Una infame mercenaria rechazada por el 90 % de los venezolanos llama al golpismo para propiciar la invasión militar de Estados Unidos, su amo y protector; una anexionista con asiento en el Capitolio, insulta desde la guarida de la mafia terrorista en Miami a una candidata presidencial chilena por defender a Cuba; un asalariado de Marco Rubio, meteorólogo antimartiano, lamebotas en redes y vocero del Comando Sur, augura un inmediato baño de sangre sobre Caracas y otras capitales.
Para tales noticias, un coro robótico o mercenario desata la furia del odio y la incitación al linchamiento total en las redes. El andamiaje del fascismo a lo Rubio-Trump está en pleno apogeo, con el amparo de los multimillonarios del imperio de los algoritmos y
grupúsculos de apátridas atraídos a la Florida por el negocio de la guerra contra el «comunismo» y el «socialismo».
«La amenaza comunista», el gran pretexto de la Guerra Fría, se apodera de la hora de los odiadores, de los días del neofascismo nuclear y arancelario, cuando el dudoso asesinato de un vocero de la ultraderecha y la victoria de demócratas en estados claves, sirven de pretextos para lanzar millonarias campañas de intimidación masiva y pánico a todo lo que no sea republicano y pro-Trump.
El pasado 7 de noviembre, fecha que conmemora el aniversario del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia en 1917, los políticos más extremistas de la ultraderecha en Estados Unidos llegaron a Miami para intimidar y prejuiciar a sus habitantes contra el Partido Demócrata, utilizando el viejo discurso de la Guerra Fría, o quizá más cercano al del fascismo de Hitler.
Santuario del terrorismo, el golpismo y las agresiones contra América Latina, la ciudad dorada para dictadores, asesinos y torturadores prófugos de la justicia o esbirros, expresidentes proyanquis bajo protección, llenó los auditorios de estudiantes de secundaria, pilotos de la fuerza aérea, personas muy jóvenes para adoctrinar y llenarles la cabeza de odio contra los demócratas, en el que los neofascistas han satanizado como el «Día de las víctimas del comunismo».
Es la maquinaria del miedo a toda velocidad e intensidad, acompañada de la racista cacería de inmigrantes, la venganza contra políticos, periodistas, jueces, militares, fiscales, artistas, cineastas, exfuncionarios, aliados de hace pocas horas.
Nadie escapa cuando un nuevo «gran dictador» y un Pinocho cubanoamericano, más que nuevo Goebbels, se aferran a sus ambiciones de poder y a sobresalir diariamente por sus locuras, mentiras, conspiraciones y crímenes, sin obediencia ni ataduras a organismos multilaterales, a socios o aliados. Nada les importa más que el poder y sus dividendos económicos.















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