ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cate Blanchett en la serie Desprecio, estrenada en Cuba. Foto: Fotograma de la serie

Cuando el director mexicano Alfonso Cuarón presentó su miniserie Desprecio (Apple TV+, 2024), durante el penúltimo Festival de Venecia, cometió el error táctico de pedirles, tanto a la prensa especializada como a los críticos, que se abstuviesen de comentarla hasta terminar de ver sus siete episodios.

Su solicitud era entendible –dada la naturaleza narrativa de un material de fragmentación del continuo secuencial, diversos puntos de vista/líneas temporales, y un cierre resignificador–, pero imposible de perdonar por algunos en estos tiempos de tanta susceptibilidad, cuando pocos quieren aceptar una mínima sugerencia que, solo en presunción, les restaría parte de su libertad. Resultado: no pocos críticos la castigaron injustamente.

Sin embargo, Desprecio lo que merece es alabanza, al ser una de las apuestas, en formato serial, más elegantemente filmadas (esto es puro cine) y cautivadoras de la plataforma de la manzanita mordida en años, con independencia de ciertos lastres que sí la lastiman.

Estrenada en nuestra Televisión, la miniserie del realizador de Hijos de los hombres, Gravedad y Roma tiene como motor dramático el dilema afrontado por la periodista y documentalista Catherine Ravenscroft (la interpreta la australiana Cate Blanchett), cuando aparece un libro que expone supuestas circunstancias oscuras de su pasado. Si bien esta será una trama con sus enveses, poblada de ángulos muy diferentes para rastrearla, de apariencia y verdad.

Adaptación de la novela Disclaimer, de la británica Renée Knight, el propio director y guionista latinoamericano manifestó que, más que aferrarse a las dos líneas narrativas predominantes en el material literario, se abrió «a muchas más narrativas que fueron avanzando paralelamente, porque me interesa la que no está escrita, que es la que el espectador se está creando al estar viendo la serie».

Y la que el espectador se crea al ver la serie –a fin de cuentas, la que nos interesa aquí– resulta plausible, debido al tino, el hábil ensamble, la atención al detalle y el criterio con que se estructuran y entrecruzan los puntos de vista y capas de sentido de este thriller sicológico: un trabajo rico en la mutabilidad de sus semas, precioso en su fotografía dividida en coloración o texturas según la línea temporal, empinado por la actuación de la grandiosa Blanchett.

Cine en formato de serie (en algún momento Cuarón pretendió convertir Desprecio en película), su impronta visual se beneficia, de forma considerable, de la experticia de Emmanuel Lubezki, habitual cámara del director y uno de los exponentes contemporáneos cimeros de la histórica escuela mexicana de fotografía, coasistido en la ocasión por su colega francés invitado, Bruno Delbonnell.

Aquí se filman algunas de las más bellas, directas y osadas escenas eróticas de la pacata teleficción anglosajona (episodios tres y cuatro), en un territorio al que Cuarón demostró bien temprano haberle cogido el punto, desde los días de Y tu mamá también.

Donde desciende Desprecio es en parte de la selección actoral, sobre todo en los casos de Sacha Baron Cohen y Kevin Kline en los roles del esposo de la protagonista, y de Stephen, el anciano que intenta vengarse de la muerte de su hijo, al considerar a Catherine como su victimaria en un momento común del pasado de ambos.

Que el británico Baron Cohen sea, ante todo, un comediante nato, y que resulten las armas del humor las que mejor maneje Kline en su carrera, no les limita a intervenir aquí, claro. El asunto es que ninguno (mucho menos el primero, debido a su postiza caracterización), alcanza la temperatura de Blanchett ni logra acoplarse a una serie como esta, de tantas demandas dramáticas e histriónicas.

No respalda al material la multiplicidad de voces en off, como tampoco soluciones tan delirantes o propias de otra serie, como esas del capítulo final, cuando un inverosímilmente malévolo Stephen intenta asesinar en el hospital al hijo de su rival, Catherine, luego de dejarla inconsciente en su forzada visita previa al anciano.

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