Con sangre de gallegos, ingleses e italianos al nacer en Iria Flavia, La Coruña, el 11 de mayo de 1916, Camilo José Cela y Trulock sería considerado, pocas décadas después, el gran novelista español de la posguerra, dueño de una prosa rica e intensa, que con compasión contenida conformaría una visión desafiante de la vulnerabilidad del hombre.
El Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1987, Premio Nobel de Literatura 1989 y Premio Cervantes 1995 –quien integrase el jurado del Premio Casa de las Américas en enero de 1965 y fuese confeso admirador de la obra de Alejo Carpentier y Nicolás Guillén– no sería bien recibido por la crítica en sus primeras incursiones literarias, algo tan común en tales ambientes creativos.
De su novela La familia de Pascual Duarte (1942) los especialistas de la época impugnaron su proclividad a lo truculento y morboso, lo cual no fue óbice para constituirse en uno de los libros más vendidos y traducidos del autor.
Según el consenso de los expertos, La Colmena (1951) representa una de las cumbres narrativas de Cela, punto de inicio de un nuevo realismo no lineal y fragmentado, expresión testimonial de los dolores de posguerra. De las versiones fílmicas de sus libros, la de este –dirigida por Mario Camus en 1982– resulta la más afortunada.
Luego de La Colmena, de su pluma brotarían nuevas obras, reconocidas, a la manera de San Camilo, 1936 (1969); Oficio de tinieblas 5 (1973), Mazurca para dos muertos (Premio Nacional de Literatura en 1984) y Cristo versus Arizona (1988), entre otras.
Miembro de la Real Academia Española desde 1957, el también poeta, periodista, ensayista, conferenciante y editor de revistas literarias –Papeles de Son Armadans, publicación mensual que, a partir de 1956, editaría y dirigiría en Palma de Mallorca– participó en la creación de empresas editoriales, a la manera del sello Alfaguara.
La grandeza literaria del autor de las novelas Pabellón de reposo (1943); Nuevo Lazarillo (1944); Viaje a la Alcarria (1948); Del Miño al Bidasoa (1952); Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953); La catira (Premio de la Crítica 1955); o Judíos, moros y cristianos (1956) se contradice con ciertos hechos que manchan su memoria.
Compañeros suyos, investigaciones periodísticas y manuscritos firmados por el escritor señalan que fue un informante para la dictadura de Franco, además de delator de colegas e intelectuales a lo largo de la década del 60 del pasado siglo.
En fecha tan temprana como 1938, Cela enviaba una solicitud al Comisario General de Investigación y Vigilancia, en la cual ofrecía sus servicios como delator: «Que el Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el solicitante en Madrid… y que por lo mismo cree conocer la actuación de determinados individuos… cree poder prestar datos sobre personas y conductas que pudieran ser de utilidad…».
En un poema firmado en 1940, escribe: «Mussolini nos dijo que la historia se mueve con la rueda de la sangre…», antes de pedir, en los propios versos, «la bendición de Dios para Francisco Franco, nuestro Caudillo y Padre». Sus simpatías políticas también quedaron rubricadas en varios artículos de prensa.
Este hombre –a quien el corrupto rey Juan Carlos le entregara el marquesado de Iria Flavia– falleció el 17 de enero de 2002, debido a una insuficiencia cardíaca causada por la patología cardiorrespiratoria crónica en fase terminal que sufría.
Cuentan los obituarios de los medios españoles que, un día antes, sus últimas palabras fueron: «Viva Iria Flavia» (localidad coruñesa de nacimiento donde las campanas redoblaron en señal de duelo) y un «Te quiero» dirigido a su esposa, Marina Castaño.











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