General de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Sola

La calidad humana del jefe del Ejército Central

Aunque nació en Oriente, gran parte de su vida ha estado relacionada con las provincias centrales. Especializado en la conducción de tropas generales, el General de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Solá es uno de los cuatro Jefes de Ejército de las Fuerzas Armadas. Me narró acontecimientos en los que participó como si se hubieran producido pocas horas antes de la entrevista. Tiene buena memoria y es preciso en los detalles. Persona de trato agradable, guarda un sentimiento de lealtad para sus compañeros que han caído a lo largo de la lucha. Es un hombre de buenos sentimientos, y mucha calidad humana

LUIS BÁEZ

¿Dónde nació?

En la ciudad de Santiago de Cuba, en la clínica de la Colonia Española. Inicialmente viví en la calle Padre Pico. Después nos mudamos para la carretera del Morro.

Mi infancia fue como la de cualquier niño. Realicé mis primeros estudios en la escuela Machiran y del cuarto a la preparatoria en los Hermanos de "La Salle".

Posteriormente, ingresé en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba. A partir de ese momento comencé a participar en las luchas estudiantiles.

¿En qué instante se incorporó al Movimiento 26 de Julio?

A finales de 1956. Pero ya desde 1954 estaba metido en actividades revolucionarias.

¿Conoció a Frank País?

De una forma u otra todos conocimos a Frank, pero más que a Frank, desde el punto de vista de la clandestinidad fue a su hermano Josué.

¿Cómo era Josué?

Una persona sencilla, modesta y muy valiente. Aunque integrábamos células diferentes, teníamos relaciones dentro de los grupos de acción y sabotaje en Santiago de Cuba.

¿Hay algún hecho especial que lo liga a él?

Sí. Es una acción que se produjo el 30 de junio de 1957 relacionada con un mitin que los masferreristas iban a celebrar en el parque Céspedes, de Santiago de Cuba.

Ese día, varios grupos teníamos distintas misiones para interrumpir dicho acto. Cuando Josué, en unión de Floro Vistel y otros compañeros, marchaba a cumplir su tarea fue interceptado en la calle Martí por agentes represivos y es asesinado.

¿En qué consistía la acción de ustedes?

Salimos de mi casa en unión del compañero Fernando Taradel con la intención de ocupar un vehículo, trasladarnos a una estación de radio que estaba en la calle Aguilera y apoderarnos de una o dos armas largas que les quitaríamos a unos policías que cuidaban la emisora. Desde un lugar cercano al parque Céspedes tirotearíamos la tribuna.

¿Lograron el objetivo?

No. Cuando llegamos a la esquina frente al aserrío Babúm, nos interceptó un jeep con tres miembros del SIM, vestidos de civil, nos ordenaron detenernos, a la vez que extrajeron sus armas.

Taradel llevaba un revólver y yo una pistola automática 45. Comenzamos a dispararles. Se produjo un fuerte tiroteo. Prácticamente era una acción cuerpo a cuerpo.

Algo por el estilo estaba sucediendo con Josué. Con la diferencia que a él lo hieren, capturan y después lo asesinan.

Esta es una etapa que se caracterizó por la lucha frontal contra la tiranía y que recuerdo con mucho sentimiento, pues cayeron en acciones valerosos compañeros en Oriente, al igual que en otros lugares del país.

¿Sus padres sabían en lo que estaba metido?

Sí. Mi familia también participaba en la lucha. Mi abuelo Víctor Quintas, chofer de alquiler, era un activo miembro del 26 de Julio.

En numerosas ocasiones trasladó en su auto a Frank, a Vilma Espín y a otros combatientes. Mi padre y mi tío también estaban en el Movimiento.

Su padre, ¿en qué trabajaba?

Era empleado de una tienda de ropa y más tarde propietario de un pequeño comercio que estaba ubicado en la calle Aguilera, cerca del Correo.

En el negocio del viejo se escondieron parte de los uniformes que utilizaron los participantes de las acciones del 30 de noviembre.

En una ocasión, mi padre fue detenido por José María Salas Cañizares y no sé cómo no lo mataron.

Al ponerse la situación muy dura en Santiago, papá me quiso enviar para España, donde mi abuelo Víctor tenía familiares.

Me negué rotundamente. Finalmente, me tuve que ir para La Habana.

En La Habana, ¿mantuvo el contacto con el Movimiento?

Sí. Escondo armas. Intervengo en acciones de las que normalmente hacían los combatientes clandestinos, desde las más sencillas hasta las más complejas.

Momento en que el Comandante en Jefe le impone al General de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Solá el Título de Héroe de la República de Cuba

Una tarde me enteré por radio de la muerte de Frank. La de Josué había ocurrido un mes antes.

Solicité regresar a Santiago. Me autorizaron. Me entregaron una Colt 38. Me la amarré al pecho con un cinto. Fui en ómnibus para Oriente.

Esto tenía un gran riesgo, mucho más en aquellas circunstancias, pero tenía en mi mente vender cara mi vida.

El ómnibus fue registrado varias veces, pero en ningún momento hubo un registro personal.

Eso es en definitiva lo que me salvó. Habría sido bastante difícil escaparse en esas circunstancias.

Nuevamente en Santiago de Cuba, ¿qué actividades realizó?

Acciones de todo tipo. Traslado de armas, explosivos, atentados, poner bombas, fundamentalmente, en lugares donde no afectara a la población. También participo en la huelga del 9 de abril de 1958.

¿Qué encomienda le dieron ese día?

Realizar diversas actividades en apoyo a la huelga en una zona que comprendía desde la Trocha hasta el parque Céspedes. Obligamos a cerrar los comercios que estaban abiertos, desviamos el tránsito y otras acciones colaterales.

Al conocer el fracaso de la huelga guardamos las armas en diferentes casas. Los cuerpos represivos extremaron la vigilancia.

Me mantuve escondido. A los pocos días el Movimiento me ordenó incorporarme al Ejército Rebelde en el II Frente Oriental Frank País.

¿Recuerda la fecha?

Finales de abril. Fui a través de la zona de la Gran Piedra. Me integré a la columna 19 José Tey, mandada por el Comandante Belarmino Castilla.

Debido a las intensas caminatas y a mi falta de preparación llegué destruido. En esas circunstancias fui autorizado, junto a otros compañeros, a trasladarme a Santiago, restablecerme y reintegrarme en el plazo más breve. Así lo hice.

¿Cuándo se reincorporó?

En el mes de junio. Me uní a la columna en Calabazas. Participé en diversas acciones bajo las órdenes del Capitán Demetrio Montseny (Villa).

En el mes de septiembre me escogieron, en unión de otros compañeros, para reforzar temporalmente la escolta del Comandante Raúl Castro. En esta misión estuve aproximadamente un mes.

¿Qué impresión se llevó de Raúl?

Siempre le oí decir a Raúl que esta Revolución era para los obreros y campesinos. Muy crítico con el egoísmo y una relación fraternal con los combatientes. Esas fueron las primeras imágenes que tuve del Ministro de las Fuerzas Armadas.

¿Con qué grado terminó la guerra?

Sargento. En los primeros meses de 1959 fui ascendido al grado de Teniente y Primer Teniente, consecutivamente.

Al terminar la guerra me quedo en Guantánamo. Al poco tiempo soy trasladado, al igual que otros combatientes de la Columna 20, al regimiento Leoncio Vidal en Santa Clara.

¿Qué tarea le dieron

Me asignaron a la policía militar. Posteriormente, hasta finales de 1960, estuve en varios escuadrones de la antigua Guardia Rural, a los que se les cambió el nombre por el de Policía Rural Revolucionaria.

Fui Jefe de los escuadrones de Sancti Spíritus, Cruces, Remedios y Sagua.

Esa fue una etapa de aprendizaje en todos los sentidos. Las contradicciones políticas se agudizaban, no solo entre los que se convertían deliberadamente en traidores a la Revolución y nosotros, sino que se extendía a las fuerzas revolucionarias.

Merece destacar el prestigio del Ejército Rebelde, que servía de equilibrio. Recuerdo a muchos revolucionarios que acudían a los jóvenes jefes militares cuando se cometía alguna injusticia por elementos oportunistas.

¿Dónde lo sorprendió Girón?

A principios de 1961 fui nombrado Jefe del Comité Militar de Santa Clara. Semanas antes de la invasión estuve atrincherado en Girón.

Al producirse la invasión, el Comandante de la Revolución Juan Almeida me dio instrucciones de organizar, armar y formar batallones, y ponerlos en disposición combativa para trasladarlos a Girón.

Éramos principiantes en esa compleja tarea, no obstante, el momento nos compulsó a cumplirla como se había ordenado.

Pedí autorización para trasladarme a Girón. Almeida me lo negó enfáticamente. Me planteó que tenía que cumplir la misión que me habían asignado.

¿Qué hizo después de Girón?

Me trasladaron como Jefe de Estado Mayor de la 4ta. División de Infantería, una unidad regular.

Así comencé a aprender sobre la marcha el complejo proceso de mandar una unidad regular y de permanente disposición combativa.

En aquellos tiempos había pocas de estas unidades. En el país existían tres o cuatro. Ahí es que inicio mi profesión en unidades regulares. Llegué a ser el Jefe de la División.

¿Dónde estaba cuando la Crisis de Octubre?

Estaba al frente de la 4ta. División. Recuerdo cuando llegó la primera señal (alerta), me encontraba con los jefes de batallones y parte del Estado Mayor de la división, dirigiendo una clase de tiro.

Junto al Ministro de las FAR, General de Ejército Raúl Castro Ruz, durante una visita de comprobación de las tareas de la defensa en el Ejército Central.

Ordené a los compañeros que se dirigieran a sus respectivas unidades, que fueran creando condiciones y esperaran las instrucciones.

Al llegar a las oficinas del Estado Mayor llegó la señal de alarma. Se transmitió a todas las unidades. La División se concentró en la zona prevista sin ningún tipo de problema.

Después vinieron los días de los trabajos de fortificaciones, la organización de la defensa antiaérea.

Los aviones yankis, cuando no se había dado aún la orden de apertura de fuego, nos pasaron por arriba en varias ocasiones; todo estaba listo para tirarles.

Encontrándonos en esa situación se produjo un accidente en el cual tres camiones, cargados con minas antitanques y explosivos, se incendiaron.

En esas circunstancias seleccioné un grupo reducido de compañeros y decidí subir con ellos a los camiones, tratando de apagarlos y de salvar las minas.

Aquello fue indescriptible, ni siquiera sabíamos si los iniciadores estaban allí o no, conmigo se encontraba el negro Manuel Oviedo, jefe de Operaciones de la División y otros valiosos combatientes que arriesgaron sus vidas. En ese mes de octubre me ascendieron a Capitán.

¿Participó en la lucha contra bandidos?

Sí. Después de concluir la Crisis de Octubre, Almeida me ordenó formar cinco batallones de 500 hombres cada uno, armados con fusiles y lanzacohetes para participar en acciones contra los bandidos. Las caminatas eran intensas y constantes.

La acción más importante en la que participé fue en el cerco y aniquilamiento de los miembros de la Comandancia General del Escambray, incluyendo a su jefe, el conocido bandido Tomas San Gil.

¿Cómo se produjo?

Decidí dividir las unidades de la siguiente manera: dos batallones entraron por la zona de Gavilanes (Sancti Spíritus).

Otros tres, bajo mi mando directo, avanzamos por la carretera de Trinidad hacia el norte. Cerramos el cerco. Fueron casi 24 horas completas caminando.

Los bandidos trataron de romperlo. Se produjo un intenso combate. Prácticamente aniquilamos al grupo completo.

Se ocuparon buena cantidad de armas y documentos. Encontrándome en esta responsabilidad, además de varias maniobras de entrenamiento, tuve que trasladar la División a la provincia de Ciego de Ávila.

¿Con qué objetivo?

Trabajar en la zafra. Estuvimos en el periodo de zafra tres años cortando y alzando caña.

Junto con los hombres trasladamos parte del armamento. O sea, la 

zafra y la disposición comba-tiva juntas.

¿Cuándo cumplió su primera misión internacionalista?

En 1975, en Angola. Exactamente el 11 de diciembre llegué a Luanda.

¿Cómo se enteró de que iba para Angola?

Me encontraba de Jefe de la División de Holguín. Mientras se realizaba la maniobra "Primer Congreso" en el Polígono de Lesca, el Ministro de las Fuerzas Armadas me comunicó que había sido designado para mandar la misión militar de Cuba en Cabinda.

¿Qué instrucciones le dieron?

Rechazar cualquier tipo de agresión que se realizara en ese territorio y defenderlo en cooperación con la FAPLA.

Al llegar fui recibido por el compañero General de Cuerpo de Ejército, Ramón Espinosa, que el 11 de noviembre había sostenido un fuerte y victorioso combate contra las fuerzas que habían tratado de invadir a Cabinda.

Con las tropas que él tenía, más otras que se enviaron de refuerzo desde Cuba y las FAPLA, se creó una agrupación de envergadura considerable, incluyendo tanques, artillería, etc.

Pudiera decirse que había el equivalente de una División, capaz de rechazar cualquier tipo de agresión.

Aprendimos mucho en esa guerra. Era prácticamente de guerrilla y antiguerrilla. Tuvimos que desarrollar los métodos, sistemas de lucha y táctica.

Le ocasionamos grandes pérdidas a los grupos armados del FLEC. En marzo se me ordenó trasladarme al sur.

¿Con qué motivo?

Se estaba creando la primera agrupación de tropas del sur. Allí la guerra estaba prácticamente concluyendo. El General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías (Polo) estaba cumpliendo las últimas instrucciones en esa dirección. El jefe de la misión militar cubana en Angola, General de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra me precisó mi misión.

Fui designado Jefe de Estado Mayor de la Agrupación. Al frente se encontraba el General de División Ulises Rosales. En el mes de mayo viajé a Cuba.

¿Cuál fue la causa?

Formé parte de una delegación que tenía como objetivo fundamental presentar algunas propuestas de estructuras de la Agrupación de Tropas Cubanas en Angola.

Además, algunas cuestiones relacionadas con la cooperación bilateral con las FAPLA.

El Jefe del Ejército Central y otros compañeros en el reciente V Pleno del Comité Central del Partido.

A los pocos días de estar en La Habana, en los momentos en que un grupo de compañeros estábamos reunidos en el parqueo del MINFAR para salir a una reunión con el Comandante en Jefe, se nos comunicó la noticia que el general Espinosa y parte de su Estado Mayor habían caído en un campo de minas.

La información nos conmocionó. Además, los primeros elementos que llegaron decían que las heridas eran graves y peligraba la vida de Espinosa y otros combatientes.

En la conversación con el Comandante en Jefe, con justa preocupación, trató de conocer con más detalles por qué razón estaban todos en uno o dos transportadores blindados.

Le expliqué que eran las circunstancias y condiciones, ya que allí había que trasladarse por caminos y siempre se trataba de evitar grandes columnas y que yo hubiera hecho lo mismo que hizo Espinosa.

Fidel planteó restablecer el mando en Cabinda, ya que no solo estaba herido Espinosa, sino también parte de su Estado Mayor.

En esas condiciones tomó la decisión de que yo regresara, pero no para el sur, sino que volviera otra vez para Cabinda.

Fue una conversación muy seria, pero muy fraternal. Él estaba muy sereno evaluando la situación, a pesar de que todos estábamos muy preocupados por lo ocurrido a los compañeros.

¿Qué instrucciones le dio?

Regresar a Cabinda. Asumir el mando. Restablecer la situación interna y estar listo para rechazar cualquier posible ataque del exterior.

Además, puntualizó en detalles las medidas específicas que debían tomarse.

¿Cuándo asumió el mando?

El 18 de mayo. Antes visité a Espinosa en el hospital de Luanda.

Mi impresión fue que él estaba muy consciente de su estado de gravedad, pero lo vi optimista a pesar de la situación.

Cuando uno ve a los compañeros en estas condiciones, los sentimientos humanos se manifiestan como los de hermanos muy queridos.

¿Cumplió la misión?

Sí. Las fuerzas cubanas y angolanas actuando hermanadamente, lograron restablecer la situación y disuadir a las fuerzas externas de un nuevo ataque a Cabinda.

¿Qué operaciones realizaron?

Varias. Se utilizaron tácticas convencionales y de guerrilla y antiguerrilla. Se usaron incluso desembarcos helitransportados para mover tropas.

Se efectuó hasta un desembarco marítimo para cortar la retirada de agrupaciones armadas en determinados sectores. Las acciones resultaron exitosas.

¿Cuál era el mayor problema?

Las minas. El riesgo era constante. Las condiciones del terreno en algunos sectores eran muy difíciles. También las emboscadas nos causaron grandes pérdidas.

¿Hasta cuándo permaneció en Cabinda?

A finales de 1976 se dio por terminada mi misión y me ordenaron regresar a Cuba.

Ya en La Habana, soy designado para pasar un curso de idioma ruso para posteriormente ir a estudiar a la Academia Voroshilov en la Unión Soviética.

¿Qué tiempo estuvo en la URSS?

No llegué a ir en esa ocasión.

¿Por qué razón?

En marzo de 1977, a consecuencia de los sucesos de Shaba, estando en el curso de ruso, me mandaron a buscar y se me planteó por el Ministro que se había decidido que fuera para Cabinda, otra vez, por razones de esos sucesos y que existía la apreciación de un peligro mayor en relación con Cabinda.

De nuevo el Comandante en Jefe me precisó personalmente la misión.

¿Qué le precisó?

Neutralizar a los grupos internos de la agrupación del Frente de Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC) y rechazar cualquier ayuda que pudiera provenir desde el exterior, especialmente, de Zaire. Lo logramos.

¿Qué significa para usted ser Jefe del Ejército Central?

Es una gran responsabilidad. Es la posibilidad, desde esta posición, de defender a nuestro país hasta las últimas consecuencias y en cualquier circunstancia.

También de soldado haría lo mismo.

 

 

Subir