ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Archivo

A 50 años de abrirse a la firma el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, el escenario internacional gira en torno a la desnuclearización de la península coreana, pero poco se habla del arsenal de otras naciones que engordan, gracias a la carrera armamentista, sus economías.


Varios han sido los encuentros de alto nivel para zanjar el llamado conflicto coreano. En ellos, además de los locales al Norte y al Sur de la línea fronteriza, han intervenido grandes potencias como Estados Unidos, China y Rusia, a fin de lograr la desnuclearización definitiva de la península.


Seúl y Pyongyang parecen haber hallado el camino hacia la paz, pero esto, más allá del beneficio que pueda traerles a los habitantes de un lado y del otro de la franja, algunos han querido interpretarlo como la cesión de Kim ante presiones foráneas, en especial las de Estados Unidos, nación que se sustenta en la industria de las armas y despliega su influencia por el mundo a través de bases militares y otras acciones.


De ahí que la falta de transparencia motivada por juegos de poder dificulte también el avance hacia un mundo «desnuclearizado».

Cinco décadas atrás, los firmantes del Tratado lo advertían, con un tono desiderativo: el documento partía del deseo de «promover la disminución de la tirantez internacional y el robustecimiento de la confianza entre los Estados con el objetivo de facilitar la cesación de la fabricación de armas nucleares, la liquidación de todas las reservas existentes de tales armas y la eliminación de las armas nucleares y de sus vectores en los arsenales nacionales en virtud de un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional».


Como bandera se levantaba entonces la idea de «las devastaciones que una guerra nuclear infligiría a la humanidad entera y la consiguiente necesidad de hacer todo lo posible por evitar el peligro de semejante guerra y de adoptar medidas para salvaguardar la seguridad de los pueblos».


En la base de estos planteamientos se lee un sobrentendido fundamental: «la proliferación de las armas nucleares agravaría considerablemente el peligro de guerra nuclear».


No obstante, el tratado no fue tan lejos como pudo o debió. En vez de proscripción, prefirió emplear la frase «no proliferación», y con ello continuaba dejando abierta la brecha entre los países que ya tenían las armas nucleares y los que no. Pareciera que con este tratado se buscara perpetuar la posición de asimetría entre el grupo de naciones que marcan la hegemonía global y el resto.


Una ojeada a los poseedores de armas nucleares podría esclarecer mucho en este sentido: con Estados Unidos y Rusia a la cabeza, la lista la completan el Reino Unido, China, Francia, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.


Saltan a la vista por su menor peso en la economía –aunque no en la geopolítica– los casos de Pakistán y Corea del Norte. Pero habría que entender elementos de trasfondo: ambos Estados salieron de guerras que marcarían a sus ciudadanos y se volcaron hacia la defensa a ultranza de sus territorios.


El resto de los países en posesión de bombas nucleares no sorprende. El diferendo Estados Unidos-Rusia, trasnochado en una Guerra Fría que han calificado de caliente por su constancia y puntos de tensión sin par, se sabe clave en la búsqueda de armamentos letales. En esa búsqueda chocaron con los nucleares.
Sin embargo, Vladimir Putin ha reiterado que Rusia está interesada en encontrar una solución definitiva a este problema mediante el diálogo. «Nos gustaría ayudar y participar en la búsqueda de una solución para la desnuclearización».


A los efectos del Tratado sobre la no proliferación… «un Estado poseedor de armas nucleares es un Estado que ha fabricado y hecho explotar un arma nuclear u otro dispositivo nuclear explosivo antes del 1ro. de enero de 1967».


El año pasado, tras varias décadas signadas únicamente por la «no proliferación»,  se aprobó de manera formal en las oficinas generales de las Naciones Unidas en Nueva York, el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.


Analistas consideran que este nuevo acuerdo en parte proviene de la decepción de las naciones que no tienen armamento nuclear ante la ineficacia del Tratado de No Proliferación…, que se ha distanciado del desarme una vez que prefirió no afectar «el derecho inalienable de todas las Partes en el Tratado de desarrollar la investigación, la producción y la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos sin discriminación».


En cambio, el nuevo Tratado sobre la Prohibición se pronuncia por la ilegalidad del uso de armas nucleares, contra la amenaza de usarlas, las pruebas, el desarrollo, la producción, la posesión, la transferencia y la colocación en otros países. Y va más allá: para las naciones que tienen armas nucleares y acepten unirse al tratado, se describe un proceso para la destrucción de sus reservas y dar cumplimiento a la promesa de no volver a tener armas nucleares.


Daryl G. Kimball, director ejecutivo de la Asociación de Control de Armas, un grupo que apoya el tratado y tiene sede en Washington dijo a The New York Times que el nuevo tratado es «una expresión del profundo desasosiego respecto de los enormes riesgos que plantean las armas nucleares y de la creciente frustración provocada por los Estados que tienen armas nucleares debido a su incapacidad de cumplir los compromisos de desarme nuclear».


Sin embargo, las limitaciones de esta propuesta son obvias, en tanto surgió de las naciones que no poseen armamento nuclear.

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Andrachi dijo:

1

4 de julio de 2018

18:03:06


Por el lema de los imperialistas es: vive como yo te digo, y no como yo vivo. Haz lo que te digo, y no lo que yo hago.