ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

DOMINICA.–Todavía parte de la pista estaba inundada y la comunicación con la torre de control era intermitente, cuando el ATR-72 de Cubana de Aviación tocó tierra en el aeropuerto internacional Melville Hall de Dominica.

Tres días antes, los vientos de más de 250 kilómetros por hora del huracán María cambiaron para siempre la fisonomía de la isla y la vida de sus 72 000 habitantes.

Era difícil, pero siempre se puede, aseguró a Granma el piloto Adalberto Martínez, con 31 años de experiencia y excombatiente de Angola. Fue él quien realizó la maniobra de aterrizaje en una pista separada del mar por menos de 100 metros, con la destreza probada sobre los MIG 23 en su juventud.

La aeronave transportaba una veintena de especialistas en rescate y salvamento cubanos que se pusieron de inmediato a disposición de las autoridades locales.

El aeropuerto, al noreste de la isla, estaba incomunicado con la capital, Roseau, a más de 40 kilómetros en el suroeste. Helicópteros ingleses transportaron a los rescatistas cubanos, quienes aterrizaron en el Estadio Nacional de la capital con la bandera cubana en sus brazos. Humberto Abad, miembro del equipo, dijo a este diario que apenas tuvieron que emplear la técnica canina para la ubicación de víctimas y concentraron sus labores en abrir las vías de comunicación hacia la capital.

A punta de motosierras, palas y fuerza bruta, la veintena de cubanos ayudaron a despejar más de 20 kilómetros de la carretera que une Roseau con Melville Hall, serpenteando las montañas de picos coronados con nubes y bordeando las playas del Caribe.

Ese mismo camino, por donde fluye ahora la ayuda internacional, lo recorremos 15 días después y los efectos del huracán están intactos. Del bosque nublado que cubría las montañas, apenas quedan troncos desnudos que se extienden hasta el horizonte. Si no se supiera que fue el viento de María el causante de la devastación, se podría creer que los cerca de 750 kilómetros cuadrados de Dominica fueron bombardeados con armas nucleares.

El efecto en el paisaje, que atrae cada año a millones de turistas, es similar al del Agente Naranja en las selvas de Vietnam. El verde desapareció por completo de la paleta de colores de Dominica. Los helechos y líquenes son los primeros en despuntar, pero todavía falta mucho para que vuelvan a ser los protagonistas.

Un misterio es a dónde fueron a parar los millones de metros cúbicos de follaje de los bosques. Desde el avión, observamos enormes manchas carmelitas sobre el Caribe.
Consultamos a un marinero experto y no las supo identificar. Cabe la posibilidad de que María haya llevado las hojas cientos de kilómetros mar adentro y ahora sean incluso visibles desde el aire.

A la orilla de la carretera, los dominiqueños todavía intentan recuperar algo de valor de los despojos de María. Cientos de ellos han levantado refugios temporales cerca de ríos o cuevas.

Son pocas las casas que resistieron intactas el embate del viento. Incluso el Primer Ministro tuvo que ser rescatado cuando la residencia oficial perdió completamente el techo. Buena parte de la población bebe directamente el agua de los arroyos y familias enteras se bañan en los vados.

Aún no se han desatado epidemias en el país, pero el riesgo está latente.

Cerca de tres decenas de médicos cubanos, una parte de ellos de la misión permanente y otros que llegaron con la Brigada Henry Reeves, están desperdigados por la isla antendiendo las emergencias y concientizando a la población sobre la necesidad de mantener las normas higiénicas.

El ambiente en la capital es casi tóxico. Buena parte de los 14 000 habitantes de Roseau decidieron quemar la basura que se ha ido acumulando desde el paso de María. El olor a plástico quemado invade la ciudad fundada por leñadores franceses sobre las laderas de las montañas que desembocan en el Caribe.

El tendido eléctrico está en el suelo y los especialistas consideran que pasaran meses antes de que se pueda restablecer el servicio. El agua ha comenzado a fluir a algunas partes, pero la mayoría todavía no tienen acceso.

Ante la 72 Asamblea General de las Naciones Unidas, el primer ministro Roosevelt Skerrit solicitó ayuda internacional urgente para iniciar las labores de recuperación.

Cuba, que ya estaba presente en Dominica antes del paso de María, respondió el llamado a pesar de que también se recupera de las afectaciones del huracán Irma.

Una docena de especialistas de distintos sectores, desde forestales a la Unión Eléctrica, se encuentra analizando en el terreno la magnitud de los daños con el objetivo de afinar la ayuda que el país está en condiciones de proveer.

El edén se ha roto, dijo Skerrit en la ONU ante la devastación sufrida por su país. El reto ahora es reconstruirlo.

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gmartinez dijo:

1

4 de octubre de 2017

11:52:52


Amiga de muchos estudiantes de medicina, les desea pronta recuperacion en todos los sentidos, desde S.Stus Cuba. tia China.