
Para quien ha tenido el privilegio de contemplar in situ la evolución profesional del artista de la plástica Sándor González Vilar, es fácil coincidir con Helmo Hernández, presidente de la Fundación Ludwig en Cuba, cuando refirió que Matria «no es una exposición, sino un gesto de amor agradecido a la poesía».
Y no puede haber otro modo de apreciar este conjunto de piezas marcadas por una intensa carga espiritual, sentimental y conceptual que bajo el nombre de Matria, Sándor ha reunido en la Galería Espacio Abierto, de la revista Revolución y Cultura. Dedicada a la memoria de su madre, recientemente fallecida –la musicóloga Laura Vilar–, el artista, conmovido por el suceso, hace uso de esta palabra, con la que resume un amor infinito y fundido hacia la madre natural y a la madre patria, en circunstancias duras y complejas.
Como nunca antes el artista, a través de su creación, declara la plena conciencia de ser un cubano de estos tiempos, de los que ofrecen la voluntad de estar con Cuba y de hacer por ella.
Ahí está la solemne apropiación que ha hecho de nuestro escudo en la pieza Mi Escudo: la estrella, del mismo modo que constituye una motivación perenne en su obra la personalísima interpretación de la enseña nacional, advertida ahora en obras como Contienda. Tres pentagramas con las notas de nuestro Himno Nacional se estampan en las franjas azules.
Quizá entre las piezas de mayor sensibilidad esté la bandera cubana hecha con prendas de vestir de su madre, y que tituló La gloria que se ha vivido. Insoslayables resultan también obras como Mayores, en la que aparece tierra de la tumba de Rafael María de Mendive, el maestro de Martí; así como los mapas de nuestro archipiélago, que han sido confeccionados con fósforos, una obvia resolución de la unidad del pueblo cubano y hasta un guiño a su historia, y que ha denominado Si te metes con uno.
Estar frente a Matria, contemplar sus mensajes y sentir cómo pueden conmovernos es una experiencia que no debemos perdernos. Estará durante todo el mes de enero.
Matria tiene el poder de acrecentar el orgullo cubano, y nos lleva a Don Fernando Ortiz, cuando para definir la cubanidad, nos dijo que era «algo que nos atrae y nos enamora como hembra que es para nosotros y a la vez una y trina: madre, esposa e hija. Misterio de trinidad cubana, que de ella nacimos, a ella nos damos, a ella poseemos y en ella hemos de sobrevivir».











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