ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Plaza de Armas, sede de la presentación de El principito. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

La Calle de Madera de la capitalina Plaza de Armas amaneció más colorida que de costumbre. No era sábado, pero algo relacionado con los libros tramaban los organizadores del suceso que a media mañana tendría lugar. Unas cajas llenas lo delataban. Niños y canciones infantiles de hermosa factura anunciaban, como indicio de nobleza, que tenían que ver con lo que se hablaría detrás del micrófono que esperaba sobre la mesa.

Sucedió en los días finales de julio, pero para regar sus semillas en agosto. La presentación del espacio El libro del mes, del Instituto Cubano del Libro, trajo como propuesta un título de la editorial Gente Nueva, que no por contar en su haber con numerosas reediciones, deja de ser un libro siempre nuevo y luminoso. El principito, del escritor francés Antoine de Saint Exupéry, seleccionado –como veremos– para horadar en lo mejor de sus lectores, ya debe andar haciendo de las suyas.

Antes de escuchar en la voz del periodista Fernando Rodríguez Sosa las bondades de la obra, Nancy Hernández Contreras, vicepresidenta de Creación y Comunicación del ICL, comentó a este diario los fines de la nueva propuesta literaria, estrenada hace apenas un mes con el poemario
Ismaelillo, de José Martí.

«Se trata de un espacio que tiene repercusión en todo el país y se inserta en el Programa Nacional por la Lectura. Se propone incentivar el hábito por la lectura en los niños, jóvenes y adolescentes. Ponerlo en movimiento es lo que llamamos un esfuerzo común, porque muchas instituciones le aportan. Lo auspician los Ministerios de Educación y de Cultura, a través de las escuelas, las bibliotecas escolares, la Biblioteca Nacional y su sistema de bibliotecas públicas, las Casas de cultura, y los Joven Club de Computación.  En la Biblioteca Nacional, por ejemplo, habrá presentaciones cada vez que el espacio tenga una nueva edición.

«Teniendo en cuenta el gusto de niños y jóvenes por los formatos digitales, se ha tenido en cuenta que todos los libros que vayan integrando el espacio tengan, además de su soporte de papel, también el digital (ebook), y en aplicación para móviles, para que todos lean en el formato que quieran, pero que lean. En los Joven Club de Computación, por medio de la red que ellos tienen, se pueden descargar», añadió.

A la hora marcada, la actuación de la narradora oral Dayana Doulofeu indicó el comienzo. Un fragmento de la novela que cuenta la amistad entre un piloto que ha caído en medio del desierto y el pequeño príncipe, repentino visitante que llega desde su asteroide B 612, abrió la actividad matinal.

Después, las valoraciones de Rodríguez Sosa en torno al título fueron compartidas por un nutrido público que llevó a casa el libro, en no pocos casos, más de un ejemplar.

Que en los hogares cubanos el libro del Principito es un integrante más nadie lo pondría en duda; como tampoco que cuando se pide al azar –incluso a los que no leen– nombrar un libro de alcance universal, el título salta de los labios, entre los primeros; sin embargo, tales verdades no garantizan el bien de que es capaz si el libro duerme, parafraseando a Bécquer, en el ángulo oscuro del salón.

Para que El principito, el Ismaelillo, y los libros que vendrán contribuyan a pulir sentimientos y formar integralmente a los padres del mañana, no basta abrir sus páginas. Habrá que escrutar qué hay detrás de los juicios emitidos por un niño que en su recorrido por varios planetas, entre ellos el nuestro, queda absorto ante el comportamiento humano.

Con magistrales lecciones para todo el que se le acerque, El principito convida a no despojarse con el crecimiento físico y el paso de los años, de esa bondad natural que habita en los pequeños, descontaminados de vicios que eligen para sí los menos virtuosos.

Observaciones que llaman a la permanente revisión y que mucho agradecen los que procuran refinar su espíritu, se sirven en bandeja de plata en un relato cuya brevedad, lejos de ser leída de un tirón, obliga a volver atrás, a repasar lo dicho, como si cada enseñanza exigiera un ejercicio, un entrenamiento al interior del proceder cotidiano.

El principito nos alerta a valorar lo verdaderamente básico, a poner las cifras por detrás de las ternuras del carácter, a dar por hecho que las hierbas malas hay que arrancarlas o pueden infestar insalvablemente el espacio en que vivimos.

El engreimiento que mira con desprecio, la vanidad inútil, la falta de autocrítica, la avaricia sórdida, la irresponsabilidad que hunde… son algunos de los males que frente a indulgencias como la necesidad de establecer ligaduras en nombre de la integridad humana subyacen en los diálogos que entabla el Principito con los que encuentra a su paso.

Entre las escenas más conocidas rezan sus encuentros con la zorra y con la serpiente, y entre sus obsesiones se espiga la Rosa –a la cual siente única en el mundo–, y las que le provocan las puestas de sol.

Esos pasajes, perpetuamente citados y no siempre asumidos en la grandeza de sus misiones, tienen el don de renovar fuerzas cada vez que vamos a su encuentro. El principito, como bien lo dice su autor, no debe ser leído a la ligera. Agosto es un buen mes para dedicarle un tiempo que nunca será en vano. Como la literatura, «los caminos van a dar siempre a donde habitan los hombres». Este libro puede hacerlo mucho más transitable.

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