ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Frank, Damaris y Francis Merlin llevan al colegio toda la armonía familiar que los mantiene siempre juntos. Foto: Dilbert Reyes Rodríguez

BAYAMO, Granma.–Francis Merlin ya estudia Medicina, es tan alta como su mamá Damaris y quizás tiene novio. Sus 18 años redondean la certeza de que es toda una mujer.

Por supuesto que a su edad hace muchas cosas sola; pero este domingo se enganchó del brazo de sus padres como cuando de pequeña salía de paseo a la calle. Fue al colegio electoral entre los dos, porque «quería así, en familia, vivir de nuevo la experiencia que ya tuve una primera vez, en las otras elecciones».

«Hace unos nueve meses nos mudamos para este barrio, sabemos quién es la delegada y ya participamos, los tres juntos, en todo el proceso para estas elecciones», detalla Damaris Rojas.

«Francis siempre va con nosotros en estas cosas –dice Frank García, el padre– porque no hay un mejor modo de enseñar que acompañando, dando el ejemplo desde la propia casa, viéndonos a nosotros hacer».

En las palabras de los dos hay algo pedagógico, docente, y una confirmación fugaz deja claro que ambos son profesores, de escuela, claro; pero también de la casa, de la calle, de la sociedad de que es parte su niña, que ha aprendido con ellos el significado de votar, de la labor de un delegado, el porqué es la base de nuestra democracia.

Y Francis Merlin quizás no lo explica tan bien como sí lo demuestra con sus actos; porque en su carné no tiene todavía el cambio de dirección a la casa nueva, sino el del barrio anterior, que no es tan lejos, en el mismo Bayamo.

En el colegio le explican que la niña debe ir hasta allá, que si hay problemas con eso, y ella –antes que sus padres respondieran en su nombre– dijo que sí, que claro, que iría ahora mismo, que sabe lo importante de votar, y se sienta con su madre a esperar que el padre marque y deposite su boleta.

En la pared, al frente, hay un cuadro grande con el rostro de Fidel, y un pensamiento suyo que ambas miran.

«Ayer fue un día triste. Lo que hagamos hoy es por él», dice una señora que acaba de entrar, y se sienta al lado, antes de que ellas se paren, enganchen cada una un brazo de Frank, el padre, y salgan como llegaron, juntos, para que Francis Merlin vaya a marcar en su boleta todo lo que ha crecido como mujer, como ciudadana, como cubana.

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Daisy T. Rivero Leon dijo:

1

26 de noviembre de 2017

15:38:53


Bonito y hermoso comentario, asi hay muchas familias cubanas.