ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Damarys Navas Isaac lleva consigo el concepto de Revolución de Fidel. Foto: Enrique Milanés León

CARACAS.–Lourdes Mijares Campos dice que los cubanos se parecen a la sazón de la comida y, para poner un ejemplo, esta técnica de recursos humanos, que funge como coordinadora y facilitadora de un proyecto socioproductivo de la Misión Ribas, hace una anécdota familiar: «Ingresé a mi mamá en un CDI y ella estaba como en casa con aquellos médicos de la Isla que al darle el alta le decían que regresara a visitarlos». Hay que creerle: somos puro aliño.

De otras sazones hablamos bastante donde ella trabaja: un conuco orgánico de capacitación y producción ubicado en la Escuela de Estudios del Poder Aéreo 27 de Noviembre –la antigua Escuela de Aviación–, adscripta a la Universidad Militar Bolivariana.

«El proyecto socioproductivo que tiene la Misión Ribas aquí consiste en capacitar al personal de vencedores –así llaman a los alumnos– en el conocimiento de la parte agrícola, enseñarles a sembrar, a trabajar la tierra para consumo propio y para la comunidad», explica a pie de surco.

«Aprendemos a sembrar una matica y lo reproducimos en casa», revela con la conciencia de que la clave es multiplicar saberes por los barrios. Ya esta escuela tenía algún avance en dichas labores cuando Chávez explicó al pueblo que había que sembrar en cada espacio; por eso, como ella dice, la producción está «en creciente».

En total, 15 vencedores de la Misión Ribas educativa y otros diez de la Ribas productiva –ambas se complementan, asesoradas por especialistas de la docencia cubana– animan este proyecto local que, sin empleo de químicos, surte un comedor de 300 militares y satisface algunas necesidades de vecinos de la comunidad.

Han cosechado perejil, apio, cebolla, cebollín, repollo, cilantro, tomate, lechuga, berenjena, ají y otras especies, pero Lourdes insiste en que la chispa, la sazón, la pusieron los cubanos: «El capitalismo nos enseñó a comprar y comprar, a pesar de que teníamos la tierra. Esa parte productiva, como hace Cuba, ese aprender haciendo, ese ánimo de ustedes es el alma de la misión», declara emocionada.

COSECHAR CONOCIMIENTO

Aun vestido «de campo», el sargento mayor de tercera Eliberto González Caraballo sugiere marcialidad. Es el encargado del conuco y facilitador de la Ribas. «El proyecto empezó aquí en el 2013; entonces comprábamos todos los insumos para el comedor. Comenzamos a experimentar con unos canteros y asistimos a cinco cursos de agricultura en los cuales aprendimos sobre lombricultura, semillas artesanales y organopónicos», recuerda.

«Ahora entregamos yuca, cambur –plátano fruta–, lechosa, aguacate… todo parte de aquí y ya no tenemos que comprar en la calle lo que producimos en la unidad, donde tenemos todo a la mano», amplía el sargento.

En lo que va de año han salido de allí, directo al comedor, más de tres toneladas de alimentos, un aporte ejemplar en tiempos de guerra económica. Eliberto incluye en el mérito a personal cívico militar, soldados en servicio y a jóvenes en formación. Al final, agrega, todos se llevan ese conocimiento.

–¿Qué le parece que, desde soldados sencillos hasta altos oficiales se alimenten de esta experiencia local?

–Yo vengo de un pueblo que se llama Río Caribe, en Sucre, y desde que inicié mi vida militar ejecutamos este proyecto. Me siento orgulloso porque lo que consumen otras personas lo producimos nosotros. Es importante que todos pongamos ese aporte y lo hagamos con amor.

De serenos aportes cotidianos nace la gran contribución de este conuco. Foto: Enrique Milanés León

¿Dónde encajan, en esta historia, los cubanos?

–La colaboración –responde Eliberto– es importante. Somos una alianza y esperamos que a futuro la sigamos porque es el avance más bonito que podamos tener a nivel de pueblo. Veo a los cubanos como compañeros de surco. Es un orgullo para nuestra patria que tengamos el Convenio Cuba-Venezuela, gracias a Fidel y a Chávez. Nosotros, sus hijos, lo hemos llevado a lo más alto.

MATICA DE SOLIDARIDAD

Cubana de Palma Soriano, eso es la especialista Damarys Navas Isaac, coordinadora de la Misión Educativa en el Distrito Capital, quien explica que la Misión Ribas, «madrina» del proyecto, surgió como iniciativa de Chávez para graduar de bachilleres a los estudiantes que terminaban el sexto grado.

«Hoy –añade– la Misión alcanza otro nivel: no solo se gradúan sino que obtienen una calificación técnica, considerando el llamado del presidente Maduro a producir alimentos por el cerco que sufre el país». Entonces, la Ribas forma en dos especialidades: la de construcción civil y la agropecuaria.

Solo en el Distrito Capital, esta misión tiene una matrícula de 8 611 vencedores, distribuidos en 800 ambientes de clases –escenarios teórico-prácticos– que disponen, en cada caso, de un facilitador venezolano.

El respaldo a esa formación agropecuaria en el Distrito Capital se ha traducido en la entrega de 25 módulos compuestos por semillas y útiles de producción de perfil hortícola, piscícola y avícola, de modo que, en lo que los jóvenes se capacitan en un oficio que les servirá para la vida, hagan aportes alimentarios a las comunidades.

Damarys refiere que, tras el reordenamiento de la Misión Educativa cubana en Venezuela, la cantidad de asesores en el Distrito Capital pasó de 25 a dos, por lo cual estos concentran su atención en la estructura de dirección, específicamente en el coordinador del estado y en la estructura venezolana a ese nivel.

«Nuestra asesoría está enfocada en los procesos de planificación, dirección, organización y evaluación del trabajo y en la preparación metodológica de la mayor cantidad de facilitadores venezolanos posible, porque ellos son quienes dirigen el proceso en el ambiente de clases», argumenta la colaboradora santiaguera.

Cuando ve un ambiente de clases como este, ¿qué siente?

–¡Orgullo! Nosotros seguimos los legados de Fidel y de Chávez. Para mí es un alto honor aportar los conocimientos que nos dio la Revolución. Así saldamos, como decía el Comandante en Jefe, nuestra propia deuda con la humanidad.

–Mirando verdes, el periodista piensa en voz alta: cualquier matica de estas puede simbolizar la colaboración de Cuba y Venezuela…

–Así es –responde Damarys–, cualquiera. Y esa matica del símbolo hay que regarla y cuidarla con todo nuestro amor.  

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Rafael dijo:

1

8 de junio de 2018

01:59:17


Excelente artículo, refleja el trabajo de nuestros profesionales de educación en esa hermana tierra y en especial de esta profesional, colega por cierto, que demuestra en el día a día la talla de la formación recibida en nuestra Patria.

LUIS PUMASUNTA dijo:

2

8 de junio de 2018

05:47:31


Esa es la forma de trabajar muchos proyectos dentro del aula, eso me permitió ganar un concurso de excelencia educativa y viajar a otro país a ver su educación

Janier R dijo:

3

8 de junio de 2018

16:58:35


Respaldo a los productores en estos tiempos de intensas lluvias. Se ha trabaado en el tema precio, ¿y la ESEN? En algo podría compensar, según una persona hasta un manco aplaudiría.