A comienzos de esta semana Michel Aoun puso fin a casi dos años y medio de vacío en la silla presidencial libanesa tras obtener 83 de los 127 votos posibles en la sesión parlamentaria de ese país.
«Llego en tiempos difíciles y hay muchas expectativas depositadas sobre mí para resolver las dificultades existentes», fueron las primeras palabras pronunciadas por el mandatario durante la ceremonia de investidura. Y es que el Líbano vive una crisis aguda.
Aoun se enfrenta a una realidad política compleja. Si sumamos la escalada de violencia en la región, las luchas internas, la desestabilización económica, las ofensivas internacionales contra los grupos terroristas, así como la guerra que vive su vecino del este, Siria, el resultado es una profundización en las diferencias entre los dos grupos políticos libaneses más importantes.
Al parlamento, dividido prácticamente en partes iguales entre el bloque prooccidental y el bloque prosirio, le tomó más de 29 meses y 45 sesiones elegir al mandatario. Muestra de que tienen diferencias profundas y difíciles de mitigar.
Mientras que la Alianza del «14 de marzo», conformada principalmente por los partidos Movimiento del Futuro y el Partido Socialista Progresista, no apoya la presidencia siria de Bashar al-Asad; la Alianza del «8 de marzo» conformada por Hezbollah, el Movimiento Amal y desde el 2006 por el Movimiento Patriótico Libre, del que Michel Aoun es líder, apoya el gobierno constitucional sirio.
Al respecto el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, expresó tener la esperanza de que los diferentes sectores y partidos libaneses trabajen unidos en función de los intereses nacionales y la materialización de los deseos de la población de contar con instituciones estatales efectivas, en sintonía con sus derechos constitucionales y democráticos.
Antes de ir al Palacio Baabda, sede de la Presidencia, Aoun afirmó que su primer paso será la búsqueda de la estabilidad política, solo alcanzable mediante el respeto de la Constitución.
Reiteró también su compromiso con atenerse a decisiones de la Liga Árabe y dictar una política exterior de no alineamiento con ninguno de los conflictos del Medio Oriente.
Pero sin duda el primer desafío que habrá de confrontar el nuevo mandatario será la actual crisis económica. Pues el conflicto sirio ha puesto a prueba la capacidad física del Líbano si tenemos en cuenta que este es un país pequeño que basa su economía en la agricultura y los servicios.
Por ejemplo, el turismo es uno de los sectores que más aportaban a la economía libanesa. Solo en el 2010 este supuso el 27 % de su Producto Interno Bruto (PIB), pero luego de la actual situación en el Medio Oriente y la cobertura mediática que esto ha generado, hoy representa apenas el 10 % del PIB.
Michel Aoun dijo que tiene previsto adoptar un plan nacional para enmendar la situación económica que defienda la descentralización administrativa, así como una serie de leyes en estudio que protejan al país de la galopante corrupción.
Pero no resultará nada fácil, debido a que la situación en el Líbano está marcada por agudas desigualdades económicas y regionales, acompañadas por hondas divisiones sociales y sectarias líneas divisorias geográficas que el conflicto sirio ha exacerbado.
El gobierno de Aoun debe además solucionar la situación de los más de 1 200 000 desplazados sirios que viven en el Líbano como refugiados desde hace aproximadamente cinco años, cuando comenzaron a llegar huyendo de la violencia y de las fatalidades de la guerra. A estos debemos sumarles los palestinos que están en estas tierras.
«No hay solución en el Medio Oriente sin el retorno de los desplazados asentados en el Líbano. Ese dilema debe arreglarse con la ayuda de otros estados y en coordinación con la ONU», dijo el mandatario en sus primeras declaraciones oficiales como presidente.
Si tenemos en cuenta que la cantidad de habitantes no excede los cuatro millones y medio, el Líbano es el país con mayor número de refugiados del mundo en proporción a su población y está empezando a dar muestras de cansancio.
Según un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) sobre tendencias globales, en este país existen 183 refugiados por cada 1 000 habitantes.
Su economía se hunde en la crisis, el desempleo roza el 30 % y la asistencia internacional llega a duras penas. Este es el país que recibe Michel Aoun, profundamente dividido en la política y hondamente herido en la economía.














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JAASIL56 dijo:
1
4 de noviembre de 2016
01:19:30
Miguel Angel dijo:
2
4 de noviembre de 2016
10:40:52
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