ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los rostros dicen de la juventud que prima en el personal de salud emplazado en Río Negro. Foto: Dilbert Reyes Rodríguez

SAN CARLOS DE RÍO NEGRO, Venezuela.—El vuelo hacia este po­blado, el más lejano de la porción nacional de selva amazónica, había sido demasiado tranquilo para un susto como el del aterrizaje.

Un avión que se eleva de pronto cuando ya iba a tocar pista y gira de súbito sobre un costado, pone los pelos de punta al novato en estos trajines y lo expone a ser motivo fugaz de una risilla cómplice de los pilotos.

“Tranquilo, cubano, es solo una maniobra de entrenamiento, para re­conocer la pista”, señala uno, mien­tras la nave retoma la punta del trazado en un descenso suave.

“Caramba, pero al menos avisen, ¿no?”, es la única respuesta que se oye.

Ya en tierra, emociona la bienvenida de aquel grupo pequeño de muchachos de batas blancas, que uno por uno se acercan al avión con un abrazo. No les basta un apretón de manos, porque a pesar de no saber bien a quien saludan, eres de la misma Isla y traes olor a la ciudad más cercana.

Cargan con ellos tres sillones de ruedas, a pesar de que en la nave no viene ningún enfermo: “Es para nuestra medicina, la de los colaboradores”, aclara el radiólogo artemiseño Yasmani Peñalver, y una vez frente a la panza comienza la descarga de paquetes de arroz, le­che en polvo, pastas y algunos po­llos que ya le faltaban hacía unos cuantos días.

“Se lo dije, nuestra medicina”, dice en tono de broma y se va contento, asistido en el arrastre por un cuarteto “multidisciplinario” de mu­jeres entusiastas: la terapeuta pinera Gra­ciela Ferrer, la podóloga villaclareña Yuniet Ve­láz­quez, la laboratorista avileña Dai­­mara Cam­pañá y Ma­riela Gon­zález, farmacéutica de Ma­ya­be­que.

San Carlos de Río Negro asemeja una maqueta, el ensayo en miniatura de una ciudad que tal parece se trajo construida para colocarla allí, en medio de la jungla, en la orilla venezolana de la corriente ancha que es afluente principal del Ama­zonas.

Tiene pocas calles, todas de hormigón y dispuestas en un orden simétrico, con medidas estándares, contenes, aceras, jardines frente a las casas de techos aligerados. Hay escuelas de varias enseñanzas, co­mercios, algún edificio pú­blico, y para el tamaño del pueblo ribereño asombran las dimensiones del es­tadio deportivo pegado a la pista aérea”.

Es una localidad sin entradas por tierra, dentro de la cual las distancias son relativamente cortas; pero el uso de la moto ya es sello venezolano, aunque sea para mo­verse 100 metros, y allí también se ven de arriba a abajo montadas por mujeres, hombres y hasta adolescentes.

“Por eso es que enfermas tan fácil, te pesa hasta caminar”, bromea uno de los galenos con un vecino amigo que le frenó en seco el motor delante. “Después no quieren ser obesos y diabéticos. Dime, ¿cómo siguió la niña de la gripe? Tráela esta tarde para evaluarla de nuevo”.

A la vuelta de la primera cuadra está el que hace algunos años es el principal edificio público del asentamiento, el más visitado por sus habitantes. El CDI (Centro de Diag­nós­tico Integral) tiene todas sus puertas abiertas, a pesar de que no hay nadie adentro porque en pleno los muchachos se volcaron a la pista con el ruido del avión.

“Para los pobladores es como una segunda casa, donde vienen cuando sienten la mínima molestia. Pero es también la de nosotros, literalmente, porque aquí vivimos. La residencia aún no se alista y en el pueblo hace semanas no hay corriente por falta de combustible, que llega en gabarras a través del río”, explica Juan José, el joven doctor jefe del equipo cubano.
“Al menos aquí aprovechamos la mitad de la noche con el generador de la clínica, para cargar los teléfonos, refrescar las consultas donde dormimos, bombear agua y hacer todo lo que sin corriente no podemos. Tratamos de que coincida también con el momento en que arrancan la planta telefónica, porque fue­ra de ese tiempo no hay cobertura para llamar”.

La bienvenida fue, en primer lu­gar, hacer un buen almuerzo que modificara la dieta restringida de las fechas anteriores, y mientras cocinaban cada uno a su gusto, un mapa de la zona despierta el interés del visitante sobre un punto lejano denominado Maroa, pasada la frontera noroeste de Río Negro.

A cinco de los seis municipios de selva podría irse en avión, pero en Maroa, por las condiciones arenosas de la pista y un accidente reciente, ya no entran los vuelos. Entonces los galenos emplazados allá, como sus pobladores, deben bajar hasta San Carlos tras cuatro o cinco horas de travesía en lancha por el cauce fluvial.

A escala geográfica, Maroa está menos lejos de Ayacucho que San Carlos, pero las condiciones actuales del acceso, en que hay que retroceder navegando al sur, para volar luego al norte en busca de la capital, lo hacen ahora mismo el lugar más intrincado. Llegar allá, ese sería el mejor reto. En definitiva, allí también hay cubanos.

“A Maroa no se va queriendo regresar rápido. Se vira cuando se puede”, rompió el embeleso un mu­chacho de acento bien cubano, vestido al modo rapero, con jeans, gorra de lado y un sudario con capucha incluida.

“Yo vine de allá pensando que en el avión venía nuestra comida, pero nada. Viro en un ratico con algunas medicinas. ¿Es periodista, no? Si se atreve, nos vamos en par de horas”.

¿Quién, llegado hasta donde es­taba, no cede a un reto tal? De todas formas tendría que volver por la ruta de Río Negro, y estos muchachos estarían aquí con sus historias; pe­ro aquellas de Maroa no las sabría nunca si perdía la oportunidad de aquel instante.

“Nos vamos cuando quieras”.

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Eduardo dijo:

1

4 de mayo de 2016

08:05:56


Periodista: lo invito a hacer un reportaje de Alto Orinoco. Yo estuve allí en los años 2004 y 2005 como asesor de misiones educativas y en algún momento visité Río Negro, que ya cuando aquello era una verdader ciudad en comparación con La Esmeralda. Sé que la Revolución Bolivariana ha hecho mucho en Alto Orinoco, pero quisiera poder ver cuánto han avanzado. En ese momento allí no había ni CDI, ni SRI, ni electricidad ni cobertura para teléfonos. Yo vivía con mis amigos médicos cubanos en la casa del Ambulatorio de salud.

Nor1 dijo:

2

4 de mayo de 2016

10:46:59


muy bien la noticia. solo una nota "cuando ya iba a tocar pista". es "iva". muchas gracias.

Panchito Respondió:


4 de mayo de 2016

13:33:49

Oigame ¡apretaste! así que iva.....estás perdido jajaja

Miguel Angel Respondió:


6 de mayo de 2016

13:01:17

Eso es idioma portugués , verdad?

tunero tunero dijo:

3

4 de mayo de 2016

17:07:15


Muy buena experiencia. Muy buen articulo NORT1. Quisiera que me explicaras donde encontrar IVA con V porque yo el unico iva que conozco es el iva de los impuestos. Donde quiera que he leido iba y donde quiera que he escrito iba lo he hecho con B. Espero su recomendacion