ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La Paloma de la Paz (1940) Foto: Rodríguez, Mariano

La paz adquiere multitud de significados en este pedazo de tierra caribeña, enriquecidos con la intensa tradición de reflexiones por parte de los artistas cubanos.

Ellos han entendido la paz no solo como la ausencia de conflicto, sino como un estado inseparable de la justicia social y la descolonización: idea que nos ha llegado por medio de lienzos, en murales callejeros o desde reflexiones melódicas tan bellas como Cita con Ángeles (2003), de Silvio Rodríguez.

La canción protesta y la Nueva Trova fueron espacios en los que el anhelo de paz se expresó de manera más íntima y directa. Con una fuerte carga poética y política, los trovadores encontraron en sus canciones –que perduran notablemente en la memoria colectiva– la vía para apelar al oyente por la construcción de un mundo con mayor justicia social y menos violencia.

La referida Cita... recuerda, por ejemplo, cómo «un ala azul se le lastima» al ángel, mientras «el ave negra abre la boca cuando atraviesan Hiroshima»; y fue quizá la misma criatura celestial «que allá en Chile vio bombardear al presidente» y presenció «las dos torres con sus miles cayendo inolvidablemente».

Antes, en 1971, Silvio Rodríguez había unido su voz a la de Pablo Milanés y Noel Nicola para interpretar Cuba va, pieza de la música cubana que reflejó el espíritu de una nación que ama, lucha y sueña, y la importancia de mantener la paz y de no permitir que nada interrumpa el rito de amar.

En las artes plásticas, la obra Paloma de la Paz, del pintor Mariano Rodríguez, que data de 1940, evidencia que las preocupaciones por el simbolismo de la paz en las artes de la Isla tienen raíces profundas: un ícono visual nueve años antes de que Picasso hiciera famosa su litografía del mismo nombre, hoy devenida símbolo de armonía.

Muestras más recientes las encontramos en el pasado I Festival Internacional Granma-Rebelde, en el cual se creó el Mural de la Dignidad, una obra compuesta por cuatro lienzos en la que diversos caricaturistas y profesionales del humor gráfico cubano plasmaron su interpretación de conceptos como la paz mundial, la dignidad de los pueblos y el próximo centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz.

Digno de rememorar es también cómo el pintor Alexis Leyva (Kcho) encabezó, en 2010, una iniciativa para crear muros contra la guerra y en apoyo a los Cinco Héroes, surgida a partir del llamado de Fidel sobre el peligro de una guerra nuclear, ahora más inminente.

Desde lo heroico hasta los ejemplos cotidianos, el cine cubano se ha ocupado de este tema en documentales como Movimiento por la paz (1949), dirigido por Tomás Gutiérrez Alea, un material inconcluso de quien luego se convertiría en uno de los cineastas más importantes de Cuba.

Esas ideas luego las continuó Roberto Fandiño en el documental Ganaremos la paz (1961), centrado en la preparación y entrenamiento de los milicianos para defender la paz, y que culmina con su triunfo contra los mercenarios invasores de Playa Girón.

La literatura, por supuesto, no podía faltar. Y en ella, un título que condensa muchas voces: La paz no necesita de palomas (Ediciones Unión, 2003), una singular antología coordinada por Lizette Vila y Lucía Sardiñas. El volumen reúne a casi un centenar de mujeres cubanas –poetas, compositoras, pintoras, investigadoras, actrices– quienes, desde sus respectivas disciplinas, ofrecen un testimonio íntimo y diverso sobre esa aspiración tan esquiva. Hay poemas, trazos, canciones, reflexiones. Como explica Vila en el prólogo, no se trata de una utopía: la paz, dicen estas páginas, «sí existe y puede iluminarnos».

La poesía también ha tenido sus espacios colectivos de reflexión. En 2025, La Habana fue sede del Primer Congreso Mundial de Poetas por la Paz y la Vida en la Tierra, en el que más de 70 poetas de una veintena de países, reunidos en el Palacio de las Convenciones, debatieron sobre el ejercicio poético y la transformación social.

La fotografía cubana, esa otra manera de detener el tiempo, también ha sabido encontrar su versión de la paz. Las imágenes de Raúl Corrales, por ejemplo, nos muestran otra mirada. Su famosa foto El Sueño (1959) retrata la vulnerabilidad de un guerrillero en la posguerra, lejos de toda épica. Corrales también legó sus instantáneas de los días azarosos de la Crisis de Octubre y de Girón, todas joyas de la fotografía revolucionaria cubana.

En todas estas manifestaciones, la paz se revela como una obra en proceso que los artistas han contribuido a visibilizar y defender.

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