ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Casi un millón de especies conocidas viven en los mares. Además de facilitar el comercio mundial de bienes y servicios, son la columna vertebral de múltiples industrias. Foto: Tomada de citma.gob.cu

En medio del desastre ecológico global, 2026 comenzó con al menos un suceso alentador: la entrada en vigor del primer instrumento jurídicamente vinculante para contener la degradación de la alta mar y el lecho marino internacional.

Tras negociaciones por espacio de dos décadas, el 17 de enero cobró vigencia el Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina más allá de las Jurisdicciones Nacionales (BBNJ, por su sigla en inglés), en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Adoptado el 19 de junio de 2023, el pacto alcanzó ya el requisito obligatorio para su puesta en funcionamiento, al cumplirse los 120 días después de la fecha de depósito del sexagésimo instrumento de ratificación, señaló un anuncio oficial.

Para el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) de Cuba, el acontecimiento «marca un antes y un después en la gobernanza ambiental global». Por primera vez –razonó–, se logró una regulación común para proteger los ecosistemas más lejanos y menos controlados del planeta.

Esta normativa –juzgó el organismo– es a la vez coherente con la Meta 3 del Marco Global de Kunming-Montreal sobre Diversidad Biológica, que busca proteger al menos el 30 % de los ecosistemas marinos de cara a 2030.

Según recordó el Citma, el Estado cubano fue uno de los diez primeros en formar parte del Acuerdo bbnj. El Presidente Miguel Díaz-Canel firmó este histórico tratado, en Nueva York, en septiembre de 2023, cuando la isla ejercía la conducción pro-tempore del Grupo de los 77 + China.

El BBNJ procura varios objetivos fundamentales, entre ellos, la creación de mecanismos de gestión basados en áreas, incluidas las zonas marinas protegidas en alta mar, con el fin de conservar la diversidad biológica y garantizar su uso sostenible.

Otro propósito es la implementación de un marco global y armonizado para evaluar el impacto de actividades planificadas, tales como la pesca, el transporte marítimo, el tendido de cables subacuáticos, la minería en los fondos marinos y la prospección biológica, con potenciales efectos negativos en términos ambientales.

Asimismo, plantea regular la recolección de recursos genéticos (para usos farmacéuticos, industriales o científicos) en alta mar y en los fondos marinos internacionales, y garantizar que los beneficios derivados se compartan de manera justa y equitativa.

También defiende el establecimiento de disposiciones obligatorias para que los Estados Parte cooperen en el fortalecimiento de las capacidades científicas, técnicas y tecnológicas de las naciones en desarrollo, y, en particular, de los Estados sin litoral o geográficamente en desventaja.

En su página web, el Citma destacó que el documento establece, además, un mecanismo de financiación y distintos engranajes institucionales, entre ellos, una Conferencia de las Partes, cuya primera reunión deberá celebrarse a fines del presente año.

Un amplio consenso científico avala la urgencia del BBNJ. Por ejemplo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza alertó, a la altura de 2022, que más del 37 % de las especies de tiburones y rayas, el 36 % de los mamíferos marinos y el 33 % de los corales de arrecife están en peligro de extinción.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura reportó que la proporción de poblaciones de peces capturados dentro de niveles biológicamente sostenibles continúa en retroceso, y el problema se agrava debido a la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada en alta mar.

Al mismo tiempo, el incremento de la eutrofización y la acidificación, así como el calentamiento de las aguas y la contaminación por plásticos empeoran la salud de los mares, sostienen distintos análisis.

En opinión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la preservación de los glaciares también resulta esencial, dado su papel en la regulación del sistema oceánico. Sin embargo, desde el año 2000, han perdido un 5 % de su volumen, lamentó la institución.

Al ritmo actual, una cantidad de hielo equivalente a tres piscinas olímpicas se derrite cada segundo, provocando un aumento del nivel del mar 2,5 veces más rápido que a comienzos del siglo XX, dijo la Unesco.

Si el BBNJ llegara a implementarse con plenitud, sería una contribución vital para abordar la llamada triple crisis planetaria, del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. La puesta en vigor del instrumento jurídico apenas significa un primer paso, en un camino colmado de incertidumbres.

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