Entre las prerrogativas de los gobiernos norteamericanos, desde que ese país se ha autoproclamado dueño del mundo, están la de contar con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, influir en el accionar político de muchos países desarrollados cuyos gobernantes se pliegan a lo que diga Washington y… ejercer una política de sanciones, sin importar los efectos de las mismas sobre millones de ciudadanos.
Siempre me he preguntado por qué nadie sanciona a Estados Unidos y, como es lógico, la respuesta es más que clara: porque el mundo está patas arriba y sus instituciones internacionales se ven atadas, precisamente por el poder económico y financiero de ese gobierno que tanto daño hace a la humanidad.
El actual mandatario, el multimillonario magnate inmobiliario Donald Trump, ha hecho del tema «sanciones» una prerrogativa de uso cotidiano.
Tiene discrepancias con Rusia, allá van los paquetes de sanciones. La República Islámica de Irán avanza en el cumplimiento de los acuerdos con el Grupo 5+1 sobre su programa nuclear y la mano rápida de Trump rubrica una, dos o muchas sanciones a la nación persa. La República Democrática Popular de Corea resiste sin miedo ante las reiteradas amenazas militares de Washington y un nuevo y más amplio rosario de prohibiciones se lanza contra ella.
La lista es mucho más amplia y en ella aparecen las añejas sanciones contempladas en el bloqueo económico y financiero contra Cuba; las que ahora se han aplicado para tratar de rendir a la Revolución Bolivariana en Venezuela y las que se imponen contra el sufrido pueblo sirio, entre otras.
Muchas veces a esa política norteamericana se le han sometido los países de la Unión Europea y otros. Pero también, como es el caso de las sanciones contra Cuba, solo los gobiernos de Estados Unidos y su aliado incondicional Israel, han levantado la mano en la ONU para castigar a la Isla, sin embargo nada han importado los votos a favor aparecidos en la pizarra del edificio de la Asamblea General de Naciones Unidas, que en abrumadora y casi absoluta mayoría se oponen al bloqueo.
Ahora, con las nuevas medidas de Estados Unidos contra Rusia, hay un factor que los gobernantes de Washington parecen ignorar y es que sancionando a Moscú, habrá muchas afectaciones para países europeos, vinculados económica y financieramente con la gran nación euroasiática.
Además, en el caso de Rusia, los argumentos fabricados desde Estados Unidos, primero relacionados con Ucrania y ahora sumados a una supuesta injerencia en el proceso electoral norteamericano, constituyen débiles eslabones, propios de la época de la guerra fría y que nada tienen que ver con el sentido de responsabilidad que debe predominar en la política internacional, basada en el respeto mutuo, el diálogo y la no injerencia en los asuntos internos.
Un ejemplo actual de lo absurdo de la política estadounidense es que cuando la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) acaba de reconocer que Teherán cumple todos los acuerdos sobre su programa nuclear, alcanzados con el Grupo 5+1, la administración Trump amenaza con salirse de ese acuerdo y emprende nuevas sanciones a Irán.
Incluso, sus aliados de la Unión Europea, que han comenzado a desarrollar relaciones económicas amplias con la nación persa, no planean esta vez someterse a los designios norteamericanos y apuestan por continuar desarrollando un clima de confianza y respeto mutuo.
Cuando se suscribió el acuerdo, aplaudido por la comunidad internacional –excepto Israel–, el mundo respiró un aire menos contaminado políticamente y hasta se creyó en la añorada paz que tan difícil resulta lograrla.
Irán y las seis potencias internacionales (China, EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania) llegaron a un arreglo para limitar el programa nuclear iraní a cambio de levantar las sanciones internacionales y multilaterales, decía el histórico anuncio que ahora Trump se propone romper.
Refería el documento que Irán no desarrollará «bajo ninguna circunstancia», ni tampoco adquirirá, armas nucleares y se compromete a realizar un uso «exclusivamente pacífico» de la energía nuclear.
El mandatario iraní, Hassan Rouhani, al inaugurar esta semana su segundo periodo presidencial afirmó que «cualquier violación del acuerdo nuclear generará una acción por parte de Teherán. Subrayó, además, que Irán nunca romperá el pacto firmado en el 2015.
El presidente iraní condenó la «falta de compromiso» de Washington con ese pacto, un comportamiento que «demostró que es un socio poco fiable para el mundo e, incluso, para sus más antiguos aliados».
En la larga lista donde las «sanciones» han sido armas utilizadas para imponer políticas, el magnate presidente de Estados Unidos ha arremetido contra la República Bolivariana de Venezuela y su presidente, Nicolás Maduro, electo democráticamente, con el voto popular, y quien está dando, con la Asamblea Nacional Constituyente, una clase magistral de democracia, esa que tanta falta hace a quienes se burlan de ella cada día y solo creen que con guerras y medidas coercitivas para asfixiar a pueblos, se pueden imponer modelos ya vencidos por la vida y que para nada son ejemplos de democracia.














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Angel Martinez dijo:
1
14 de agosto de 2017
06:25:11
Magdalena Carrillo dijo:
2
14 de agosto de 2017
08:10:15
gimano Respondió:
14 de agosto de 2017
16:36:56
Wilfredo dijo:
3
14 de agosto de 2017
08:30:14
Salvador dijo:
4
14 de agosto de 2017
09:38:24
Rogelio Respondió:
14 de agosto de 2017
14:38:46
Rogelio dijo:
5
14 de agosto de 2017
10:48:46
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