Para embriagar al público, una mezcla fuerte, y con la sabrosura típica de la cubanía, es la clave del cuarteto de cuerdas Café. «Con un marcado enfoque en los ritmos de la cultura afro, llevamos los géneros populares a las cuerdas frotadas, brindando un timbre diferente», asegura Aylín Pino, directora y violinista del conjunto.
Desde su fundación hace cinco años, este grupo –ganador del premio Uneac de interpretación 2018– está compuesto, además por Ana Caridad Frómeta al violín, Osvaldo Enríquez a la viola y Carolina Rodríguez al violonchelo, jóvenes graduados de la Universidad de las Artes, «enérgicos como el café que les gusta a los cubanos».
A ritmo de la melodía, los cuatro se funden con su instrumento, interpretando lo mismo una pieza de la propia Aylín Pino o de Alejandro García Caturla, Beny Moré, Astor Piazzolla, Scott Joplin, Guido López Gavilán, Enrique Jorrín, Alejandro Falcón... Lo cierto es que «siempre es seductor un poquito de Café».
El cuarteto posee un variado repertorio que incluye la llamada música clásica, la latinoamericana, la cubana y el jazz, aunque, explica Aylín Pino, «nuestro enfoque es más reiterativo en cuanto a lo popular cubano, el latín jazz y lo afrocubano». Recrean los estilos de la música folclórica y autóctona de nuestro país, defienden un lenguaje que evoca a la cultura nacional, desde los bailes de salón hasta los toques yorubas. De esa manera libran al formato de «encasillamientos musicales o teóricos», un sello distintivo muy necesario hoy y que estos artistas defienden con maestría.











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