General de División Samuel Rodiles Planas

El abrazo a los caídos

Durante la Guerra de Liberación toda la familia Rodiles tuvo que coger el camino de las montañas. En Guantánamo, su ciudad natal, era ampliamente conocido su enfrentamiento a la dictadura batistiana. Samuel, es hoy General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La trayectoria de Samuel Rodiles Planas ha sido la característica de muchos jefes de las FAR que iniciaron su vida militar en la guerrilla. Después de Girón en 1961, cursa el Primer Curso de Jefes de Unidades, más tarde, en 1964, el Primer Curso Básico Superior y en 1969 concluyó el Curso Académico Superior. Junto a todo ello, ha estado la constante superación cultural. En 1978, por ejemplo, terminó la Licenciatura en Ciencias Sociales. El General Rodiles ha desempeñado, igualmente, numerosas responsabilidades militares: Jefe de División de Infantería, UM 1270, Jefe del Estado Mayor del Cuerpo Blindado, Jefe del Ejército Occidental, Jefe de la Secretaría del Ministro de las FAR y Jefe del Órgano de Inspección de las Fuerzas Armadas. Persona aparentemente tímida, el Héroe de la República de Cuba Samuel Rodiles Planas cuando toma confianza se convierte en un agradable interlocutor. Así ocurrió en esta entrevista en la que me narró pormenores interesantes de su lucha y quehacer revolucionarios.

LUIS BAEZ

—¿De dónde es usted?

—Nací en Caimanera y al año nos mudamos para Guantánamo. Somos siete hermanos: cuatro varones y tres hembras (2 fallecidas). Recuerdo que Toñito (el mayor de los varones) fue el primero que me indujo a las actividades estudiantiles, revolucionarias. Él originó en la familia la corriente de lucha contra las injusticias.

Fidel hace entrega a Rodiles de las charreteras de General de División en el solemne acto de ascenso frente a otros compañeros de lucha.

Mi padre nació en Guantánamo. Siempre cooperaba con el Movimiento. Por ser el padre de los Rodiles lo perseguían. Estuvo preso dos veces. Trabajaba en la Base Naval y un día cuando regresaba en su moto por la carretera de Boquerón a Guantánamo, un carro con varios batistianos al reconocerlo lo chocaron, dejándolo por muerto en la cuneta. Al poco rato unos civiles al verlo sin conocimiento pero aún con vida, lo recogen y llevan para la Clínica de Paseo y Oriente en Guantánamo, al enterarse mi hermana Elia, enseguida fue a verlo. Siempre él decía que si caíamos presos y nos soltaban, tomáramos un fusil y nos alzáramos.

Mi madre nació en Manzanillo. Ayudaba mucho al Movimiento, recogía medicinas, vendía bonos, ayudaba a compañeros a trasladarse de un lugar a otro, etc. Cayó presa en dos ocasiones (en una llevaba por todo su cuerpo medicinas, bonos, propagandas, etc.); cuando llegó al cuartel de la Marina, estaba el Sargento Mayor Federico Colarte (Fico) que era el Segundo Jefe, tenía 2 hijos en el Movimiento y simpatizaba con ellos. Se acerca a ella y le dice: "vieja mandaron a buscar a una mujer para registrarla, entrégueme todo para que no le cojan nada" y la salvó en esa ocasión.

Durante la clandestinidad todos cumplimos las misiones que nos planteara el Movimiento. Mi casa llegó a estar "quemada", fue registrada en varias ocasiones y llegó el momento en que a todo el que llegaba lo cogían preso; solo Elvira Guerra nos visitaba (era compañera de mi hermana Ñiquita en la Escuela del Hogar). Para colmo vivíamos frente al Capitán Basto Jefe de la Policía.

Mis 3 hermanas, Elia, Antonia y Noemí tuvieron una permanente, importante y activa participación en la clandestinidad, suministraban de todo al Segundo Frente Oriental Frank País, iban a la Base Naval a sacar medicinas, armas, municiones, explosivos, en fin lo que pudiera ayudar al 26 de Julio. Esta eficiente labor fue reconocida en la Credencial emitida el 21 de septiembre de 1958 por el Comandante Raúl Castro Ruz Jefe del Frente.

—¿Cuántos hermanos se alzaron?

—La familia entera tuvo que alzarse, incluyendo a mis padres. Fui el primero en irme para las montañas.

—¿Permanecen en las FAR?

—El único que queda soy yo y mi hija que es Teniente Coronel, profesora de la Academia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias General Máximo Gómez. Todos los demás están en la vida civil.

—¿Dónde estudió?

—En el Colegio Sarah Ashhurst, conocido como Colegio Americano de Guantánamo, hoy Escuela Rafael Orejón Forment, en Máximo Gómez No. 857. Era algo inquieto. Después de algunas broncas con otros alumnos me llevaron a la Dirección y expulsaron de la escuela. Tuvo que ir mi papá a hablar con la directora (señorita Eleanor L. Clancy) y al comprometerme a portarme bien, ella aceptó como última oportunidad.

Mi preparatoria para el examen de ingreso al Instituto de Segunda Enseñanza la realicé en la Academia Isaac Puentes Zúñiga, el cual aprobé.

Hasta el cuarto año el primer expediente lo teníamos: por las hembras, Ana Gloria Preval, negra, muy buena estudiante y por los varones, yo.

Participé en los Primeros Juegos Nacionales Estudiantiles, por el Instituto de Guantánamo en Santiago de Cuba, obtuve 4 primeros lugares en campo y pista, después representando a la provincia de Oriente, competimos en La Habana (Estadio Universitario), obtuve medalla de Plata en Lanzamiento de la Jabalina, este resultado lo publicó el periódico El Mundo.

Trabajé en las oficinas de la Compañía Cubana de Electricidad. Mis deseos eran ser ingeniero eléctrico igual que mi padre.

Estando en el cuarto año de bachillerato fui elegido vicepresidente de la Asociación de Estudiantes y, posteriormente, presidente, al abandonar la lucha el compañero que había sido escogido para ese cargo.

Me fui a una huelga con varios estudiantes y nos expulsaron de por vida del Instituto. Era finales de enero de 1952. Gobernaba el país Carlos Prío Socarrás.

—¿Dónde lo sorprendió el Golpe del 10 de marzo?

—En La Habana, esperando la FEU y yo la respuesta del Ministro de Educación para anular nuestra expulsión. Estaba alojado en la casa de huéspedes donde vivía Aldo Rodríguez Camps.

—¿Qué hizo?

—Varias veces, en unión de otros estudiantes, me presenté en la Universidad. Al ver que no se hacía nada contra Fulgencio Batista, decidí regresar a Oriente.

—¿A qué se dedicó?

—Un tío mío que era profesor del Instituto de Santiago de Cuba me dijo que la expulsión sólo era válida para Guantánamo. Me matriculé en Santiago de Cuba y terminé el cuarto y quinto años, excepto una asignatura que aprobé posteriormente en 1960 en el Instituto de La Habana.

—¿Cuándo comenzó sus actividades revolucionarias?

—A raíz del Golpe de Estado y viviendo en Santiago de Cuba con mi hermano Toñito, hice mis primeras actividades revolucionarias, trasladando una ametralladora de mano y una pistola para entregarla a un compañero.

Ya en Guantánamo antes de ingresar al Movimiento 26 de Julio repartí propaganda clandestina y participé en mítines con fines revolucionarios que se efectuaban en el parque Martí. En 1955 por intermedio de Enrique Soto Gómez, Primer Coordinador del 26 de Julio en Guantánamo, ingresé al Movimiento.

Cooperé con dinero, compré una escopeta automática y la doné, vendí bonos, repartí bombas, granadas, propaganda, etc.

En casa de mi hermana Ñiquita y de mi cuñado Guillermo García Bendicho fabricamos cientos de cascos de granada de mano, tipo "piña americana", ideadas por Leonides Velásquez más conocido por el Indio Gerónimo.

Todo eso junto con otros armamentos, explosivos y municiones lo guardábamos

en el hogar de mi hermana antes mencionada y en la panadería del padre de mi cuñado. Ya en esos momentos formaba parte de la dirección del Movimiento.

—¿Quiénes integraban esa dirección?

—Enrique Soto (Coordinador), Julio Camacho (Jefe de Acción y Sabotaje) con Demetrio Montseny (Villa) de Segundo, Octavio Louit (responsable del Frente Obrero), seguido por Ñico Torres. También Soto estaba al frente de Propaganda y yo de Segundo.

—¿Se mantuvo mucho tiempo en esa responsabilidad?

—No. Posteriormente pasé para Acción y Sabotaje, me nombraron jefe de una célula integrada por 10 compañeros. Mi nombre de guerra era Príquiti.

Comenzamos a dar clases teóricas y prácticas de pistola, revólver, fusiles Springfield, Winchester y otros armamentos.

Practicábamos en un monte cercano a Imías, y en la finca de los Bertrán en Guantánamo. También intervine en el traslado de armas, municiones, petardos, bombas de fabricación casera, uniformes, etc.

Según un método ideado por mi padre, construimos alcayatas, las que entregábamos al Movimiento, a la vez que también las regábamos en las calles y carreteras, pues como quiera que cayeran, provocaban el ponche en las gomas. En varias ocasiones él participó con nosotros.

El 30 de noviembre de 1956 me acuartelé en una casa al sur de Guantánamo adonde nos llevarían unas escopetas con cartuchos para asaltar la estación de policía en apoyo al desembarco del Granma. No pudimos efectuar la acción debido a que los cartuchos, donde estaban guardados la humedad los hinchó y no entraban en la recámara de la escopeta. Después me trasladé hacia Santiago de Cuba.

—¿Con qué objetivo?

—Para tratar de ver a Frank País.

—¿Lo logró?

—Sí. Primero fui a hablar con su madre Doña Rosario. Ella me mandó a una casa y que dijera que iba de parte de Duque. De esa me mandaron a otra. Pienso que era la de Vilma Espín. Ahí me reuní con Frank.

—¿De qué hablaron?

—Me narró cómo había ocurrido la acción de Santiago y le manifesté mis deseos de irme para la Sierra.

Me explicó que la mejor ayuda a Fidel en esos momentos era luchar en las ciudades para impedir que el Ejército concentrara todas sus fuerzas contra la Sierra Maestra y enviarles suministros, por lo que continué en Guantánamo.

—¿En qué acciones participó?

—En esos momentos Villa era el Jefe de Acción y Sabotaje. Yo estaba como Segundo. Camacho y Soto habían pasado a la clandestinidad.

En una ocasión en que Rolando Masferrer visitó la ciudad para dar un mitin en la emisora CMKS, se me dio la misión de tirarle dos granadas. Lo hice, pero aunque no explotaron, el objetivo en parte se logró, pues al caer y verlas en el piso, se formó el corre-corre y se acabó el mitin. Esto fue presenciado por el locutor Panchín Lescaille y el operador Julio Cardet. Esa noche, mi hermano Toñito sentado en el portal de la casa a una cuadra de la emisora, vio salir varios autos a gran velocidad. La posible causa por la cual no explotaron, según me informaron posteriormente Amancio Floreán y Gustavo Fraga, es que estaban guardadas en un refrigerador o congelador.

También provocamos algunos apagones mediante el empleo de una cadena gruesa, que unida a una soga, lanzábamos contra el tendido de alta tensión a la salida para Tiguabos.

En unión de varios compañeros puse petardos y bombas, la más importante fue en la Compañía Cubana de Electricidad, la que dirigí como Segundo Jefe de Acción y Sabotaje en Guantánamo. También tiré cócteles Molotov, pinté paredes con las siglas del M-26-7, participé en la quema de cañas y otras.

En agosto de 1957, al caer preso Villa, me nombran Jefe de Acción y Sabotaje. Planifiqué atentados contra varios traidores y chivatos.

Algunos fueron realizados con éxitos, como el ejecutado por Mario Revelo y José Salgado (Tato) en octubre al "Gallego Morán", deleznable y vil traidor que abandonó la Sierra Maestra y se unió al enemigo sirviéndole de chivato.

Además de continuar las acciones de todo tipo en la ciudad, coordinábamos (en la casa de Cachita Pérez, Martí y 7 Sur-Guantánamo) con Wicho Herrera (Jefe del Grupo que tenía su campamento en Sierra Canasta) y José Durán (Zapata), los sabotajes al tendido eléctrico y telefónico, quemas de cañas, ajusticiar a chivatos que causaron muerte a revolucionarios, así como otras acciones.

A finales de noviembre fui detenido por delación de José El Mochito, era del Movimiento, pero degeneró en ladrón y junto con otro asaltaron el pago de la Compañía Eléctrica, los capturaron y en el interrogatorio le preguntan si me conocía (pues yo trabajaba en la Compañía), respondiendo que sí y que era Jefe del 26 de Julio. Los guardias van al trabajo y me detienen. Al montarme en el asiento trasero del jeep (sin capota) había una pistola, la cual ignoro, pues me doy cuenta de que era una trampa y es cuando uno de ellos en voz alta y descompuesta dice: "carajo, dejaron una pistola en el asiento", e inmediatamente la agarró.

En el cuartel me encierran en el calabozo junto a los asaltantes. Al quedarnos solos, El Mochito se justifica diciendo que pensaba que yo estaba alzado y por eso me mencionó, a lo cual inmediatamente el otro asaltante (joven) le respondió: "Oye José, si tú delatas a este revolucionario, yo te mato, nosotros seremos ladrones, pero no chivatos".

—¿Estuvo mucho tiempo preso?

—Más de un mes. Después de diversos interrogatorios me trasladaron (caminando) con las esposas puestas y escoltado por una pareja de guardias, del Cuartel hasta el Paradero de Guaguas (Prado y Pedro A. Pérez), desde ahí para el Vivac de Santiago de Cuba. Me acusaron de ser el autor intelectual de todos los asaltos y robos en Guantánamo con fines para el Movimiento 26 de Julio. Bajo fianza me pusieron en libertad provisional.

—¿Regresó a Guantánamo?

—No. En enero de 1958 el compañero René Ramos Latour (Daniel) me propuso que fuera Jefe de Acción y Sabotaje de la provincia de Matanzas, por la situación que existía después del Goicuría, pero al comunicárselo a Villa, este me informó su decisión de alzarse en la Sierra Cristal y me fui con él previo acuerdo con Daniel.

—¿Para cuál zona?

—A Mayarí Abajo. Nos trasladamos en pequeños grupos que los recibía Fredy Ramos Latour (hermano de Daniel).

—¿Realizaron alguna acción?

—Antes del asalto a Nicaro, Villa me nombra Segundo Jefe del Grupo. Atacamos la noche del 23 de febrero de 1958, iba de Jefe del primer carro, tomamos la posta, amarramos a los dos guardias jurados, ocupamos el fusil Garand y sus armas cortas, posteriormente entró Villa con el resto del grupo. Después nos internamos en las montañas. A los pocos días, Villa decidió marchar rumbo a Bayate donde tenía algunos contactos.

—¿Qué tiempo permanecieron?

—Hasta que llegó Raúl Castro, quien nos mandó a buscar a casa del viejo Regueiro.

—¿Qué ocurrió en ese encuentro?

—Raúl me ratificó el grado de oficial y seguí como Segundo Jefe de Pelotón con Villa, pero ahora incorporados a la Compañía B Juan Manuel Ameijeiras perteneciente a la Columna 6 Frank País; al frente de la Compañía estaba Efigenio Ameijeiras.

Junto al Ministro de las FAR en la entrega del diploma por el aniversario 25 de la creación de la Secretaría.

Bajo el mando de Raúl participé en el primer ataque al cuartel de Soledad. Los hombres de Reynerio Jiménez, atacaron por el frente, Raúl por el flanco derecho, Villa por el izquierdo y yo por la caballeza.

Durante el ataque observé que Raúl en varios momentos salía de su posición de combate y se acercaba aún más al Cuartel abriendo fuego. Con toda responsabilidad digo que se arriesgaba demasiado.

Los "casquitos" hicieron una tenaz resistencia. Finalmente no pudimos tomar el cuartel. El combate duró hasta el amanecer.

Días después un grupo de oficiales suscribimos un documento en el que le planteamos a Raúl que no debía continuar arriesgando su vida en ese tipo de acciones.

También fui responsable de la Intendencia de la Columna 6 y participé en los tribunales para juzgar a los bandidos, chivatos y demás maleantes.

Igualmente me encargaron de la recaudación de impuestos a los terratenientes y principales comerciantes de la zona.

Después de participar (como Jefe del grupo de refuerzo de la Tropa de Choque de la Columna 6) en el combate de la Loma de la Victoria (La Mariposa), el Comandante Raúl Castro me asciende a Capitán el 31 de julio, nombrándome Segundo Jefe de la Columna 6 Juan Manuel Ameijeiras.

Participé en numerosos combates: La Lima, Moa (primer ataque), La Mariposa, los dos ataques a Nicaro, la emboscada y toma de dos trenes militares en la curva de Tiguabos, a los cuarteles de Soledad, Ermita, Imías, San Vicente, emboscada del Firme de CMQ y la Microonda, Puerto de Boniato, La Maya y otros.

En el segundo ataque a Soledad antes de comenzar el combate, entré dos veces al cuartel a pedirles a los guardias que evitaran derramamientos de sangre y se rindieran, cosa que no aceptaron. Combatimos durante toda la noche y en horas de la mañana se rindieron.

Para garantizar la toma de Caimanera dirigí la emboscada en Mata Abajo (Canabacoa).

En diciembre de 1958 el Comandante en Jefe me asciende a Comandante del Ejército Rebelde. Al mismo tiempo me comunicó Efigenio que en conversación con Fidel y Raúl nos asignarían unos doscientos hombres para organizar dos Columnas, juntos marchar a Occidente y apoyar a Camilo y Che. Eso no fue necesario por el desplome de la dictadura.

—¿Dónde lo sorprendió el triunfo revolucionario?

—Bordeando a Guantánamo. La orden que nos dio Raúl fue la de tomar dicha ciudad. Intervengo en la toma del aeropuerto, el cuartel y el Instituto.

Las tropas de la dictadura estaban bajo las órdenes del teniente coronel Arcadio Casillas. Logramos capturarlo. Se le juzgó y fue condenado a muerte al igual que otros esbirros. Tuve a mi cargo las conclusiones del juicio.

Se probó hasta la saciedad, con el pueblo presente, la culpabilidad de los acusados. Incluso, recuerdo un policía que era muy decente, educado, y descubrimos que tenía siete muertos. Realmente aquellos que se merecieron el fusilamiento fueron los ejecutados.

—¿Cómo supo que venía para La Habana?

—El Comandante Raúl Castro le comunicó a Efigenio que por instrucciones de Fidel había sido nombrado Jefe de la Policía Nacional Revolucionaria.

Como teníamos tanqueta y otros armamentos decidimos transportar la columna por tierra, pero antes de llegar a Camagüey se fundió el motor de la tanqueta y se decidió que viniéramos en aviones.

En el primer vuelo viajó Efigenio y en el último yo, como Segundo Jefe de la Columna 6.

—¿Qué día entraron en la capital?

—Alrededor del 6 de enero.

—¿Traían alguna orden específica?

—Garantizar la entrada de Fidel. Ya habían llegado el Che y Camilo Cienfuegos.

—¿Qué se encontraron?

—Mucha confusión, anarquía entre los propios grupos revolucionarios. Todos estaban armados.

Nos dimos a la tarea de desarmarlos, a que entendieran la necesidad de organizarse, disciplinarse.

Frente al hotel Deauville había un grupo de compañeros que tenían hasta granadas. Le explicamos la necesidad de ir a la jefatura a ver a Efigenio, pero no entendían.

Cuando la situación se ponía tensa, nosotros teníamos una señal convenida e inmediatamente eran rodeados por nuestra tropa. Tuvimos que andar rápido pues había uno que poseía una ametralladora que se negaba a entregarla y tuvimos que quitársela. Por segundos, no se produjo una matanza.

—¿Qué cargo le dieron?

—Jefe de la Radiomotorizada. Posteriormente me hicieron Inspector General y Segundo Jefe de la PNR. También fui Supervisor del Buró de Investigaciones. Ahí se produjeron problemas muy serios y tuvimos que andar con mano fuerte. Después Jefe del DTI. En noviembre de

1959 me nombran Jefe de Departamento de Inspección del MINFAR (Ejército, Policía y Marina).

—¿Cómo se produjo la participación de la Policía en Girón?

—El quince de abril, el Comandante en Jefe nos mandó a buscar a Efigenio y a mí al Punto 1, que estaba en Nuevo Vedado. Nos dio instrucciones de garantizar el orden y neutralizar junto con la Seguridad a los elementos contrarrevolucionarios si se producía una invasión.

El día dieciocho muy temprano Fidel nos mandó a buscar nuevamente. Le explicó a Efigenio que el Batallón de la Policía tenía que ir hacia Girón.

—¿Con qué misión?

—Impedir que los mercenarios que estaban en Girón fueran de refuerzo a Playa Larga y los que estaban en Playa Larga no se pudieran retirar para Girón.

Nos planteó que de esa manera el enemigo se sentiría dividido e inseguro porque al tener la fuerza revolucionaria en su retaguardia, eso lo iba a desconcertar e impediría la cooperación entre ellos.

Por instrucciones de Fidel se nos subordinó la Compañía de Bazookas de la guarnición del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) y la Compañía Ligera de Combate del Batallón 116 de las Milicias.

La orden que nos dio Efigenio fue de dejar el armamento pesado en "El Esperón" (oeste de la capital, campamento del Batallón al regresar de luchar contra los alzados en las Villas y Matanzas) y llevar subametralladoras, fusiles. Rápidamente se organizó el Batallón y se envió adelante la Compañía Ligera de Combate dividida en dos al mando de los Capitanes Luis Artemio Carbó y José Sandino, respectivamente. La de Bazookas se nos incorporó en Jovellanos.

—¿Qué situación se encontró al llegar al central Australia?

—Al arribar al central Australia nos recibió Efigenio e informó que ya Playa Larga estaba en nuestras manos, que la misión había cambiado y que hiciera contacto con el Capitán José Ramón Fernández quien nos daría instrucciones.

—Fernández, ¿qué instrucciones le dio?

—Al llegar a Playa Larga envío al Capitán Marcelino Sánchez a localizar a Fernández, contactó con él en la cabaña donde descansaba. Fernández nos orientó avanzar rumbo a Girón. En primer lugar irían los tanques, detrás una unidad del Ejército Rebelde y después nosotros. Que encontraríamos a un oficial (no recuerdo su nombre) el cual nos indicaría el lugar.

Hicimos noche en Punta Perdices. Antes del amanecer Efigenio me nombró Jefe del Batallón y me impartió instrucciones de que avanzara, quedando Marcelino Sánchez, como Segundo Jefe.

Empezamos a movernos. Nos cogió el amanecer. No encontramos al oficial. Fuimos desplazándonos hasta que tropezamos con los mercenarios.

Los primeros muertos y heridos fueron compañeros de la Compañía de Milicias que nos subordinaron. Como desconocían el terreno cayeron en una emboscada, en la tercera curva de la carretera, antes de llegar a Girón. Allí combatieron por nuestra Revolución Socialista, tres generaciones, ejemplo de ello (aunque son muchos), deseo mencionar a: Benjamín Moreno García de 15 años, José Manuel Lazo de la Vega Quintana de 41 y Juan Ruiz Serna de 60, caídos aquel 19 de abril.

—Nuestros combatientes lucharon con mucha valentía

—Tremenda valentía. No se me olvidará Fernando Aceña, quien fuera funcionario del INDER, que me lo encontré después de un intenso combate y me narró que tuvo que protegerse detrás de una roca, pues había quedado entre dos fuegos. Estaba vivo de milagro.

La valentía, dinamismo y vigor del Capitán Carbó resultaron ejemplar. Realmente es un héroe. Avanzaba y exhortaba a los demás a caminar junto a él hasta que cayó herido mortalmente.

Siempre recuerdo un muchacho de diecinueve años, Wilfredo Gonce, Sargento de la Policía, que fue víctima de un proyectil. Murió antes de poder ser atendido.

Al igual que Rafael Ángel Carini que ni pertenecía al Batallón, era del Departamento Técnico de Investigaciones y pidió ir a combatir. A mucha insistencia lo dejamos incorporarse. Peleó valientemente. Fue de los primeros en caer.

Los combatientes de la Policía y el Batallón 116 de las Milicias tuvieron treinta y ocho bajas y cerca de cien resultaron heridos. Como consecuencia de varios cañonazos contra nuestra primera posición, resulté herido en el cuello por fragmentos.

—¿En qué momento entraron a Girón?

—Al atardecer del día diecinueve. Fuimos los primeros combatientes en entrar a Girón. En esos momentos los mercenarios se encontraban en desbandada.

Ya de noche me informaron que en dirección de norte a sur, venía un tanque a toda velocidad encendiendo y apagando las luces. Aquello me llamó la atención. Ordené que trataran de comunicarse con su conductor. Lo logramos. Me llevé una gran sorpresa al conocer que era el Capitán Joel Pardo Guerra.

Al llegar le dije: "Tú estás loco, cómo has hecho eso, sin saber si aún los mercenarios habían abandonado Girón". Entonces me respondió: "Fidel me dio la orden de que no parara hasta llegar a la playa y de ahí tirara hacia arriba con proyectiles y balas trazadoras como señal de que había llegado al objetivo". Le dije: "Bueno, vamos a cumplir la misión".

También nos dijo: "Fidel está en San Blas", fue entonces que los compañeros Fernández, Flavio Bravo y René Rodríguez me plantean ir a informar al Comandante que ya estábamos en Girón, les respondí: que tenía la responsabilidad del Batallón PNR y que ya Efigenio salió hacia el central Australia para llamar a Fidel. Apenas unos minutos al salir los compañeros, sentimos un estruendo parecido al vuelco de un vehículo, envié a ver lo sucedido, eran ellos que al caer el carro en un cráter producido por una bomba de aviación resultaron heridos, incluso rota la pierna de René e inmediatamente ordené su traslado al puesto médico. El lugar del accidente fue cerca de la pista de aterrizaje en Playa Girón.

Al poco rato arribó el Comandante en Jefe. Venía montado en un tanque. Nuestra artillería seguía cañoneando Girón.

—¿Qué hizo Fidel?

—Impartió algunas órdenes. Redactó el parte donde anunciaba al mundo la victoria sobre la invasión mercenaria. Recorrió varios lugares y mandó a decirle a Pedrito Miret que dejaran de tirar.

Después se dirigió al muelle, desde donde se veían dos barcos de guerra norteamericanos, que durante todo el día estaban frente a Playa Girón.

Fidel empezó a encender y a apagar las luces de una linterna. Me quedé pensativo y me dije: "Usted verá..."

Le pregunté por qué hacía eso y me contestó: "Para ver si se equivocan, creen que son los mercenarios, los vienen a rescatar y le caemos a cañonazos". Me sorprendí y medité: "Con todo lo que ha pasado y este hombre quiere seguir buscando bronca".

El General Samuel Rodiles Plana despliega en señal de victoria la Enseña Nacional, al ser el último combatiente internacionalista cubano en abordar el avión donde retornaría a la Patria y que dio por concluida la misión en Angola.

En Girón se demostró una vez más la visión de Fidel. Le cayó encima al enemigo en todas las direcciones, con todos los hierros, no los dejó tranquilos ni un minuto para impedir que lograran una cabeza de playa.

He tenido la suerte de vivir momentos trascendentales de nuestra Revolución: Clandestinidad, Guerra de Liberación, Lucha Contra Bandidos, Girón, Crisis de Octubre y Angola.

—Angola, ¿qué significó para usted?

—Una experiencia inolvidable. Estuve en tres ocasiones. La primera en 1977 en el Sur. Me impresioné tremendamente cuando me encontré con una tribu nómada. Estaban cocinando hierbas y raíces.

Vi mujeres que no tenían más de treinta años y parecían viejas de sesenta. Estaban desnudas. Apenas con una mínima prenda. Eran madres con varios niños. Me golpeó el hambre. Una miseria increíble.

Mediante un angolano que nos sirvió de intérprete, hablé con ellas. Esto ocurría no solo en el Sur sino en muchas partes de Angola.

Empezamos a trabajar con nuestras tropas. Los combatientes crearon la base material de estudio para dar preparación combativa con escasos recursos. Logramos llevar adelante la instrucción en unas condiciones muy pobres. La zona era desértica. En gran cantidad de territorio no existía ningún tipo de construcción. En este viaje no permanecí mucho tiempo.

En los primeros meses de 1978, siendo Jefe de la Dirección de Preparación Combativa del MINFAR, estuvimos en Etiopía organizando la preparación de las tropas en todas nuestras unidades. Después, en este año, regresé a Angola como Segundo Jefe de la Misión hasta 1980. También estuve en Punta Negra, en el Congo.

Realmente las tropas tuvieron algunas acciones, pero no de gran envergadura.

—¿Cuándo realizó la última misión?

—En 1987. Participé en las distintas actividades de nuestras tropas en el Sur. En esos momentos ejercía de Jefe del Estado Mayor de la Misión. Recorrí todos los lugares donde se encontraban nuestros combatientes.

Fueron muchos los actos de heroísmo. No puedo olvidar a los pilotos, tanquistas, zapadores, artilleros, infantería que, conjuntamente con los angolanos, libraron los combates que nos llevaron a la victoria.

—¿Mantenía contacto con Fidel?

—Constantemente. Hablábamos dos veces en el día. Una por la tarde y la otra por la noche. En una de las conversaciones me hizo más de veinte preguntas, inclusive, se interesó en conocer si había llovido en Cuito Cuanavale. Tenía dominio exacto de todo lo que ocurría en Angola, al igual que Raúl, con el que hablé en varias ocasiones.

En 1989 el hoy General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra (Polo) regresó a Cuba para hacerse cargo de la Jefatura del Ejército Occidental. Antes de viajar a La Habana fuimos a ver al Presidente José Eduardo Dos Santos. Le entregamos una carta del Comandante en Jefe, en la que se le informaba el cambio en la Jefatura de la Misión.

—¿Cuándo salieron las últimas tropas cubanas de Angola?

— El veinticinco de mayo de 1991. Recibí instrucciones del Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de regresar en ese vuelo y de ser el último en montar.

También me dijo que cogiera la bandera cubana con energía, vigor y en gesto de triunfo la hiciera ondear varias veces en la escalerilla del avión antes de entrar. La moví con fuerza. Eso constituye para mí un gran orgullo.

En la pista del aeropuerto de Luanda se encontraba el Presidente Dos Santos, que había ido a despedirnos junto a otras autoridades y jefes principales de las FAPLA, aplaudían efusivamente. Son momentos inolvidables.

A La Habana llegamos de noche. Fui el último en bajar. En el aeropuerto se encontraban Fidel y Raúl. Cuando llegué frente al Comandante en Jefe le rendí el parte, en el que le expresaba: "Las Tropas Cubanas participantes en la Misión Internacionalista en Angola regresan victoriosas a la Patria". Me costó trabajo hablar. Las palabras no me salían.

Le extendí la mano a Fidel y me dijo: "Ven". Me dio un fuerte abrazo. Sentí que era el abrazo a todos los que habían combatido en Angola y a los que habían caído honrosamente cumpliendo su misión internacionalista.

Subir