustraciones, prosas o poesías que contaban una historia.

Es una comercialización directa, explica, pero además popular, a bajo costo, que tiene que ver con el grabado y la filografía.

«Y es político, porque soy militante; es social, porque trabajo con la comunidad, para la comunidad y en el propio territorio; y hay una línea editorial, pues como creador no me considero artista, sino un trabajador del arte. Estamos hablando de reflejar lo cotidiano, lo contingente del día a día en la lucha social».

UNA ESCUELA

El camino no empezó ahora, a los 78 años del Mono. Hay que ir bien atrás, insta, a sus tiempos en las Brigadas Ramona Parra, de las juventudes comunistas.

«Por el año 1967 nosotros formamos esas brigadas, que en buena medida fueron las que le hicieron la campaña presidencial a Salvador Allende en las calles, pintando letreros y propaganda. Estoy hablando de gente que nunca había pintado nada, pero que trabajó con tanta intensidad que llegó a convertirse en mano especializada, ya con una orgánica a lo largo de todo el país para el día cero del gobierno de la Unidad Popular.

«Cuando triunfó Allende, Chile estaba completamente rayado, porque la pelea por los muros fue intensa. En las Brigadas Ramona Parra éramos voluntarios, militantes, pero no artistas; estudiantes, trabajadores y jóvenes en general, porque para estar en la calle y hacer ese trabajo había que tener preparación física y rapidez en lo clandestino; era una intervención pública sin permiso. No solo eso, la oposición tenía mercenarios a los que pagaba para que hicieran las cosas, mientras lo nuestro era voluntario.

«La pregunta era: triunfa Allende y ¿qué hacemos? Pues nada, seguimos ocupando los muros. Las letras las transformamos en imágenes y todos estos cabros jóvenes empezamos a ponerle gráfica, mural, a la consigna, cosa que muchas veces acá en el Partido Comunista nos criticaban, porque pintar figuras en las calles era, para muchos, como malgastar los materiales del pueblo.

«Pero fíjate que han pasado casi 60 años y eso es patrimonio. Mi premio nacional de hoy día es producto de toda esa historia, porque se creó una identidad, un estilo, un carácter…

«Una de las características de nuestra escuela brigadista es lo colectivo, a veces muy anónimo, pero participativo. Por eso el cartel por Cuba que hacemos hoy está libre, para que lo descarguen y lo muevan por todas partes del mundo, más allá de nuestra capacidad inmediata de impresión.

«En el año 71, participé en el Primer Encuentro de Plástica Latinoamericana en Cuba. Fue en Casa de las Américas, donde tuve la suerte de conocer a Haydee Santamaría. Ahí compartí con los mejores diseñadores gráficos de la época y me marcaron mucho.

«Nos prepararon un programa de 15 días con charlas, con diseño; fueron talleres y seminarios muy interesantes, con un modelo que hemos replicado muchas veces acá en Chile y que tiene que ver con preparación de mano de obra, formación ideológica, intelectual, que transformó a la misma Brigada Ramona Parra».

UN CONCEPTO DE ARTISTA Y MILITANTE

«Mi concepto de artista es como el concepto del obrero, del trabajador, de un ciudadano. Al fin y al cabo, lo que hace es la huella del tiempo en que habita. El militante… ser consecuente. Estar alerta. No ser neutralizado o aprovechado.

«Yo soy premio nacional hoy día y tengo que mantenerme muy íntegro, muy consciente, muy claro, porque también puedo ser neutralizado en mis conceptos y mis ideas si me asimila el sistema.

«La dictadura mató a mucha gente y la democracia neutralizó a otros tantos que sobrevivieron. Yo he sido un poquito porfiado con la consecuencia, que no es solo en la creación artística, sino en la misma forma de vivir. Puede que mis hijos no estén de acuerdo conmigo, que tengan otros conceptos y formaciones, pero el ejemplo también vale respeto. Y los países necesitamos que nos respeten; los ciudadanos necesitamos que nos respeten.

«La presión y la presencia del afiche de Cuba en nuestras calles, para lo cual no le pedimos permiso a nadie, no va en función solamente al público en general, también va dirigida a quienes deberían ser los primeros en la línea de fuego.

«Estoy a contratiempo. Estoy viviendo algo que no pensaba que iba a vivir: lo de Palestina. Pensé que habíamos superado la barbarie cuando Vietnam.

«A Cuba le están haciendo un cerco. No solo a Cuba, es también una señal a nivel mundial. Si el genocidio en Palestina se traslada a la Isla, lo mismo ocurrirá justo después con todos los movimientos sociales de este continente.

«Lo que estamos conversando es una razón de ser… para entender lo que significa resistencia. Con la dictadura, se supone que habían borrado al Partido Comunista y por lo tanto también sus expresiones culturales y sus identidades. Y mira, una de las cosas que más sobrevivieron fue esa identidad de la pintura en la calle. Y las gentes, las generaciones, se han criado en Chile con eso. O sea, lo que le quiero decir al pueblo cubano es que lleva en sí una identidad, un carácter y una resistencia de años que no se borra con ningún cerco.

«En el fondo, lo que está en juego aquí es mucho más. No solo Cuba, o esta generación. Es América Latina completa. Estamos hablando de resistencia, de porfía. ¿Por qué resistimos? ¿Por qué sobrevivimos?».

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.