
Hora es ya que los ojos de Fidel
sean tus ojos, mis ojos, los de este y los de aquel.
Hora es ya que el oído de Fidel
sea tu oído, mi oído, el de este y el de aquel.
Hora es ya que la palabra de Fidel
sea tu palabra, mi palabra, la de este y la de aquel.
Así nadie tendrá que expresar
incomprendido en su pesar:
¡Ay, si Fidel lo viera!,
¡Ay, si Fidel lo oyera!
¡Ay, si Fidel lo palpara!
¡Qué dolor sentiría!
¡Cómo resolvería con una idea clara!
Duele profundamente
ver que el gran dirigente,
que adondequiera va,
tenga que estar aquí, tenga que estar allí, tenga que
estar allá…
Y nosotros, ¿qué hacemos?
Si no lo asimilamos,
cuando no lo tengamos,
¿con qué ojos veremos?,
¿con qué oído oiremos?,
¿cómo caminaremos si su modo de andar no interpretamos?
Para que nunca se nos muera,
hay que hacerlo Partido, clase obrera,
con los campesinos en estrecha unión.
Para que siempre, dondequiera,
estén con nosotros sus ojos,
sus oídos,
su palabra,
su hermoso corazón.
El otro
(enero 1, 1959)
Nosotros, los sobrevivientes,
¿A quiénes debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
Quién recibió la bala mía,
La para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
Sus huesos quedando en los míos,
Los ojos que le arrancaron, viendo
Por la mirada de mi cara,
Y la mano que no es su mano,
Que no es ya tampoco la mía,
Escribiendo palabras rotas
Donde él no está, en la sobrevida?
Palma real
Palma real, bandera viva
en el paisaje clavada,
tu nombre lo mece el viento,
el viento que llega y pasa.
Cuando al ondular susurras
fina, verde, libre y alta
¡qué cerca te ve la nube
y qué firme la sabana!
Palma real, ¡qué nombre el tuyo
para evocar a la patria!
Renacimiento
Hija de las aguas marinas,
dormida en sus entrañas,
renazco de la pólvora
que un rifle guerrillero
esparció en la montaña
para que el mundo renaciera a su vez,
que renaciera todo el mar,
todo el polvo,
todo el polvo de Cuba.










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