El Dr. Sergio Valdés Bernal, prominente lingüista, académico e investigador ha merecido el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2018.
Un jurado presidido por Sergio Guerra Vilaboy valoró la producción científica de Valdés Bernal, de gran prestigio nacional e internacional, la cual tributa y aporta a todas las ciencias sociales y humanísticas, además de constituir un referente imprescindible para la investigación y la enseñanza de la cultura cubana.
Profesor titular de la Universidad de La Habana y Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua, entre otros méritos, Sergio Valdés accedió a conversar con Granma, tras saberse la agradable noticia.
–Un lingüista ha sido distinguido con el Premio Nacional de Ciencias Sociales. ¿En qué punto se intersectan los caminos de la lengua y la historia?
–Como la lengua es el soporte idiomático de la cultura, de la identidad y de la nación, es imposible separar el estudio del español hablado en Cuba de otros estudios, en este caso de los históricos que ayudan a precisar, apuntalar mejor las deducciones que nos permiten describir nuestra forma de hablar el español, o sea, la modalidad cubana de la lengua española. Para explicar y justificar todas estas características del español cubano, los estudios históricos son de gran utilidad, incluso para comprender cómo el Ejército Libertador en nuestras guerras independentistas devino importante factor en la difusión e imposición de «nuestro» español como lengua fortalecedora del proceso gestor de la nación.
–Atendiendo a sus investigaciones, ¿cuál considera que goza de un estudio más completo? ¿cuál merece todavía un refuerzo mayor?
–Bueno, realmente nunca estoy satisfecho con lo que hago. Lo que escribo lo dejo «reposar» un rato y lo vuelvo a releer varias veces. Y siempre me pasa lo mismo: algo se me quedó o pasé por alto. Este es un motor que siempre me obliga a continuar investigando, lo que para mí es un gran placer. Por ese motivo, el Premio Nacional de Ciencias Sociales para mí constituye un gran incentivo, un gran estímulo, además de que es la primera vez que se entrega a un lingüista. Y considero esto como un reconocimiento no solo a mi persona –que es lo menos importante–, sino a todos los que nos dedicamos de una forma u otra al estudio, descripción y enseñanza de nuestra lengua nacional que, repito, es el soporte
idiomático de nuestra nación, identidad y cultura.
–¿Cuál es el mayor tributo de los estudios filológicos de su autoría a las Ciencias Sociales, que hoy lo distinguen con el Premio?
–Pienso que el mayor tributo ha sido el estudio interdisciplinario, el no pensar que una disciplina tiene la verdad absoluta de lo que se está investigando. Por el contrario, en ese nexo, en esa visión desde diferentes ciencias respecto de un objeto de estudio nos acercaremos más a la realidad. A modo de ejemplo tenemos los indigenismos que utilizamos. Los documentos coloniales nos permiten acercarnos a aquella realidad que los conquistadores y colonizadores apreciaron e interpretaron a su manera, mientras que la arqueología nos ofrece una visión más realista, a lo que se suma la labor de los historiadores, y en el caso de los nombres de lugar o topónimos, los geógrafos. Además, no podemos pasar por alto la literatura, pues en las novelas, diarios de campaña, relatos de viajeros y en la propia poesía muchas veces se recoge una valiosa información ausente en otras obras. Así, pues, mientras más disciplinas trabajen en conjunto, más acertadas serán nuestras apreciaciones.











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