ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Lacoste

En 1991, durante el 46 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mundo fue testigo de un hito diplomático que marcó el inicio de una condena global sostenida. En esa ocasión, Cuba presentó por primera vez un Proyecto de Resolución contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a la Mayor de las Antillas.

A pocos días de ello, la delegación cubana retiró el documento, debido a las fuertes presiones de Washington sobre gran parte de los países representados. Luego, el 24 de noviembre del año siguiente, la nación caribeña, por segunda vez, presentó el Proyecto, el cual fue sometido a votación.

Aquel escrutinio, con 59 votos a favor, 3 en contra, 71 abstenciones y 46 ausentes, sentó un precedente que, 33 años después, sigue siendo un reflejo de la postura mayoritaria de la comunidad internacional, a pesar de que la política restrictiva de la Casa Blanca no solo persiste, sino que se ha recrudecido.

La Resolución 47/19, titulada «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba», fue un punto de inflexión. Por primera vez, el órgano deliberativo más representativo del mundo utilizó su voz para señalar una política unilateral que afectaba desproporcionadamente a la población de un Estado miembro.

La disparidad en los resultados de la votación ya evidenciaba un aislamiento internacional para la política de Washington, anticipando una tendencia que se profundizaría con el paso de los años, demostrando que, incluso, frente a una potencia hegemónica, la voluntad colectiva de la comunidad internacional podía manifestarse, validando la voz del multilateralismo y el derecho de las naciones a la autodeterminación y al desarrollo sin injerencias.

Desde entonces, cada sesión anual de la Asamblea General se convierte en un referéndum simbólico contra el bloqueo. El apoyo a la Resolución ha crecido de manera constante a lo largo de las décadas, dejando a la potencia del norte, junto con un puñado de aliados, en una postura consistentemente minoritaria.

Paradójicamente, la firmeza y la persistencia de la reprobación internacional no se han traducido en un cambio en el actuar de Washington. Por el contrario, esta política anacrónica, bajo falsas justificaciones, se ha recrudecido, especialmente durante los mandatos de Donald Trump, alcanzado niveles sin precedentes y deteriorando la calidad de vida de la población cubana al obstaculizar el acceso a bienes esenciales en sectores vitales como la salud, la alimentación y la energía.

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