ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El músico Sergio Vitier. Foto: Jose M. Correa

Cada punto sensible presente en el modo elegido por Sergio Vitier para consolidar la obra de toda la vida, genera un sinfín de razones; es ahí donde queda asegurado su derecho de permanencia. A lo largo de una trayectoria que vi iniciarse desde el asombro, cada parada para compartir un tramo del camino me ha dado –literalmente– mucho que pensar.

Argumentos a manos llenas, listos para lanzarse a gusto como si fueran dados sin cubilete, como si fueran caracoles repletos de enigmas que no sabemos si estamos preparados para descifrar en un solo tiro, tratan de arreglárselas para dejar bien clara la razón de ser de este cubano músico, de este músico cubano.

Cuando una invención sonora se abre paso al igual que lo hace el olor de una sazón equilibrada, en alguna zona del universo queda anotado un punto a favor de la mano que, al lanzar con buen pulso esas partículas de un presente eterno, nos ayuda a aceptar el papel de cuidadores de una memoria que no va a hacerse polvo ni desecho.

Sergio Vitier transitó desde un atril en otro, sin fallarle a un solo episodio de la historia musical de su tiempo. Trenzados para siempre en la suya, un desfile interminable de nombres me cruza por la mente en esta especie de declaración del alma para la que ni yo misma estaba preparada porque Sergio, el mío, el de la mirada no se sabe hacia dónde, el pérfido cigarro y las manos tan lindas, entraba y salía a sus anchas por todos los mundos visibles e imaginables.

Todo aquello que su ojo afilado y su percepción finísima pudieron salvar de la desidia y el olvido, ha quedado grabado o anotado, ha sido enarbolado y expuesto a la luz por Sergio Vitier  al calor de hermanamientos entre ritmos, instrumentos y sonoridades.  De la guitarra al atril, del atril al pódium poniéndose a prueba para exigir el máximo a cada idea instrumental llevada al papel, a cada forma grande abordada desde ese pedazo de silencio que nunca he podido imaginar cuándo pudo robarle a su adorable locuacidad, a cada hondura donde se sumergía dispuesto a enfrentar cualquier riesgo, en medio de anécdotas capaces de despertar una carcajada interminable, manejándonos a su antojo con toda la intención de salir siempre a flote, con toda la fuerza de una ola que no sentimos acercarse; dejándonos, en medio del desconsuelo de su partida, convencidos de que nadie como él supo armar para siempre, con lo mejor de los demás, una orquesta de corazones manejada desde un gesto, una mirada o un simple pasaje de voz emitido en lo grave de su tesitura por ese príncipe de lo sentimental que fue, casi como un regaño encaprichado en disimular  el lado más sensible y vulnerable de su ser.

En medio de tantos y tan variados contrastes, al simple llamado de uno de sus pasajes de cuerdas  o sus ritmos  de percusión cubana trenzados con acordes de guitarra, no podemos pensar ya en él con nostalgia sino agradecerle, desde el tránsito por esta vida, semejante manera de habernos lanzado como dados o caracoles, a suerte y verdad, en múltiples tiradas donde cabe, sin embargo, una sola lectura: esa que parece indicarnos que, a la manera de Sergio Vitier, es posible no dejarse encasillar en un pasado que es solo cosa inventada por las fiebres del no hacer, del no pensar; que es posible orquestar desde la nobleza e instalar en las almas de los seres que nos han querido, una ejemplar manera propia de quedar en el presente y abrazarnos a todos los que estén por llegar.

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Ana dijo:

1

8 de febrero de 2019

12:20:15


Bello escrito!!! Tuve la dicha de conocerlo en vida y coincidir con su hijo en una época muy hermosa de mi infancia. Felicidades por la emotividad y sinceridad de sus palabras!

Andrachi dijo:

2

8 de febrero de 2019

16:48:36


Hermoso texto. Claro, es Marta. Creadora de belleza. Gracias, Marta.