ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

CARACAS.–En las valijas que Hebert Pérez Hernández se lleva de regreso a su querida Cuba, un regalo especial alumbra los variados recuerdos y detalles con que vuelve a casa este especialista que fungió aquí como consultor principal de un proyecto de agricultura urbana.

Tras liderar el grupo de cubanos que a pie de canteros y casas tapadas revelaron y demostraron a los amigos venezolanos otras formas de producir los alimentos con que sostener no solo la mesa familiar sino la Revolución en pleno, Hebert traspasó el honor a la granmense Yurién Valdés González.

Una ceremonia seriamente informal, en el núcleo endógeno Fabricio Ojeda, de Catia, principal barrio de la parroquia de Sucre, en el muni­cipio Libertador del Distrito Capital –rematada en un almuerzo binacional con platos allí producidos–, propició el encuentro que supo a agradable despedida de año.

Los núcleos endógenos son estructuras que enseñan a los vecinos, desde los barrios, a sustentarse por sí mismos, de manera que el Proyecto Consolidación de la agricultura urbana para la transformación del modelo agroproductivo y sociocultural encaja perfectamente en ellos.

Esa labor internacionalista es parte de la misión agroalimentaria de la Isla en el Convenio integral de cooperación Cuba-Venezuela. Pretende enriquecer el modelo productivo y, tanto como él, la mirada sociocultural de los beneficiarios. Importa mucho producir hortalizas, tubérculos, frutas… pero lo determinante es fortalecer la creciente convicción de los venezolanos de que ellos pueden vencer, desde sus comunidades, un ataque económico que tiene como principal blanco a las familias.

Firmado entre nuestro Ministerio de Agricultura y la venezolana Fundación para la Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria (Ciara), del Ministerio del Poder Popular de Agricultura Urbana (Minppau), el convenio, en funciones desde el 1ro. de mayo del 2017 hasta el 1ro. de abril del 2018, cerró el año con un buen saldo productivo y con la capacitación de más de 10 200 venezolanos en escenarios de referencia de 11 Estados de la nación.

Víctor Gaute López, jefe de la Oficina de Atención a las Misiones Sociales Cubanas en Venezuela, lo resumía en familiar charla con ellos: no se trata solo de producciones, que están ahí, se trata de la perseverancia de una revolución.

Podría decirse que de dos. Por los propios días en que el Programa de la Agricultura Urbana cubana celebraba sus 30 años y los organopónicos sus tres décadas desde que se erigieran en nuestras trincheras para enfrentar la aridez del periodo especial, se unen en Venezuela hijos de una y otra patria para sembrar con ideas y comer juntos, en Revolución. No hay mejor mesa de pueblos.

Chávez mismo solía decirlo: «Sembrar entre el cemento». La gente de Catia le responde al Comandante Supremo: «¡Ahí está, pues!». Hebert, el cubano que se despide de Caracas, lo comentó mejor que nadie: hemos aprendido de parte y parte. No es un movimiento de productores consagrados, sino de pueblos.

Entonces, cumplido el guion del acto, muy cerca de las nubes en el populoso Catia, la jovencísima Sinaí Bastardo López, directora de relaciones internacionales del Ministerio del Poder Popular de Agricultura Urbana y de la Fundación Ciara, hizo una peculiar conclusión al transmitirle al homenajeado el saludo agradecido de Freddy Bernal, ministro venezolano del Poder Popular para la Agricultura Urbana, quien además le envió un obsequio: la bandera nacional venezolana que Hebert porta de estandarte en sus valijas a Cuba.

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