La discografía en formato físico camina hacia lo que muchos llaman su extinción. Luego del esplendor de un siglo, el disco físico se debate entre apagarse totalmente o seguir satisfaciendo a un reducido grupo de expertos y coleccionistas que, de manera casi filantrópica aún apuestan por él. Pero en un mundo donde el arte per se queda relegado al interés tecnológico, es indudable que la discografía ha ido adaptándose y preparándose para un cercano día cero. Ahora bien, en el caso de Cuba, ¿hasta dónde será posible esa defensa y permanencia del disco? Si llegara el momento de un acceso soberano y sin coacciones al universo de internet, ¿nuestro arsenal fonográfico qué haría?
Por limitaciones del bloqueo, nuestras disqueras y distribuidores no pueden realizar ventas vía electrónica directamente, y para algunos expertos esta es la razón por la que el disco físico sigue siendo clave en nuestro entorno musical, pero esto afecta particularmente al mercado internacional, más no al interno.
Pienso debe ser una prioridad estratégica ganar en cultura de distribución online en el ámbito nacional, a sabiendas de la consabida crisis del disco por razones varias y su encarecimiento de producción fuera de Cuba. Creo que, atendiendo a las aperturas y los llamados recientes del país hacia una cultura del manejo de las tecnologías de la informatización y de su impacto en la sociedad, la independencia tecnológica –aun con derrotas y victorias– debe trazarse de forma seria por parte de entidades vinculadas al disco y al comercio nacional.
Así, el mercado interno pudiera acceder a la discografía cubana de manera digital a través de diversas plataformas que pueden crearse, como ya ha sucedido con el pago de servicios online, por ejemplo. Si esto se gestara, estaríamos vinculando a jóvenes programadores, especialistas en software, redes, nodos y demás que ha preparado la Revolución en universidades e institutos y se estaría más a tono con el contexto actual en cuanto a las tendencias del mercado de la música, ya sea en streaming o comprar a la carta, por citar lo más común.
Pudiera crearse un sistema de ofertas que incluyeran novedades, bonos o descuentos, y poder comprar la música deseada de la misma forma que los jóvenes lo hacen con el Paquete o La Mochila, pero desde la comodidad de una apk en el teléfono o dispositivo portátil. De esa manera pudieran gestarse dos aristas bien funcionales para la industria: de un lado se combate la piratería que tanto daño le produce al derecho de autor y, del otro, sería una manera de percibir ingresos de forma legal donde la Agencia Cubana de Derecho de Autor Musical pudiera desempeñar el papel rector, ya sea en asesoramiento, capacitación o conocimiento del marco jurídico, dadas sus experiencias en todos estos años.
Todo estaría a tono con las políticas que el país quiere impulsar de potenciar la creación y distribución de contenido nacional en el entorno digital, a la vez que sería una herramienta eficaz para la reinserción de nuestra música en el espacio virtual. También pudieran crearse condiciones en disqueras o tiendas especializadas donde puedan comprarse en formatos digitales la música deseada, no ya el disco completo como funciona en buena parte del planeta, sino solamente las canciones que el usuario desea. Así, en diversos lugares de nuestro país la discografía nacional pudiera llegar de forma atractiva y directa, y además sumarse otros contenidos como pueden ser la portada, las notas, los créditos, autores e invitados, lo cual no se posee cuando se opta por la copia pirata.
Talento, creatividad y pujanza son atributos que en nuestros jóvenes sobran y han de ser utilizados en beneficio del país y de la salvaguarda de nuestra historia musical sin opacar el presente. Acercarnos a la música de la mano del comercio digital nacional debe irse pensando y poniendo en práctica sin mucha dilación, hay mucho en juego.











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mlmesa dijo:
1
4 de abril de 2019
13:25:57
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