A instancias de un «amigo» compraron un pasaje de avión hacia Sudamérica, el hombre que les contactó a través de internet dijo que les esperaría en el aeropuerto, parecía un tipo simpático y desenvuelto, además, había sido muy bien recomendado por un conocido residente en Miami.
El «amigo» les dio instrucciones por WhatsApp y alardeó del éxito de sus «trabajos» anteriores; gracias a él, muchas personas habían alcanzado el American Dream, pero lo que no les mencionó es que les esperaba una larga caminata por la provincia de Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá, considerada una de las selvas más peligrosas del mundo.
El recorrido tomó seis días y les guiaron hombres armados, durante el camino no pudieron comer, los guías les robaron casi todo lo que traían que pudiera parecer de algún valor y exigieron a los migrantes sexo a cambio de agua para beber.
El camino estaba sembrado de esqueletos y de objetos abandonados, encontraron una mochila rota de esas que usan las niñas para la escuela primaria, con una Barbie rubia y sonriente en la tapa que les sirvió para acomodar las pocas pertenencias que les dejaron.
No fueron menos rudas las condiciones que tuvieron que enfrentar para llegar a la ciudad de Tapachula, en la zona limítrofe entre México y Guatemala. Allí les esperaba un hombre al que le decían «Lobo». Pasaron la noche
dentro de un contenedor de mercancías, acompañados de 12 personas más, dos hombres armados con machetes imponían silencio.
A la mañana siguiente, Lobo les compró un pasaje de avión para que volaran a Monterrey. Se hospedaron en un pequeño cuartucho de un hotel de la capital de Nuevo León.
En una breve reunión, el coyote les explicó, a ellos y a tres migrantes más, que en la mañana siguiente un chofer los llevaría hasta el Río Grande, último obstáculo para finalmente llegar al «sueño dorado».
Era de mañana bien temprano cuando llegaron al río, la corriente era fuerte y les arrastraba. Ya estaba a la vista el lado texano, respiraron aliviados, pero al llegar a tierra fueron detenidos, no por agentes de la Patrulla Fronteriza, sino por hombres armados, enemigos o aliados del coyote que les había llevado hasta allí, no se sabe, los sacaron del agua, atados y con los ojos vendados fueron conducidos a una camioneta. Partieron con rumbo desconocido.
Días después, los familiares recibieron una llamada para comunicarles que, si no entregaban 50 000 dólares, jamás encontrarían de nuevo viva a la pareja.













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20 de septiembre de 2019
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