BRUSELAS.—Otra vez agresiones extremistas son cometidas en territorio europeo. Como ocurrió el 13 de noviembre del pasado año tras los atentados de la capital de Francia, el mundo quedó conmocionado tras lo sucedido en esta ocasión en la capital belga.
Según el balance preliminar, al menos 31 personas fallecieron y unas 270 resultaron heridas, a raíz de las explosiones que sacudieron el aeropuerto de Zaventem, ubicado a pocos kilómetros de la capital, y la céntrica estación de metro de Maelbeek.
La fiscalía señaló que la operación desplegada en el barrio de Schaerbeek llevó a “descubrir un artefacto explosivo que contenía, entre otras cosas, clavos”.
Los investigadores también hallaron productos químicos y una bandera del grupo extremista Estado Islámico (EI), organización que reivindicó la autoría de los atentados en un texto publicado en inglés en el que señala a Bélgica como uno de los países que “participa en la coalición internacional contra el EI”.
Además de los propósitos de asestar un golpe, otro hecho pudo estar relacionado con la decisión de los atacantes: el arresto el viernes último en esta capital de Salah Abdeslam, el sospechoso de terrorismo más buscado en la región por su presunta participación en los sucesos de París.
Algunos medios de comunicación locales hablaron de presunta venganza o demostración de fuerza, pero un reciente hallazgo apunta a otra dirección: la policía encontró el testamento de uno de los atacantes suicidas del aeropuerto, identificado como Brahim El Bakraui.
En el texto, el joven de 29 años contó sentirse perseguido, sin saber qué hacer, y en una posible alusión a Abdeslam, con temor de terminar “junto a él en una celda”, por lo que surgen rumores de que decidió atentar por miedo a correr la misma suerte de su cómplice.
El primer ministro belga, Charles Michel, habló sobre “una época negra para nuestro país”. “Lo que temíamos ha pasado. Nuestro país ha sido impactado por ataques que son ciegos, violentos y cobardes”.
Los atentados tuvieron lugar temprano en la mañana del pasado día 22. Las dos primeras explosiones, en el aeropuerto de Zaventem, fueron a las 07:00 de la mañana (hora local).
Una hora más tarde se registró otra explosión en la céntrica estación de metro de Maalbeek, también en la capital belga, que dejó 20 muertos y más de 150 heridos, 17 de ellos de gravedad.
En el aeropuerto, testigos describieron el horror de la escena. “La gente corría por encima de los que habían caído, no podía respirar, no me creo que estoy viva”, dijo Antoine, joven de 15 años.
Al comentar informaciones sobre el hecho, el fiscal general de Bélgica, Frederic Van Leeuw, señaló que por el momento no hay evidencias de conexiones directas entre París 13-N y Bruselas 22-M.
Sin embargo, las similitudes entre ambos hechos saltan a la vista y sí hay un elemento claramente compartido: las investigaciones arrojan evidencias de que ambos ataques fueron preparados en la capital de Bélgica, informó PL.















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