ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Duque asumió la Presidencia tras ocho años de mandato de Santos. Foto: AFP

Hace una semana fue la ceremonia de investidura de Iván Duque, quien tomó el puesto que dejó Juan Manuel Santos tras ocho años en la presidencia de Colombia. Y la herencia que recibe este pasa por clarificar las amenazas a las que está sometido el Acuerdo de Paz alcanzado en La Habana con la entonces FARC-EP, hoy Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, tras ese compromiso logrado. Transita, además, por el actual diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Pero el peso mayor de la transmisión de mando radica en que el nuevo mandatario estrena un Gobierno con la mancha de un intento de magnicidio el pasado 4 de agosto contra el presidente venezolano Nicolás Maduro Moros.

Aunque la administración anterior no lanzó a Duque a los brazos del uribismo, no hay duda de que el factor genético es el mismo que el de su predecesor de cara a la animadversión contra la Revolución bolivariana y chavista. Incluso, estos genes han demostrado ser más malignos.

Está claro que las nueve bases militares de Estados Unidos en ese país y su nueva relación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) forman parte del legado que mantiene a Colombia en este cambio de mando como punta de lanza imperial en la estrategia geopolítica de América Latina y el Caribe.

ACUERDOS DE PAZ y DIÁLOGO CON EL ELN
Prueba de esos rasgos hereditarios la dio el propio Duque durante su campaña, en la cual lanzó la propuesta de modificar el Acuerdo de Paz con las FARC-EP y evitar con ello que los integrantes de esa agrupación accedieran a cargos públicos antes de comparecer frente a la justicia.

Los acuerdos de paz con las FARC son el elemento crucial de la transición de Colombia, ya que muchos consideran que la reconciliación y la convivencia, y a la larga, el futuro del país, obedecen a la conducción en la continuidad de ese proceso.

Andrea Salazar, defensora de Derechos Humanos y miembro del comité negociador del acuerdo de paz, consideró que el país del sucesor de Santos posee un reto primero que gira en torno a la implementación de lo pactado en La Habana hace meses.

«Por un lado, darle estabilidad jurídica al acuerdo, o sea, dejar en firme las decisiones que ya previamente se han tomado, pero terminar de reglamentar todo lo que supone la implementación del acuerdo», sostuvo Salazar.

Igualmente, señaló que resulta necesario fortalecer la etapa de implementación, porque aun cuando Duque recibirá un Estado con las farc desmovilizadas, todavía «no se han tomado las decisiones necesarias sobre el curso del proceso para la reincorporación a la vida civil».

Sin embargo, cabe destacar que aunque tienen un duro camino por delante, las FARC surgieron y existen hoy día para insuflar nuevos aires a la política colombiana, tengan el nombre que sea.

Uno de esos impactos ha sido el proceso de negociación con el eln, el cual recientemente concluyó su sexto ciclo de conversaciones en La Habana.

Entonces, Pablo Beltrán, jefe de la delegación que representó al grupo guerrillero, declaró que mantienen su disposición al diálogo con el nuevo Gobierno y que aún conservan la esperanza de una salida política a la confrontación.

De acuerdo con ambas partes de la mesa de negociaciones –eln y el Gobierno saliente–, las bases para el cese al fuego están acordadas en un 80 %, por lo que un séptimo ciclo podría dar el impulso final.

No obstante, si bien la postura del nuevo mandatario con respecto al eln no apuntaba a que se convertiría en uno de los defensores del diálogo, luego de las crecientes tensiones motivadas por la toma de rehenes por parte de la guerrilla, el panorama se presenta mucho más complicado.

Aun cuando la organización guerrillera, mediante un comunicado, dijo que estaba dispuesta a liberar a las nueve personas secuestradas, en las últimas jornadas, el presidente Duque ha aparecido en las páginas de varios medios «cafeteros» (El Tiempo y El Universal, entre otros) enviando fuertes mensajes al ELN y reiterando que, si no las liberaban, no se sentaría a la mesa de diálogo con ellos.

Ahora la interrogante es si estos últimos sucesos vendrán a ser un nuevo pretexto para dilatar el proceso de paz, o si por el contrario serán aprovechados como una oportunidad para acercarse y que cada actor ponga sobre la mesa sus condiciones.

El Gobierno de Santos concluyó sus diálogos de paz con el eln sin haber logrado mucho, así que lo que se espera es que Duque decida si va a continuar en tal dirección.

«Falta muy poco, yo diría que un 10 %, para iniciar el cese al fuego real y verificable, y continuar con el resto de la agenda», aseguró Santos a seis días de ceder el poder al derechista Duque, un crítico de la forma en que el primero ha llevado los diálogos, lo que sugiere que habrá nuevos métodos, como mínimo.

A pesar de todo, en reiteradas oportunidades, los dirigentes del eln han mostrado su plena disposición a continuar el proceso de paz y el trabajo por la apertura de un séptimo ciclo de conversaciones. Más allá de la falta de garantías que representa y lo preocupante de los asesinatos de líderes y lideresas sociales, una cifra que ya asciende a más de 450, según un reporte de Telesur.

UN «BREXIT SUDAMERICANO»

Hace poco, el expresidente de Colombia y secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Ernesto Samper, instó a la administración de Iván Duque a que analice las consecuencias negativas que traería para la nación de América Latina su salida de dicho organismo.

Calificó como un grave error la decisión de Duque de apartarse de la confederación de los países sudamericanos ya que esto causaría que la nación quedase completamente aislada regionalmente.
«Espero que el Gobierno medite con serenidad esta decisión y, si la toma, que evalúe los costos que implicaría este «Brexit Sudamericano», habría expresado Samper al conocer que el nuevo mandatario anunció la retirada de su país de la Unasur, cumpliendo otra promesa que hizo durante su campaña presidencial.

Por otro lado, recientemente, el ministro de Exteriores colombiano, Carlos Holmes Trujillo, apuntó que el retiro de Colombia de Unasur ha motivado a otros pueblos a seguir sus pasos. «Estamos en un proceso de consultas con otros países que aparentemente desean tomar el mismo rumbo», dijo.

SATÉLITE ESTADOUNIDENSE

En resumen, si se mira el mapa de los actuales gobiernos, América Latina y el Caribe está atravesada por la influencia estadounidense, la propaganda mediática y una mezcla de acomodados y arribistas en cada territorio que se niega a solidarizarse con los más necesitados.

En este contexto, el triunfo de Iván Duque representa un refuerzo de la actual política colombiana subordinada a Estados Unidos, la elevación del riesgo de reavivar el conflicto social interno y de comprometer a Colombia en acciones bélicas contra Venezuela –como la del pasado 4 de agosto– y otras naciones.

Su elección por quienes lo respaldan augura la permanencia de militares estadounidenses y el uso de bases colombianas por parte de ee. uu., el retroceso de los procesos de integración soberanos y pone en riesgo la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz lograda en la reunión de la Celac del 2014, en la capital cubana.

Duque apunta a ser un presidente en manos de la oligarquía y las fuerzas a su servicio, lo que producirá una acentuación del neoliberalismo y la propiedad concentrada de la tierra, las finanzas y los medios, alejando toda posibilidad de disminuir las enormes brechas de desigualdad.

En definitiva, y en términos geopolíticos, todo indica que el nuevo presidente seguirá con la política de servir a los intereses estadounidenses en la región.

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