Un reconocimiento a nuestro ejemplar pueblo combatiente y a su Comandante en Jefe

Expresó el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en el prologo al libro Secretos de Generales

Este es el texto íntegro del prólogo del libro Secretos de Generales, escrito por el General de Ejército Raúl Castro, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias

Prólogo

"Lo que hacemos, el silencio lo sabe". Este principio martiano ha guiado invariablemente a los revolucionarios cubanos, aun a aquellos que no conocen su origen. Estuvo presente en los que combatieron en el Moncada, la Sierra, la clandestinidad, Girón, la lucha contra bandidos o las misiones internacionalistas. Lo está en el obrero y el campesino que han trabajado con los zapatos rotos y hasta sin ellos, cuando ha sido necesario, o en la mujer que hoy, sin dejar de realizar su aporte social, hace maravillas diariamente en el hogar para alimentar y vestir a la familia. En el caso de los militares, la discreción es una regla inviolable.

La disposición de nuestro pueblo a la hazaña y el sacrificio anónimos tiene un valor ético extraordinario, pero también ha dificultado en cierta medida trasmitir a las nuevas generaciones el tesoro de valores morales y experiencia combativa acumulado.

No pocas veces he reflexionado junto a aquellos con quienes he tenido el privilegio de compartir estos años extraordinarios, sobre la paradoja que significa la permanente decisión a hacer la historia y la poca disposición a escribirla, evadiendo por modestia lo que constituye una elemental obligación con el presente y el mañana de los revolucionarios cubanos.

No obstante, algo se ha ido avanzando en este sentido. Un especial esfuerzo venimos realizando en estos años de gloriosos Centenarios para profundizar en el estudio de nuestras luchas independentistas.

No podíamos dejar de recordar el ejemplo de los próceres que fundaron la nación cubana a golpe de machete y heroísmo.

Ello fortalece, en todos los buenos hijos de esta tierra, el amor a la patria y la voluntad de defenderla a cualquier precio, con la misma decisión que los padres fundadores asumieron para liberarla.

Además, sus lecciones tienen permanente vigencia para las actuales tareas de la defensa.

Esta búsqueda y divulgación nos ha hecho comprender mejor el extraordinario valor que tiene el contar, de primera mano, con las vivencias de sus protagonistas para la sistematización del conocimiento histórico.

Secretos de Generales es un importante aporte a ese propósito. Las generaciones presentes y futuras podrán leer la verdad histórica, sin la distorsión de la anécdota que nos llega por la tradición oral.

Este no es un texto de historia, pero si es la historia viva. Es una oportunidad de compartir 41 miradas a la epopeya cubana de la segunda mitad de este siglo.

Los testimoniantes tienen en común haber alcanzado el honor de llevar en sus hombros los laureles de general, el ser personas modestas y sencillas y sobre todo, fieles a toda prueba a la patria, la Revolución y Fidel, pero por su origen, están lejos de ser algo homogéneo. Su diversa procedencia social, edad, nivel cultural y experiencias dentro de la Revolución, es una muestra de esa extraordinaria mezcla de hombres, cualidades y rasgos que conforman al pueblo cubano.

Si en el presente tienen sin excepción profundos conocimientos y firmes convicciones políticas, siete lustros atrás, entre aquellos hombres identificados desde entonces hasta hoy en el mismo amor a la justicia y a la libertad, podía encontrarse desde un marxista convencido hasta una víctima de ese anticomunismo epidérmico e ignorante que con tanto celo intoxicó el imperialismo yanqui a los pueblos de América Latina.

Solo la obra en marcha de la Revolución, la predica diaria de Fidel y la pérfida actuación de sus verdaderos enemigos podía ser capaz de lograr esta radical transformación ideológica en tan relativamente poco tiempo.

Junto a los veteranos de la Sierra y la lucha clandestina, están los que siendo aun adolescentes se sumaron a la Revolución como simples milicianos o jóvenes rebeldes. La lucha contra bandidos y los combates de Playa Girón, primero, y años después las misiones internacionalistas, fueron un digno escenario para mostrar la fibra irreductible de su estirpe mambisa. Las complejas circunstancias y los grandes peligros de los últimos años, lo han confirmado.

Es difícil que exista un solo revolucionario cubano, cualquiera que sea su edad, lugar de procedencia o profesión, que de un modo u otro no se vea reflejado en estas páginas, que no encuentre alguna vivencia parecida, entre las que en ellas se narran.

Algunos de los entrevistados se han referido en forma magnánima al aporte individual que podamos haber hecho a la obra común, particularmente dentro de las FAR. Lo agradezco por proceder de compañeros incapaces de expresar un sentimiento que no abriguen realmente o de decir algo por simple cumplido, y lo acepto más como expresión del cariño y el respeto mutuos, nacidos de largos años de luchas e ideales compartidos, que como manifestación de cualidades personales.

Esta obra no sólo es un merecido reconocimiento a quienes nos brindan sus valiosos testimonios. En sus páginas no aparecen los nombres de todos los generales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, pero en los pensamientos, las convicciones y los actos de los entrevistados, todos nos sentimos sobradamente representados y reconocidos.

Las enseñanzas que se derivan de este libro interesan, tanto a los militares profesionales como a cualquier otro lector de nuestro país, donde todos forman parte del gran ejército de millones de combatientes dispuestos a librar la guerra de todo el pueblo en caso de una agresión imperialista.

La unión monolítica de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y de todo nuestro pueblo en torno a su Revolución Socialista y su Partido, es la garantía de que Cuba jamás podrá ser dominada nuevamente por el amo yanqui.

Hoy contamos con la certera y experimentada dirección del Comandante en Jefe. Como el mismo Fidel nos enseña "los hombres mueren, el Partido es inmortal". Las nuevas generaciones forjaran los nuevos jefes, que sabrán preservar, en el siglo XXI ya próximo, la obra histórica iniciada en La Demajagua, la independencia plena conquistada el Primero de Enero y toda la justicia que Martí proclamara para nuestro pueblo.

Los que ayer apostaron a la inmediata caída de la Revolución tras la desaparición de la Unión Soviética, hoy reconocen nuestra vitalidad, pero calculan que seguiría sufriendo un deterioro progresivo por las carencias que el recrudecido bloqueo nos causa. Se equivocan nuevamente, no pueden comprender que la solidez de nuestra defensa se basa en el pueblo y su unidad, en su capacidad infinita de resistencia y de inventiva, en la justeza de su causa y su amor a la libertad.

Para estos valores no existen ni existirán armas inteligentes ni aviones invisibles capaces de destruirlos.

El presente libro es un reconocimiento a nuestro ejemplar pueblo combatiente, a su extraordinario papel en la defensa de la patria como único artífice y protagonista de cada victoria, a su alegría característica y a su eterno optimismo, férrea voluntad, ejemplar estoicismo, valor, confianza en sí mismo y fidelidad sin límites.

Para los más jóvenes generales y oficiales que eran niños o aun no habían nacido en los días de la Sierra Maestra y hoy dirigen nuestras principales unidades de combate, su lectura es, además, fuente inagotable de inspiración.

Sobre los hombros de los Pinos Nuevos, nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias pasaran del segundo al tercer milenio manteniendo la firmeza inquebrantable que las ha caracterizado siempre.

Constituye un homenaje a todos los caídos en esta larga lucha, cuyo recuerdo fervoroso tiene una presencia permanente. A los precursores de esta etapa, inmolados en el Moncada. A Pepito Tey, Otto Parellada, Tony Aloma, Juan Manuel Márquez, José Smith Comas, Ñico López y el resto de los que abonaron con su sangre el nacimiento del Ejército Rebelde. A Che, Camilo, Frank, Celia, Andrés Cuevas, Daniel, Coroneaux, Julito Díaz, Ciro Redondo, Piti Fajardo, Vilo, Pinares, los generales Argüelles, Paquito Cruz y tantos otros inolvidables compañeros que ya no están entre nosotros.

Y es también un reconocimiento a Fidel, al fundador y Comandante en Jefe del Ejército Rebelde y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. A quien entre nosotros resume y representa como nadie las mejores cualidades de nuestro pueblo y que con su extraordinario genio, previsión y sagacidad, pero sobre todo con su ejemplo, valentía y moral a toda prueba, ha sabido conducirnos invariablemente a la victoria.
Raúl Castro Ruz

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